Mensaje de Navidad

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“…bendito es el fruto de tu vientre” (Lc. 1, 42)

Queridos amigos:

Dos mujeres embarazadas, María e Isabel, conversan sobre lo que están viviendo en lo íntimo de su corazón. Son estas dos mujeres, llenas de fe y de Espíritu, quienes mejor captan lo que está sucediendo. El saludo de María llena de paz y de gozo toda la casa. Hasta el niño que lleva Isabel en su vientre “salta de alegría” María trae la paz, la alegría y la bendición de Dios porque lleva consigo a Jesús. Desbordada por la alegría, Isabel exclama: “Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.

Dios está siempre en el origen de la vida. Las madres portadoras de vida son mujeres “bendecidas” por el Creador. El fruto de sus vientres es bendito. El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida. El amor siempre da vida.

¡Feliz el pueblo que sabe recibir la vida como un regalo de Dios! Cada nueva vida nos habla de la belleza de “ser amados antes”. Los hijos son amados antes de que lleguen. Son amados antes de haber hecho algo para merecerlo.

Algunos padres sienten que su niño no llega en el mejor momento, pero hacen todo lo posible para aceptarlo plenamente y para que ese niño se sienta esperado. Cada niño que se forma dentro de su madre es un sueño eterno de amor del Padre Dios. Por eso hay que aprender a mirar a cada embrión, desde el instante mismo en que es concebido, con los ojos de amor del Padre Dios, que mira más allá de toda apariencia. Cuando se trata de un niño que viene al mundo, ningún sacrificio puede ser considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que ese niño piense que es un error, que no debería haber nacido y que no vale nada.

La vida cambia cuando es vivida desde la fe. Acontecimientos como el embarazo o el nacimiento de un hijo cobran un sentido nuevo y profundo. Los padres deben ser capaces de “soñar” a su hijo. Si el amor se vuelve incapaz de soñar, la vida se debilita y apaga. Sólo el Padre Dios que lo creó conoce plenamente a ese niño. Sólo Él conoce lo más valioso, lo más importante, porque Él sabe quién es ese niño.

¡Felices los padres que se animan a esperar a su hijo tal cual es! “No es importante si esa nueva vida te servirá a no, si tiene características que te agradan o no, si responde o no a tus proyectos y a tus sueños. Se ama a un hijo porque es hijo. No porque es hermoso o porque es de una o de otra manera. No porque piensa como yo o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo” (Francisco)

Esta será una feliz Navidad para todos si cada uno de nosotros nos hacemos instrumentos del amor del Padre Dios, para esperar con ternura el nacimiento de todo niño, para aceptarlo sin condiciones y para recibirlo gratuitamente. Para que ningún niño sea rechazado o abandonado. Para que todos sean esperados y soñados con ilusión y cariño.

+ Sergio Alfredo Fenoy
Obispo de San Miguel en la Argentina
Navidad de 2016

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