El Amor no es amado

«Cuando pienso en la humildad de mi Señor Redentor… en su paciencia infinita, siento ganas de llorar, y unas ganas locas de que me echen encima barro, polvo, piedras, perros y blasfemias. Sería el hombre más feliz del mundo. Y cuando pienso que todo eso lo hizo por nuestro amor, ¡oh!, siento volverme loco y me nacen alas para volar sobre el mundo gritando: “El Amor no es amado, el Amor no es amado”.

Cuando un campesino le oyó gritar entre sollozos esta frase, le preguntó: “¿Qué te pasa, hermano, por qué lloras?” -Francisco le respondió- “Hermano mío, mi Señor está en la Cruz, ¿y tú me preguntas por qué lloro? Quisiera ser en este momento el océano más dilatado de la tierra, para tener tantas lágrimas como gotas. Quisiera que se abrieran en este mismo instante las compuertas del mundo, y se desataran las cataratas y los diluvios para que me prestaran lágrimas. Pero aunque juntemos todos los ríos y mares, no habrá lágrimas suficientes para llorar el dolor y el amor de mi Señor crucificado. Quisiera tener las alas invencibles de un águila para cruzar las cordilleras y gritar sobre las ciudades: ¡El Amor no es amado!, ¡el Amor no es amado!».

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