El silencio de San José (II)

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En el silencio de José, la oración es captar, caer en la cuenta, de que Dios se digna a hablarme.

Cuando yo me estoy preguntando cosas o estoy por obrar tal vez rectamente, pero más acá del entendimiento de Dios, más acá de los proyectos de Dios… y resulta que Dios me quiere llevar más allá, a sus proyectos…y no los puedo entender, y no podría yo llegar con mis propios esfuerzos, mis propios razonamientos…Y entonces el ángel va a darle una razón a José, sin dársela, como hace siempre Dios… Y esta es otra cosa que hay que aprender en este camino de la oración.

Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Lo primero que le dice es no temas, no temas…

Cuando el ángel se le aparece a María, le dice: No temas, María… concebirás un hijo…Y María pregunta: ¿de qué modo, si soy virgen, si no conozco varón…? La Virgen reflexiona ante lo que Dios revela, ante lo que Dios pide, ante lo que Dios permite, ante los proyectos de Dios…que están muchas veces más allá de nuestros proyectos, porque sus caminos no son nuestros caminos ni sus pensamientos son nuestros pensamientos…

¿Que hace María…? Se pregunta cómo será esto. ¿Qué hace José…? Se pregunta cómo es esto. Y entonces Dios revela: esto es obra del Espíritu. Lo que hay en tu mujer, en tu proyecto de vida, es el Espíritu, es Dios el que está pasando, es Dios el que lo está haciendo.

Orar es aprender a escuchar, a ser sensible a que esto que está ocurriendo en tu vida es obra de Dios, aunque esto que esté ocurriendo en tu vida esté tirando por tierra todos tus planes, aunque esto que esté ocurriendo en tu vida esté más allá de lo que puedas calcular, más allá de lo que puedas pensar, más allá de lo que puedas prever, más allá de todo…

Más allá de lo posible…porque aquí se trata de algo más allá de lo posible… una Virgen Madre más allá de lo posible… más allá incluso de lo humanamente lógico…¿En qué lugar, José ,se realiza este misterio…? En lo que el ángel va a revelar a María: en lo imposible de los hombres, lo posible de Dios.

Aprender a orar con San José es aprender a orar en un silencio que se transforma en sensibilidad interior, capaz de oír una voz que dice: esto está ocurriéndote, le está ocurriendo a tu proyecto, a tu historia, y esto viene de Dios y ocurre en el más allá de tu posibilidad pero en lo posible de Dios. Eso es orar con San José.

Orar con San josé es aprender a tener esta apertura en sueños, en medio de la noche, en la oscuridad… ¿será o no será real…? En un estado que está más allá de lo que puedo manejar… En el sueño José tiene que escuchar, se tiene que dejar manejar amorosamente por un Dios que dice: lo que está en María, tu esposa, tu mujer, lo que está en tu vida, es el Espíritu Santo, por lo tanto, no temas.

Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Y aquí hay todo un misterio insondable de contemplación a descubrir…Poner un nombre es ya en el Génesis un signo de dominio. Ese signo de dominio se traslada al padre de familia en la potestad de ponerle nombre a su hijo. Un ejercicio de potestad de la paternidad. El nombre lo pone el padre. Le pondrás por nombre…es Dios que le está diciendo: y tú serás el padre.

‘José no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y Tú serás su padre, tendrás la responsabilidad de ser su padre…porque eso significa ‘le pondrás por nombre Jesús’.

Y el nombre que le vas a poner es el nombre sobre todo nombre… Para José, el nombre Jesús tiene una profunda significación, porque José es un hombre de la Escritura, de la esperanza de su pueblo, de la expectativa del Mesías, Hijo de Dios, Jesús está haciéndole referencia justamente a un profundo misterio, porque Jesús significa ‘Dios está salvando’. Y por eso le aclara el ángel: porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.Todo esto sucedió para que se cumpliera.

José se encuentra inmerso en un misterio donde las cosas que le comienzan a suceder a él, son acontecimientos de una historia que tiene que cumplir la promesa de Dios. ¡Qué maravilla…!

Aprender a orar es entrar en esta sensibilidad interior de escuchar lo que Dios me dice y dejar que Dios me introduzca en una historia que ya no es solamente mía, sino que son sucesos que ocurren en mí porque entran a formar parte de una historia de salvación. Si nosotros aprendiéramos a leer en la oración la historia de cada uno de esta forma, nuestra vida cambiaría. Porque habitualmente nosotros miramos los acontecimientos que nos ocurren, no como sucesos de una historia salvífica dónde Dios se ha metido… ‘Todo colabora para el bien de los que aman a Dios, de aquellos que Él predestinó’…

Leer -eso es orar- leer que esto que está ocurriendo es obra del Espíritu que pasa y que me introduce a mí y que hace que todos estos sucesos comiencen a formar parte de un proyecto de salvación, en el cual Dios me está pidiendo mi ‘Sí’…¿para qué mi Sí…? Para que esto que ocurre sea o no salvador…

Despertó José del sueño y ¿qué dice…? El papa Juan Pablo tiene una expresión maravillosa, él dice que esta palabra que va a escribir el evangelista ahora, es la palabra con que comienza el camino de José, la peregrinación de José, y es verdad… A partir de esta palabra que habla y que lo muestra a San José totalmente por dentro, lo revela absolutamente en su interior, y es la palabra que hace el primer paso del peregrino José. Si se toman el trabajo y la delicadeza de hacer un paralelismo entre este José y el otro José del Antiguo Testamento van a ver una increíble armonía entre los dos, que habla y explica al uno con el otro. Se puede ver a José, el hijo de Jacob, como una sombra una prefiguración de San José, el padre del Señor. Y la palabra que escribe el evangelista es esta: Y despertado José del sueño hizo…

’Hizo’, esa es la palabra, puso por obra, fíjense esta palabra tiene una consonancia maravillosa, no habría dos cuerdas de un instrumento que pudieran lograr un sonido tan armonioso como este, entre el ‘hizo’ y el ‘hágase’ de María al ángel Gabriel. Porque a los dos se le revela lo mismo, a los dos se les dice lo mismo. Y María comienza su peregrinación con el Fiat, hágase según tu Palabra…Y José comienza junto con su esposa, porque es uno con ella, y su vida y su peregrinación en la fe, ya ahora pertenece a una alianza con ella, y aquí podríamos hablar horas de lo que significa el orar como matrimonio, orar como familia… José es un maestro de lo que significa orar en matrimonio, orar juntos, orar en familia. El ‘hizo’ de José es como si hubiera dicho ‘hágase’…En el ´hágase’ de María hay una palabra, en el ‘hizo’ hay una descripción de una palabra silenciosa, que es el hacer lo que Dios dice…hizo como el ángel del Señor le había mandado.

Una vez escuché en un monasterio una cosa que a simple vista, al primer contacto con la piel, la eriza, pero cuando uno es capaz de traspasar la primera impresión puramente humana, carnal, diría Pablo, para pasar a ser el hombre espiritual, uno entra en otro mundo, el mundo espiritual…y escuche esto en un monasterio: ‘Cuando Dios habla da órdenes, manda’. Para quien quiere que sea Dios. Para quien dice Dios es Dios, lo que dice Dios es mandato. Genera un escozor, hoy en día, porque en nuestra actualidad no tiene que haber mandamientos, órdenes ni leyes, por eso el caos que existe y somos lo que somos, porque no lo aceptamos, no aceptamos que haya una sabiduría superior a la mía, capaz de decirme: por ahí está la verdad… Esa es la verdad… Y porque no aceptamos que haya órdenes no hay lo que es el corazón del Evangelio, la médula de la vida en Dios, no hay obediencia… Se ha diluido la obediencia porque no hay capacidad de aceptar que haya órdenes, ni en el que tiene que darlas ni el que tiene que recibirlas. Todos tenemos que tener capacidad de autodeterminarnos. Buscamos muchas causas de la injusticia de la humanidad…y en realidad tenemos que encontrarlas en este desorden de la raíz de las cosas, hay incapacidad de obedecer a quien sabe más que yo… Y esto es muy distinto al autoritarismo, a la tiranía…pero lo otro no es distinto a la anarquía…

Tomó consigo a su mujer…Esta es la primera obediencia de San José que es hacer lo que el ángel le había dicho. Tomar consigo a su mujer es tomarla con todo lo que viene. Orar con San José es tener la sensibilidad de oír lo que Dios le dice, lo que Dios me revela, lo que Dios me manda. Aceptarlo como una sabiduría en mi vida, como un proyecto de amor… San José lo entendió como un proyecto, como un paso del Espíritu, lo acogió de esa forma y cuando se despertó, lejos de decir: ‘esto es imposible, esto es irreal…’ se dijo: esto pertenece al mundo de la realidad, esto pertenece al mundo de lo más real porque pertenece al mundo de lo que es posible para Dios. Que lo que está en María sea obra del Espíritu es posible para Dios. Y por lo tanto: venga, la tomo conmigo. Venga, lo que dice Dios, lo tomo conmigo, lo hago mío. Eso es orar con San José, es hacer mío lo que Dios hace, lo que Dios quiere, lo que Dios pide. Lo hago mío.

Unos versículos más adelante, cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños y le dijo a José: levántate. Esto hace acordar a Abraham, cuando lo hace levantar y partir: levántate… o cuando el ángel le dice a Elías, que ya no quiere caminar más por el desierto rumbo al encuentro con la montaña de Dios, el encuentro con la palabra de Dios, porque está cansado… porque no es mejor que su padre y porque la palabra de Dios hace que lo persigan… está cansado, quiere bajar los brazos, y entonces le dice el ángel: levántate porque todavía te queda mucho tiempo por caminar. La palabra de Dios siempre nos está diciendo: levántate y ve a donde yo te mando. Levántate, camina.

Cuando Jesús le dijo al paralítico: levántate y camina, toma tu camilla y camina, no estuvo sanando a un enfermo más de la humanidad, sino Jesús hubiera sido simplemente un taumaturgo, un milagrero más, que lo único que habría hecho en el mundo es sanar a unos pobres doloridos de la humanidad en las calles de Palestina. No.

Cuando Jesús le dijo al paralítico: levántate y anda, nos estaba diciendo a cada uno de nosotros: levántate y camina tras de mí. Mi palabra lo manda: yo te doy la fuerza de levantarte y yo te doy la fuerza de caminar. Yo hago de tu parálisis una capacidad de levantarse y hago de tu parálisis una capacidad de caminar detrás de mis mandamientos.

Levántate, toma contigo al niño y a su madre… ya no es solamente a su madre, sino al niño y a su madre, y huye… Miren qué palabras, levántate, toma, huye… y no solamente huye, permanece, quédate, en Egipto hasta que yo te diga.

Él se levantó, tomó ¡de noche…! al niño y a su madre, se retiró a Egipto y estuvo allí para que se cumpliera lo dicho por el Señor…

San José hizo la palabra que acogió de Dios. Esa es la oración del silencio en San José…”

Padre Oscar Portillo. Desgrabación de Escuela de Oración. Catequesis sobre San José. Monasterio del Cristo Orante. (II)

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