El hombre es un ser cultural, un ser litúrgico…

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“Me voy a servir de un texto para comenzar, un sermón de León Magno que hemos leído esta mañana antes de que el sol saliera, en medio de la oscuridad de la noche, y que fue como un relámpago de luz en el oído, digno de ser puesto en letras de oro, como todas las cosas del magno León, ciertamente: “El verdadero venerador de la Pasión del Señor tiene que contemplar de tal manera con la mirada del corazón a Jesús crucificado, que reconozca en él su propia carne”.

‘El verdadero venerador’…eso es lo que tenemos que hacer en Semana Santa… ‘tiene que contemplar…’: la oración se vuelve contemplativa, visión profunda, visión de fe, visión sabrosa, visión aguda, visión inteligente…la fe busca entender…busca entender por uno u otro canal de acceso…invoca al Espíritu, no entiende, no comprende, vuelve a invocar al Espíritu, el agua no logra romper la dureza de su corazón de piedra, no entiende, vuelve a invocar el Espíritu otra vez… Todo debe ocurrir en esta semana, no nos queda más tiempo…

León Magno dice ‘con la mirada del corazón…’: no digo que no miremos La Pasión, la película, es realmente conmovedora, llena de detalles propios de las contemplaciones de la mística que han servido para guión de la película, por cierto, tan reveladora frente a nuestra pobre y seca imaginación… está llena de reminiscencias por todos lados… Pero… pero…eso es mirar con los ojos y León Magno dice: ‘mirar con el corazón’, hay que mirar entrañablemente, hay que mirar con las entrañas, con las vísceras (los antiguos decían en lugar de corazón, riñones…): es una mirada visceral, pero al mismo tiempo es una mirada cordial, es decir una mirada amante, amorosa, es la fe que se ha vuelto amor… Decir que mira con el corazón es decir que mira en el Espíritu, desde adentro, desde la interioridad. No mira por arribita, no mira desde los arrabales, busca la Pasión de Cristo, diría Santa Teresa, adentrándose en las moradas camino a la morada más íntima. Se adentra en sus adentros, y allí, en sus adentros mira, pero en sus adentros no se va a mirar a sí mismo, sino que en los adentros va a mirar los adentros de aquél que vive la Pasión.

El que guarda mi Palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él, y habitaremos en él. El que guarda mi Palabra es habitado por Dios y cuando es habitado por Dios, significa que el Padre y el Hijo vienen y habitan en uno y si el Padre y el Hijo habitan en mí, yo puedo entrar en la interioridad y en los abismos de los sentimientos de Cristo, en la inteligencia de Cristo, en el pensamiento profundo de Cristo, del sufrimiento de Cristo, de la agonía de Cristo, y me gusta decir, porque soy del Cristo Orante, de la oración de Cristo, que es todo eso, porque no hay más que eso: la oración de Cristo…

Dice San Juan de la Cruz del Señor, que cuando estaba clavado en la cruz, no hizo nada, tenía atados los pies y las manos, por tanto fue cuando no hizo nada, entonces mudo e inmóvil el Cristo de la cruz, es un ser que no habla, no predica, y por tanto, no hace obras con las manos y los pies. No es misionero el Cristo de la Cruz, no hace programas pastorales el Cristo de la Cruz, no hace cosas y cositas y las pone en una lista… para a la noche mirarse en el espejo como nosotros cuando nos decimos complacidos lo que hemos hecho, no hace obras y obras y obras el Cristo de la cruz, sus ojos están cerrados, no mira, no habla, no camina, no va de casa en casa… y entonces San Juan de la Cruz dice que cuando más hizo y cuando más dijo fue cuando nada dijo y nada hizo.

Morir de amor.

Qué gano yo si me paro en la plaza y golpeo la campana y me proclamo misionero del Evangelio, sonido de campanas que resuenan… al día siguiente la gente lo ha olvidado y yo me he vuelvo a casa creyendo que he sido un héroe, pero en cambio el que allá, en Siria, murió mártir, sin decir nada, mudo como oveja al matadero dijo más…hizo más… No digo que no haya que hacer, que no haya que decir, digo que al hacer y al decir hay que sumergirlos en el sentido del amor crucificante y martirial, sino no tiene sentido. No es para mí, no es para agradarme a mí.

Vamos a adentrarnos en la espesura, como dice San Juan de la Cruz y cuando explica que significa esto, dice que es entrar en la espesura de la cruz… La cruz es como un bosque espeso, oscuro, pero que encierra cavernas de múltiples tesoros, llenos de preciosas joyas, la belleza propia de la gloria de Dios…

¿Y por dónde se entra a la espesura de la cruz…? Hay un único lugar por donde se puede entrar: por el corazón traspasado de Cristo… ¿Cómo se entra al conocimiento de la Semana Santa, cómo uno se zambulle dentro de los misterios pascuales de Cristo…? Por el corazón traspasado de Cristo…no hay otro lugar. Porque es por el corazón traspasado de Cristo por donde fluyen para la Iglesia los sentimientos de Cristo Jesús…’Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús, el cual siendo de condición divina, no retuvo ávidamente ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y presentándose como uno de nosotros sufrió la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: Jesucristo es el Kyrios, el Señor’. El siervo que se transformó en Señor.

‘…tiene que contemplar de tal manera con la mirada del corazón a Jesús crucificado’…

Lleven siempre una cruz, y si es posible llévenla en el bolsillo, agarren la cruz cuando están por discutir, agarren la cruz cuando están tentados y estrellen, como decía San Benito, en la cruz todos los pensamientos como contra una roca.

Del salmo 108 se sacó el versículo final ( Paulo VI) con un sentido pastoral… pero tiene un profundo sentido: ‘Quién pudiera estrellar tus hijos contra la roca, Jerusalén’… porque los hijos de Babilonia, los hijos de la adúltera, de la prostituta que hay dentro nuestro son los deseos, son lo que el hombre viejo es capaz de engendrar día y noche, pensamientos de lujuria, de odio, vanidad, egoísmo, pensamientos de rencores, de ofensa, pensamientos malos contra los demás, en contra de Dios, pensamientos sin fe, sin amor, sin esperanza… pensamientos de angustia, de depresión… ¿Quién podrá estrellarte contra la roca…? ¿Y quién es la roca…? Cristo. Estrella contra la Roca que es Cristo tus pensamientos y haz que se pulvericen los hijos de tu hombre viejo… Tiene un profundísimo sentido, el salmo está diciendo por el Espíritu Santo que somos capaces de concebir pensamientos que son hijos de prostitución…

‘…con la mirada del corazón, a Jesús crucificado, que reconozca en él su propia carne’. Y ahí vienen las palabras de Isaías, bellísimas: ‘no te desentiendas de tu propia carne’… No te desentiendas del Cristo, que es tu propia carne… Pero no te desentiendas de tu carne, que es la de Cristo…

La pecadora en la casa de Simón, el fariseo, entró, se puso a llorar desconsoladamente arrepentida de sus pecados, con las lágrimas lavaba los pies de Jesús, los secaba con sus cabellos, lo besaba, lo perfumaba, lo tocaba…Escandalizado Simón de cómo una mujer de la vida tocaba al nazareno, al rabí… Y Jesús que lee los corazones le dice: -Simón, cuando llegué a tu casa ¿me lavaste los pies…? -No, Señor…-Simón, cuando llegué a tu casa ¿me ungiste con perfumes…? -No… -Simón, cuando llegué a tu casa ¿me besaste…? No… -Simón yo deseaba que me besaras…¡qué cosa hermosa…! Simón, yo quiero que me beses, que me unjas con perfume, que me acaricies, que me abraces…que me laves los pies, porque están llenos del polvo del camino…

El contemplador atento y amoroso de la Pasión del Señor tiene que mirar con tanta profundidad desde los ojos del corazón que pueda engendrar en el Cristo crucificado su propia carne. Su propia carne… No te desentiendas de tu propia carne…Eres mi carne, Señor… entonces te beso.

Pies afiebrados, pies que no conocen la frescura, pies que sólo conocen el acalambramiento… Inválidos, limitados, paralíticos, viejitos, ancianos, son arrumbados sin ternura ni cariño…y alcanzaría con que uno simplemente pase un paño refrescante por su rostro, que lo unja con perfume y acariciarle los pies, las manos, que entrelace sus dedos en sus dedos…para decirle: eres amado…

Toda la tierra se estremece ante el suplicio del Redentor….Dice San León: ¿y quién no tiene una naturaleza común con Cristo con tal de que acoja al que a su vez lo ha asumido a él…? Si yo te asumo a ti, Señor, -y aquí comienza el gran misterio del acontecimiento- si yo comulgo contigo, yo te hago mío, yo te cargo Señor, me hago cargo de ti… tu suerte, tu victoria, tu consuelo, tu oración, tus sentimientos, tus pensamientos, tu vida, tu muerte…

Llevamos en nuestro cuerpo la gracia de Jesús, decía Pablo. Naufragio, insomnio, hambre, frío, desnudez, azotes. Llevo en mi carne los sufrimientos de Cristo…

¿…quién no tiene una naturaleza común con Cristo con tal de que acoja al que a su vez lo ha asumido a él…puesto que fue engendrado por el mismo Espíritu con el que Él fue concebido…?

El Espíritu Santo concibió en el seno de María al hombre Jesús y porque yo tengo al hombre Jesús de algún manera en mí se da una humanidad suplementaria, -decía Isabel de la Trinidad- de manera tal que Cristo en mi humanidad puede vivir todos mis misterios: misterio de compasión, misterio de cruz, misterio de ternura, misterio de hambre, misterio de sed, misterio de llanto, misterio de ternura, misterio de alegría, misterio de solidaridad, misterio de oración, ponerse a los pies de los otros y lavárselos, pasarse la noche entera orando y ser elevado por el Padre hasta su intimidad en una oración mística extática…

¿Y por qué no nos sucede…? se nos va la vida…nos pasó todo y no nos pasó nada…

Yo me debo dejar tomar de tal manera que Tú me expropies mi carne y la hagas tuya por el Espíritu Santo…”

Padre Oscar Portillo, Desgrabación Escuela de Oración, Monasterio del Cristo Orante, abril, 2017 (II)

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