¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Y el Mundo no entiende ni podrá jamás entender el gozo, la alegría profunda que consume el corazón, un corazón que late cada vez más fuerte hasta que llega al límite de lo humano y deja de latir… porque muere de Amor.

Mientras el Mundo tergiversa, burlándose de lo sagrado, como aquellos que adoraban otros dioses, habiendo perdido el sentido de la luz y la oscuridad, sus ojos quedaron empañados bajo un velo lúgubre, caminan adormecidos sin rumbo hacia el sepulcro, intentando contener al Incontenible, buscando a un dios que se parece a papá noel o a un conejo de chocolate o quizás a un hada madrina, un dios insulso, insípido, hecho a medida de cada quien según su propio egoísmo, proclamando una falsa misericordia que no conoce miserables, cayendo en la trampa del enemigo, como Eva, y olvidando a la Nueva Eva. No se dan cuenta que se quedaron sin suelo sobre los pies. ¡Despierten!

Los cristianos gritamos que el sufrimiento ha sido, es y será enaltecido por Aquél que le dio sentido, un sentido que sólo podrán recordar aquellos valientes que llevan la cruz con amor, sin rabia ni resignación, elevando los ojos al cielo mientras cantan «Acuérdate de nosotros, Señor, en tu Reino», aquellos que se preguntan cuando participan del misterio y que obtienen respuesta, porque “sólo al que se pregunta se le responde”¹

Los cristianos cantamos «yo no merezco tanto, mientras camino, espero»² y es María la razón de toda nuestra esperanza, la criatura más humilde, que conservaba todo en su corazón, y a Ella, por Ella y en Ella imploramos la gracia de amar cada día más al Maestro.

Los cristianos seguiremos elevando la voz de la Verdad: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24, 5-6), la Verdad que es un Dios vivo, un Dios que sufre, que se entrega porque nos amó hasta el fin, y seguiremos manteniendo viva la memoria de Aquél que nos dio el ejemplo para que sigamos sus huellas.

Las huellas del Eterno.

Carolina De Jesús


¹ J. Ratzinger, Introducción al Cristianismo.
² Raúl Canali, “Me juntarán las manos”

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