Ser transparente

El interior que coincide con el exterior como dos piezas que encajan perfecta y armoniosamente. ¿No es ese uno de nuestros desafíos? ¿No es ese el desafío frente a los demás?

Ser transparente, sin doblez, sin máscaras, sin miedo, ser la misma persona en cualquier lugar que uno se encuentre, solo o acompañado, con testigos o sin testigos, recordando que nunca estamos solos, recordando que el mundo invisible a nuestros ojos es más real que el que vemos.

Llegar a la profundidad, a la esencia, al fondo del alma. Mirar más allá de las apariencias, más allá de los propios prejuicios y etiquetas, más allá de las máscaras que todos usamos para defendernos. ¿Defendernos de qué? ¿De quién?

«No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios» (Is 41, 10) nos anima una y otra vez el Señor.

Es el llamado constante al santo abandono, a confiar, a descansar en las manos más seguras que existen, las manos del Padre. Ese descanso es la medida de nuestra fidelidad, la medida de nuestro amor. Es comprender que «Dios es amor» (1 Jn 4, 8)

«No se inquieten. Crean en Dios y crean en mí.» (Jn 14, 1). Confía en mí. Abandónate en mí.

«¿No se venden dos gorriones por pocas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados» (Mt 10, 29-30)

Mirar más allá, escuchar con la mirada, escuchar con todos los sentidos. Estar atentos, vigilantes y así poder escuchar al Señor, encontrarlo en cada momento, en su Palabra, en las personas que pasan por nuestra vida. Ese es el desafío.

No ver a los demás como una amenaza, como un enemigo, no tomar partido, ir más allá, mirar más profundo. En ese que vemos, en todos los que vemos, está el Señor. En todo y en todos lo está. Atrás de toda esa fachada hay un alma, hay una cruz, hay una historia.

Deberíamos descalzarnos ante cada alma, entrar en puntas de pie, en silencio, con respeto, escuchar, escuchar. Reconocer y encontrar al Señor en cada persona que se cruza en nuestro camino, bendecir al Señor por sus criaturas, interceder por su salvación es el llamado, nada más y nada menos.

«Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí.» (Mt 25, 40)

27/06/2017

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s