Devoción reparadora de los los Cinco Primeros Sábados

Los Cinco Primeros Sábados

por el Padre Nicholas Gruner, S.T.L., S.T.D. (Cand.)

Ésta es una transcripción de una charla dada ante los obispos, sacerdotes y laicos reunidos en la Conferencia ‘La última oportunidad para la Paz Mundial’ en Tuy, España, el 7 de octubre de 2006, por el notable experto en Fátima, Padre Nicholas Gruner. En esta charla el Padre Gruner nos da un relato de la aparición en la cual el Niño Jesús y Nuestra Señora vinieron a pedir la devoción reparadora de los Cinco Primeros Sábados, con su magnífica promesa. Él luego explica la importancia y las condiciones de esta devoción de Reparación por los pecados contra el Inmaculado Corazón de María.

El Secreto de Fátima fue dado a los tres videntes –Lucía, Francisco y Jacinta– el 13 de julio de 1917. Como todos ustedes saben, éste contiene tres partes: la primera parte es la visión del Infierno; la segunda parte es la profecía de la propagación de los errores de Rusia; y la tercera parte se refiere a la apostasía en la Iglesia.

Nos dijo un sacerdote Jesuita, el Padre Schweigl, quien fue a hablar con la Hermana Lucía en 1951, que la tercera parte está dividida a su vez en dos partes separadas. Sin embargo, hoy vamos a hablar sobre la segunda parte del Secreto porque es allí que Nuestra Señora prometió volver para pedir las Comuniones de Reparación. Ella dijo que “la guerra va a terminar pronto,” significando la Primera Guerra Mundial, “pero si la humanidad no se enmienda, entonces Dios va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre, y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.”

Para impedirla, vendré a pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados.”

Por lo tanto, esta mañana hablaremos sobre el pedido de la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados.

El Niño Jesús se aparece a Lucía

Fue el 10 de diciembre de 1925, mientras Lucía estaba en su celda en el convento de las Doroteas en Pontevedra, que el Niño Jesús –de unos doce años de edad– se le apareció de pie en una nube. Y a Su lado, a la izquierda, estaba la Santísima Virgen.

Lucía se arrodilló y Nuestra Señora le puso la mano en hombro. Ahora bien, esta aparición es muy conmovedora por un número de razones, como ustedes verán.

La Santísima Virgen estaba sosteniendo Su Inmaculado Corazón en su mano derecha, y el Corazón estaba rodeado de espinas. Jesús habló en primer lugar y dijo: “Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre“. Recordar que Él dice de tu Santísima Madre. En otras partes Él se refiere a la Santísima Virgen como “Mi Madre”, pero aquí Él dice “tu Santísima Madre”.

Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.”

Luego la Santísima Virgen, siempre con Su mano izquierda en el hombro de Lucía, dijo:

Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes.”

Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas.”¹

Así, es aquí donde se nos dieron por primera vez las condiciones.

La Santísima Virgen María
es verdaderamente Nuestra Madre

Hemos elegido dar hoy esta charla por ser primer sábado de mes y también visitar Pontevedra, donde tuvo lugar este evento.

Es importante para nosotros ver que el Niño Jesús viene y nos pide a cada uno de nosotros, al igual que a Lucía, “tener compasión del Corazón de tu Santísima Madre“. La Santísima Virgen María es verdaderamente nuestra Madre porque, como ha sido enseñado por la Iglesia, Ella nos genera a la vida de la gracia santificante. San Pedro en su Epístola dice que participamos en la naturaleza divina. Esa participación –nos lo dice el Concilio de Trento– es una participación creada en la naturaleza divina –es llamada gracia santificante, y nos hace semejante a Dios. Como alguien pudiera decir, podríamos ser tentados de adorar el alma de un niño si pudiéramos ver su alma apenas después de que fue bautizado, porque el alma fue hecha semejante a Dios.

Esa vida de la gracia es generada en nuestras almas ciertamente por las aguas del Bautismo (a menos que un hombre sea renacido en agua por el Espíritu Santo, él no puede entrar en el Reino de Dios) pero también es por la acción maternal de la Santísima Virgen, al mismo tiempo, que cada uno de nosotros nace a la vida de la gracia.

Encontrarán esto mencionado en muchas enseñanzas del Magisterio, incluyendo el Segundo Concilio Vaticano, que la Santísima Virgen es llamada nuestra Madre porque Ella nos genera (y la palabra latina –a diferencia de las traducciones inglesas empleadas– es generavit) a la vida de la gracia.

Y así, la Santísima Virgen es la Madre de Jesús, una persona preexistente, y Nuestra Señora le dio generación física a través del poder del Espíritu Santo. Ella generó a Jesús a Su vida humana natural. María es nuestra Madre porque Ella genera a cada una de nuestras almas a la vida sobrenatural de la gracia santificante. Somos personas preexistentes antes que seamos bautizados, pero Ella nos regenera a través de las aguas del Bautismo con el Espíritu Santo. Ésa es una verdadera generación porque Nuestro Señor usa la imagen de ser renacido. Nacemos nuevamente del agua, del Espíritu Santo y de la Santísima Virgen María. Así, María es real y verdaderamente nuestra Madre en el orden de la gracia.

Consecuentemente, es por eso que Jesús nos dice, “ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre”. Él nos dice que tengamos compasión; y tener compasión es darle consuelo. La forma de darle consuelo es hacerle reparación.

El acto de reparación

Así por ejemplo, suponga que alguien lo hiriera –sea moral o físicamente– y ese acto fuera presenciado por alguien más. Aún cuando la herida fuera no obstante experimentada por usted, porque la primera persona fue despiadada con usted o le hizo alguna cosa desagradable, la persona que presenciara la acción pudiera decir, “lo lamento” o “¿Puedo ofrecerle una recompensa o algo?” Esa persona estaría haciendo una suerte de reparación por el daño.

Eso es lo que Nuestro Señor está pidiéndonos que hagamos, porque los hombres ingratos están hiriendo a la Santísima Virgen Madre con su ingratitud y con sus blasfemias. Él nos pide al menos compensarla por nuestros gestos, y por nuestros actos de reparación.

Nuestra Señora nos confirma que ese es, en realidad, un consuelo para Ella. Ella dice, “Tú, al menos, procura consolarme“. Luego Ella anuncia exactamente lo que le gustaría que hiciéramos –Ella pide la devoción de los Cinco Primeros Sábados. Eso no es decir que tengamos que limitarnos a los cinco primeros sábados, pero en al menos los primeros Sábados de cada mes durante cinco meses sucesivos, Ella quiere que nos confesemos, recibamos la Santa Comunión, recemos cinco decenas del Rosario, y le hagamos compañía durante quince minutos mientras meditamos en los quince misterios del Rosario. Debemos hacer estas cuatro cosas en el primer sábado con la intención de hacer reparación a Su Inmaculado Corazón.

Hay una pintura de esa aparición, representada por un artista, por supuesto, como la describió Lucía.

Lucía habló a la Madre Superiora y a su Padre Confesor de la aparición. La Madre Superiora dijo “no puedo hacer nada”, y su Padre Confesor dijo algo como, “bien, no estoy lo bastante seguro de haber comprendido. Necesito que me lo repita para lograr de esto una mejor comprensión.” Así, en esencia, Lucía, habiéndolo contado a su Madre Superiora y a su Padre Confesor, no emprendió otro curso de acción.

Luego, el 15 de febrero de 1926, nuevamente en Pontevedra, a Lucía siendo novicia (ella apenas había entrado en el noviciado en octubre) le fue dada la tarea de sacar la basura. Mientras ella estaba sacando la basura por el patio, vio a un niño de unos diez años entrando al patio desde la calle. Ella pensó que lo reconocía. Él parecía un niño que ella había visto unos pocos meses antes.

Tiempo antes, ella había preguntado a ese niño, “¿tú sabes rezar el Avemaría?“. Él le contestó ““. Ella le dijo luego, “rézalo“, pero él no pudo decirlo solo, por lo que ella lo rezó con él.

Ella debía continuar con sus tareas, por lo que le dijo, “¿Tú sabes donde está la iglesia de Santa María la Mayor?” (Hay una iglesia en Pontevedra, justo arriba de la colina del convento, con ese nombre. Está allí desde hace unos mil años.) El niño le respondió ““. Lucía luego le dijo, “ve allí a la Iglesia de Santa María la Mayor y pide a la Santísima Virgen que ponga a Jesús en tu Corazón“. Y éste salió por la puerta del patio en dirección de Santa María la Mayor.

Presente ante ella ahora el mismo niño que había visto unos pocos meses antes, lo reconoció y le dijo, “¿Hiciste lo que te dije? ¿Fuiste a la Iglesia de Santa María la Mayor?” El niño ahora se transformó frente a ella; y Lucía entonces reconoció que era el Niño Jesús hablándole y El le dijo: “Y tú, ¿has propagado por el mundo aquello que la Madre del Cielo te pedía?

Lucía le explicó: “Jesús mío, Vos sabéis bien lo que mi confesor me dijo en la carta que os leí; me decía que era necesario que aquella visión se repitiese; que hubiese hechos para que fuese creíble; y que la Madre Superiora sola, para propagar ese hecho, nada podía.

Es verdad que la Madre Superiora sola nada puede, pero con mi gracia lo puede todo“.²

Y así Nuestro Señor repitió la aparición para el Padre Confesor, de alguna manera.

Aparte de eso, el confesor de Lucía le preguntó, “¿Por qué han de ser Cinco Primeros Sábados? ¿Por qué no nueve, como los Nueve Primeros Viernes; o siete, por los Siete Dolores de Nuestra Señora?” Nuestro Señor contestó a esta pregunta que le había hecho Lucía y dijo: “Hija mía, el motivo es sencillo. Cinco son las clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María.” Y continuó diciéndole que eran las de: los que blasfeman contra la Santísima Virgen en Su Inmaculada Concepción; los que atacan Su Perpetua Virginidad; los que niegan que Ella es la Madre de Dios, y niegan que Ella es la Madre de los hombres; los que atacan a la Santísima Virgen en sus sagradas imágenes; y finalmente, los que públicamente procuran sembrar en los corazones de los niños la indiferencia o el desprecio, o incluso el odio hacia su amorosísima Madre, la Santísima Virgen.

Éstas, entonces, son las razones para los Cinco Primeros Sábados, y en el mensaje ustedes verán que Nuestra Señora habla en tiempo presente. El sentido del tiempo en el Cielo es diferente del nuestro. Nosotros pensamos en cosas como “esto es hoy, eso fue ayer“, “eso será mañana“, pero en el Cielo las cosas son en el eterno presente.

Nuestra Señora, aunque Ella es feliz en el Cielo, es ofendida hoy por estos pecados de los hombres negando Su Inmaculada Concepción, negando Su Perpetua Virginidad, negando Su Maternidad Divina, procurando quitar de los corazones de los niños la devoción hacia Ella, y atacando a la Santísima Virgen en Sus sagradas estatuas e imágenes. Y así, hoy, haciendo actos de Reparación en los Primeros Sábados, particularmente, es que Su Corazón es consolado.

Las condiciones de los Cinco Primeros Sábados

¿Cuáles son las condiciones para la promesa de los Cinco Primeros Sábados? Ustedes pueden hacer actos de Reparación en cualquier día de la semana, o en cualquier semana del año, pero la promesa que hace Nuestra Señora –que vendrá a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación– es para aquellos que cumplen las seis condiciones específicamente mencionadas por Nuestra Señora.

La primera condición es que sea en los primeros sábados de cinco meses consecutivos. Así, si ustedes no la hicieron antes, hoy sería un buen día para comenzarla, hoy es el primer sábado de octubre. Así, para satisfacer esta primera condición, ustedes deberían hacer el acto de Reparación en el primer sábado de octubre, el primer sábado de noviembre, el primer sábado de diciembre, el primer sábado de enero y el primer sábado de febrero. Entonces, la primera condición es que los Cinco Primeros Sábados sean en meses consecutivos.

Para este pedido, Nuestro Señor y Nuestra Señora están siguiendo lo que la Iglesia ya había encomendado antes. Por ejemplo, San Pío X estableció la devoción de los doce primeros sábados de mes. Todos los fieles que en el primer sábado o en el primer domingo de doce meses consecutivos dedicaran algún tiempo a la oración vocal o mental en honor de la Virgen Inmaculada, o de Su Inmaculada Concepción, ganan cada uno de estos días una indulgencia plenaria, bajo la condición que se confiesen, reciban la Santa Comunión, y recen oraciones por las intenciones del Soberano Pontífice.

La devoción de los Primeros Sábados pedida por Nuestra Señora es muy parecida a ésta, excepto que es sólo durante cinco primeros sábados, y que también debe hacerse Confesión, Comunión y agregar el rezo del Rosario y una meditación durante 15 minutos sobre los 15 misterios del Rosario, haciendo estas cuatro cosas con la intención de hacer reparación al Inmaculado Corazón de María.

También estaba la devoción de los Quince Sábados. Durante largo tiempo los miembros de varias cofradías del Rosario tenían la costumbre de dedicar quince sábados consecutivos a la Reina del Santísimo Rosario. Eso es quince sábados seguidos, no los primeros sábados de mes, en tanto que San Pío X promovió los Doce Primeros Sábados, lo cual es los primeros sábados de doce meses consecutivos.

A Nuestro Señor mismo le gustaría que hiciéramos los Primeros Sábados –no tanto por la promesa, sino por el propósito de hacer reparación al Inmaculado Corazón de María. Ciertamente Él estaría aún contento que lo hiciéramos aun si fuera sólo para obtener la promesa.

La segunda condición es que vayamos a la Confesión. No se nos pide que la Confesión sea hecha en los Primeros Sábados mismos. Como dijo Nuestro Señor a Lucía, puede ser hecha ocho días antes u ocho días después, o aún más lejos –si es imposible confesarse antes. Lo más importante, es que vayamos a la Comunión en Estado de Gracia, por supuesto.

La tercera condición, por supuesto, es la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados. Aquí Lucía hizo esta pregunta: “¿qué hacen aquellos que no pueden ir en Sábado porque no hay Misa o no hay sacerdote para darles la Comunión en el Primer Sábado?”

Nuestro Señor le dijo que si alguien no puede hacer la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados, si ellos piden y reciben permiso de su confesor, eso sería suficiente para permitirles hacerla en su lugar el domingo inmediato al Primer Sábado.

La cuarta condición es rezar Cinco Decenas del Rosario. Todas las veces que Nuestra Señora vino a Fátima, pidió, por supuesto, el Rosario. Sería extraño que Ella no pidiera eso, porque es Su oración favorita. Lucía nos dijo que: “No hay problema, por más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual, que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros; o a la vida de nuestras familias sean familias del mundo o Comunidades Religiosas; o a la vida de los pueblos y naciones; no hay problema que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario. Por eso Nuestra Señora pidió el rezo de cinco decenas del Rosario, para ser ofrecidas en reparación el Primer Sábado.

Tenemos la Confesión, la Comunión, el rezo del Rosario, y la quinta condición de los Primeros Sábados es la meditación de 15 minutos sobre los quince misterios del Rosario. Nuestra Señora especifica 15 misterios. Hay muchos Rosarios –sé que hay Franciscanos que tienen el Rosario de los Siete Alegrías de Nuestra Señora; están también los Servitas de Nuestra Señora, quienes tienen un Rosario de los siete dolores de Nuestra Señora; y hay otros Rosarios también– pero el Rosario al que Ella se está refiriendo aquí es el de los quince misterios del Rosario de Santo Domingo.

Además de rezar el Rosario –y deberíamos tratar de meditar mientras estamos rezando las cinco decenas del Rosario– Ella quiere que pasemos quince minutos más meditando en los quince misterios del Rosario. Eso es, que podamos meditar sobre todos los quince misterios en cada Primer Sábado, o que podamos meditar sobre uno o dos, o solo uno, pero es importante completar todos los quince misterios antes de terminar los Cinco Primeros Sábados.

La sexta condición es hacer todas estas cosas: Confesión, Comunión, rezo de cinco decenas del Rosario, y quince minutos de meditación sobre los quince misterios del Rosario, con la intención de hacer reparación al Inmaculado Corazón. Ese es el propósito por el que deberíamos ofrecer estas devociones en los Primeros Sábados, para ganar la promesa de Nuestra Señora.³

El Padre Goncalves, confesor de la Hermana Lucía, preguntó (unos cinco años más tarde), como antes mencioné, “¿Por qué cinco sábados y no nueve, o siete, en honor de los siete dolores de Nuestra Señora?“. Ella escribe: “Cuando estaba en la capilla con Nuestro Señor en la noche del 29 al 30 de este mes de mayo de 1930, y hablándole de las dos preguntas, 4 y 5, me sentí de repente poseída más íntimamente por Su Divina Presencia, y, si no me engaño, me reveló lo siguiente:

Hija mía, el motivo es sencillo. Cinco son las clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María: 1. Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción. 2. Las blasfemias contra Su Virginidad Perpetua; 3. Las blasfemias contra la Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo reconocerla como la Madre de los hombres; 4. Las blasfemias de aquellos que públicamente buscan sembrar en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio para con esta Inmaculada Madre; y 5. Las ultrajes dirigidos a Ella en Sus sagradas imágenes.”

He aquí, hija Mía, por qué el Inmaculado Corazón de María se movió Mi misericordia a pedir esta pequeña reparación…“⁴

Las blasfemias de los hombres herejes, cismáticos e impíos

El Padre Alonso fue el gran experto sobre Fátima; murió en 1981. Aún permanecen inéditos hasta el presente, 22 de los 24 volúmenes (de unas 800 páginas cada uno) de su obra monumental sobre el Mensaje de Fátima, la que incluye al menos 5.396 documentos y representa diez años de investigación en los archivos de Fátima.⁵

Los dos volúmenes que fueron publicados han sido reducidos a la mitad, habiendo sido torpemente editados cuando fueron publicados años después de su muerte. Así, hay unos 5.000 documentos originales sobre Fátima que no han sido publicados hasta este día. El Padre Alonso reunió todos estos documentos en un lugar. El era un sacerdote claretiano español, que había sido profesor de teología antes de ser designado en su función de archivista oficial de Fátima (posición que ocupó durante dieciséis años) por el Obispo de Fátima, Monseñor Joao Venancio.

Por lo tanto, el Padre Alonso había publicado sólo unos pocos de estos documentos. Hoy el Provincial de los Claretianos tiene esta enorme colección de documentos, si no estoy equivocado, en los archivos de la casa provincial de Madrid. También el Obispo de Fátima tiene una segunda copia. Los 24 volúmenes estaban listos para su publicación, cuando las prensas fueron literalmente detenidas en 1975, y hasta el presente todavía no han sido publicados. Así, si a veces estamos citando de fuentes secundarias más que las primarias, es porque eso es el único recurso que nos queda.

He aquí lo que el Padre Alonso dijo sobre las blasfemias de los herejes, cismáticos y hombres impíos, “cegados por un ecumenismo engañador, hemos tenido la tendencia de olvidar que existe una verdad evidente, recordada aquí por el Mensaje de Fátima: Aquellos que obstinadamente y con pleno conocimiento abiertamente niegan las prerrogativas de la Santísima Virgen María, comenten las blasfemias más odiosas en cuanto a Ella.

Primera blasfemia: contra la Inmaculada Concepción. El padre Alonso pregunta, ¿quiénes son aquellos que pueden cometer esta ofensa contra el Inmaculado Corazón de María? La respuesta no deja duda: “En primer lugar, y en general, las sectas protestantes que rehúsan recibir el dogma definido por Pío IX, y que han continuado sosteniendo que la Santísima Virgen fue concebida con la mancha del pecado original y aun de pecados personales. Lo mismo podría decirse de los cristianos orientales [disidentes], puesto que a pesar de su gran devoción mariana, ellos también rehúsan este dogma.”

La segunda blasfemia: Aunque la Ortodoxia la admite, la mayoría de los protestantes también rechazan la virginidad perfecta y perpetua de María antes, durante y después de dar la luz, que es, también, un dogma definido de la Iglesia.

La tercera blasfemia: es contra el dogma de la Santísima Virgen que fue definida por el Concilio de Efeso. Aunque algunos protestantes puedan teóricamente aceptar la Maternidad Divina de María que fue definida en el Concilio de Efeso, en realidad ellos caen fácilmente en negar este dogma lo mismo que en rechazar reconocerla como Madre de los hombres en el sentido católico, lo cual implica Su co-redención y Su oficio como Mediadora de todas las gracias.

La cuarta blasfemia se refiere a la perversión de los niños por los enemigos de Nuestra Señora que procuran inculcar indiferencia, desprecio o aun odio por la Virgen Inmaculada. Y por supuesto, que es tal vez hecho más por gente como los satanistas, o masones o comunistas que odian todas las religiones, especialmente la única verdadera religión de Jesucristo, la Iglesia Católica.

La quinta blasfemia está en relación con aquellos que La ultrajan en Sus santas imágenes. Tenemos hoy una suerte de repetición de la iconoclasia que ocurrió durante el Siglo Octavo que fue condenada por la Iglesia. Hay mártires en la Iglesia Católica a quienes dieron muerte por defender las santas imágenes y las estatuas. Y esa iconoclasia ha vuelto, en cierta medida, después del Concilio Vaticano Segundo.

En suma, durante casi quinientos años la Contra-Iglesia ha estado agitando una lucha incesante y furiosa contra la Virgen Inmaculada, contra la promoción de la devoción hacia Ella, y contra su reinado en los corazones de los hombres y reinante también sobre todas las sociedades.

Siguiendo los pasos del Protestantismo, vino después el Jansenismo y su frío desdén por la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Luego siguió el Racionalismo de los siglos XVIII y IXX, así como el Modernismo del siglo XX. Todos esos “ismos” continúan atacando la doctrina y la devoción Mariana.

Estas cosas claman reparación; estas cosas producen dolor a la Santísima Virgen María.

Por fin, es conocimiento común la forma como el comunismo bolchevique intentó por todos los medios posibles destruir la veneración profunda de la Madre de Dios, anclada en el alma del pueblo ruso. Los íconos sagrados tuvieron que desaparecer. Fueron destruidos o escondidos… y todavía esperan un día más feliz.⁶

La santa devoción de los Cinco Primeros Sábados

Continuaremos ahora con los escritos de la Hermana Lucía sobre la Reparación. Su día favorito fue el Primer Sábado. Ella dijo “nunca me siento tan feliz como cuando llega el Primer Sábado”.

El 1 de noviembre de 1927, ella escribió a su madrina de Confirmación como sigue:

No sé si ya sabes sobre la devoción reparadora de los cinco sábados al Corazón Inmaculado de María. Como todavía es reciente, me gustaría inspirarte a practicarla, porque fue pedida por Nuestra Querida Madre Celestial y Jesús ha manifestado Su deseo de que sea practicada.”

También, me parece que serías afortunada, querida madrina, de no sólo conocerla y darle a Jesús el consuelo de practicarla, sino también por hacerla conocer y ser acogida por muchas otras personas.”⁷

Pienso que es un mensaje para todos nosotros, que deberíamos no sólo conocerlo nosotros mismos sino también hacerlo bien conocido a otros, y atraer tanta gente como sea posible a la práctica de esta santa devoción.

He aquí como Lucía la describe a su madrina de Confirmación:

Consiste en esto: durante cinco meses, el primer sábado, recibir a Jesús en la Comunión, recitar un Rosario, acompañar a Nuestra Señora por quince minutos mientras se medita sobre los misterios del Rosario, y confesarse. Esta confesión puede hacerse unos pocos días antes, y si en esta confesión previa a uno se le olvida la intención (requerida), uno puede ofrecer la siguiente Confesión por esta intención, con tal de que en el primer sábado reciba la Comunión en estado de gracia, con la intención de hacer reparación por las ofensas contra la Santísima Virgen, que afligen a Su Inmaculado Corazón.”

Me parece, querida madrina, que somos afortunadas al poder dar a Nuestra Querida Madre Celestial esta prueba de amor, pues sabemos que Ella desea que así sea.”

En cuanto a mí, confieso que nunca me siento tan feliz como cuando llega el Primer Sábado. ¿No es verdad que nuestra felicidad más grande es la de pertenecer completamente a Jesús y a María y amarlos, a Ellos solamente, sin reservas? Vemos esto tan claramente en las vidas de los santos… Ellos eran felices porque amaban, y nosotros, mi querida madrina, debemos procurar amar como ellos, no sólo para gozar a Jesús, que es lo menos importante –porque si no Le gozamos aquí en la tierra, Le gozaremos en el Cielo– sino para dar a Jesús y a María el consuelo de ser amados… y que a cambio de este amor, Ellos puedan salvar muchas almas.”

Adiós, mi querida madrina, te abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María.”⁸

Reparación al Inmaculado Corazón

Lucía escribe más. Les recomiendo este librito (La magnífica promesa de los cinco primeros sábados), para que puedan leer sus propias palabras por ustedes mismos. Espero haber contestado las preguntas en general, pero la reparación es una de las claves de todo el Mensaje de Fátima –la reparación al Inmaculado Corazón de María y también reparación al Sagrado Corazón de Jesús.

En realidad, el pedido de la Consagración de Rusia es también para ser ofrecido en reparación. Y el pedido de la Consagración de Rusia explica algo sobre la reparación. Nuestra Señora dice:

Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio.”

Ella sigue diciendo: “Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mi, que vengo a pedir reparación; sacrifícate por esa intención y reza”.

Ahora, hay aquellos que piensan, y ellos pueden estar en lo cierto, que deberíamos sacrificarnos en reparación, y ofrecer oraciones para que estas personas se salven, las que de otra manera se perderían a causa de sus pecados. Ciertamente, ésta es una interpretación válida. La otra interpretación que también uso, es que deberíamos sacrificarnos y rezar para que tenga lugar la Consagración de Rusia.

Una vez que ésta ocurra, por supuesto, será manifestada al mundo la importancia de la devoción al Inmaculado Corazón. Entonces tendremos muchas más personas rezando y haciendo sacrificios en reparación.

Entonces, éstas son las seis condiciones: Confesión, Comunión, rezar cinco decenas del Rosario, meditar quince minutos sobre los quince misterios del Rosario en el primer sábado de cinco meses consecutivos, y hacer todo esto con la intención de hacer reparación al Inmaculado Corazón de María.

La otra cuestión sobre los Primeros Sábados es que es una de las dos condiciones para la Paz Mundial. La conexión entre estas dos condiciones es como sigue: que por hacer actos de reparación ganaremos gracias para el Santo Padre y los obispos para hacer la consagración de Rusia.

Pero, ¿que ocurrirá si esta devoción no está ampliamente difundida cuando se haga la Consagración? Lucía explica que sería suficiente que el Santo Padre hacer la promesa, cuando él haga la Consagración de Rusia, de agregar también: “una vez realizada la conversión de Rusia que él mismo promoviera los Primeros Sábados”. En otras palabras, el peso del rango Pontificio sería usado para promover la reparación al Inmaculado Corazón de María de los Primeros Cinco Sábados.

Hasta ahora, esta devoción de los Cinco Primeros Sábados no ha sido ampliamente conocida y a pesar de eso, fue una condición para evitar la Segunda Guerra Mundial. Y aunque Lucía promovió esto privadamente a través de cartas, como aquellas a su madrina y a gente que estaba en contacto con ella, nunca fue promovida, por así decirlo, antes de la Segunda Guerra Mundial, desde el trono del obispo.

En 1939 el Obispo de Fátima finalmente comenzó a hacer algo, justo cuando la guerra estaba estallando. Sin embargo, todos ustedes aquí en esta sala –especialmente los obispos, por supuesto, pero también los sacerdotes, y aun los laicos– pueden hacer mucho para promover esta devoción. Este librito (La magnífica promesa de los cinco primeros sábados), que ha sido impreso ahora a este propósito en tres idiomas –en realidad está traducido a cinco pero lo hemos impreso sólo en tres– con más de 1.200.000 ejemplares y que puede obtenerse en nuestro sitio web, explica en detalle lo que recién acabo de exponer.

Alguna gente que ha estado promoviendo esta devoción me ha dicho que este librito es la mejor obra que ellos han visto en cualquier lengua por su concisión y su simplicidad. No digo esto por haberlo hecho imprimir, pero es tal vez la mejor obra nunca impresa en su tamaño –muy breve y que dice todo lo esencial.

Esta publicación, con la excepción de las láminas y el Apéndice II, realmente está tomada íntegramente del segundo tomo del libro del Hermano Michel, The Whole Truth About Fatima [Toda la Verdad sobre Fátima] que es todavía el mejor y más completo libro nunca escrito sobre Fátima. Él publicó ese libro en 1984, en francés, y lo publicamos, con su permiso, en 1989-1990. Ese libro les dará las respuestas a la mayoría de las preguntas que ustedes pudieran tener.

Una nota final sobre la Reparación

En respuesta a la pregunta “¿Qué es la Reparación?“, reparación significa “reparar“. Reparar es restaurar. Así, si alguien le causa un daño –digamos alguien le abofetea el rostro, por ejemplo– no jugando, no en broma, sino más bien intentando ofender su persona, entonces esto indudablemente le haría daño. No tanto la bofetada, aunque eso pudiera herirlo también, sino lo que realmente hiere es el hecho que alguna otra persona quiera insultarlo, quiera mostrarle su falta de respeto, y básicamente pecar contra su persona, lo cual es, en primer lugar un pecado contra Dios.

Sin embargo, la cuestión platea que si usted es injuriado por un acto de falta de respeto, de insulto, o de algo de esa índole y si alguien más viendo ese gesto contra su persona, siente pena por usted, eso es ciertamente una cosa buena. Pero incluso es mejor si realmente hace algo para reparar la injuria, para reparar el daño.

Se puede hacer eso de diferentes maneras: se podría hacer a usted una ofrenda; se podría decir estoy muy triste por lo que acaba de ocurrir; se pueden tener muchos gestos diferentes para tratar de reparar –eso es tratar de remediar– lo que acaba de ocurrir contra su persona.

Podemos comprender esto por nosotros mismos, pero eso es esencialmente lo que ocurre cuando la Santísima Virgen es blasfemada. Ella es insultada, Ella es ofendida; y eso es real; y eso traspasa su corazón con espinas.

En realidad, Nuestro Señor muestra que Su Corazón está rodeado con las espinas que en todo momento Su Corazón maternal es traspasado con esos insultos personales contra Ella; por eso deberíamos hacer actos de reparación, ciertamente en los Cinco Primeros Sábados, pero ustedes pueden hacer eso todos los días. En realidad, cuando Nuestra Señora habló a los niños en Fátima Ella les enseñó tres oraciones. Y una de las oraciones que Ella les enseñó fue cuando hagáis un sacrificio diréis la siguiente plegaria: “Oh Jesús, es por Tu amor, por la conversión de los pecadores, y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María, te ofrezco este sacrificio.


Notas:

¹ Ver “Sección II: Pontevedra: Las apariciones y el Mensaje”, La magnífica promesa de los cinco primeros sábados (La Cruzada de Fátima, edición 49, verano de 1995), p. 4; en la web en http://www.fatima.org/span/essentials/message/CR049S.pdf#page=4

² Ibid., pp. 6-7.

³ Por una más completa explicación de las condiciones para el cumplimiento de los Cinco Primeros Sábados, ver “Sección III: La Gran Promesa y sus Condiciones”, La magnífica promesa de los cinco primeros sábados, pp. 10-14; en la web en http://www.fatima.org/span/essentials/message/CR049S.pdf#page=10

⁴ Ver “Sección IV: El Espíritu de la Devoción Reparadora”, La magnífica promesa de los cinco primeros sábados, p. 17; ver también http://www.fatima.org/span/essentials/message/CR049S.pdf#page=17

⁵ Ver ambas anotaciones sobre “1975” en “Una Cronología del encubrimiento de Fátima”, en Padre Paul Kramer, editor, La última batalla del diablo (Terryville, Connecticut: The Missionary Association, 2002), p. 269; La última batalla del diablo, en la web en http://www.devilsfinalbattle.com/span/apendice.html

⁶ La magnífica promesa de los cinco primeros sábados, pp. 17-19; ver también http://www.fatima.org/span/essentials/message/CR049S.pdf#page=17

⁷ Ver “Apéndice I; la Hermana Lucía explica la Devoción Reparadora de los Primeros Sábados”, La magnífica promesa de los cinco primeros sábados, p. 26; ver también http://www.fatima.org/span/essentials/message/CR049S.pdf#page=26

⁸. Ibid.

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