Carta 145 – A Celina

el

J.M.J.T.

Jesús +

El Carmelo, 2 de agosto de 1893

Querida Celinita:

      Tu carta me ha llenado de alegría. El camino que sigues es un camino real. No es un camino trillado, sino un sendero que ha sido trazado por el mismo Jesús. La esposa de los Cantares dice que, al no encontrar a su Amado en el lecho, se levantó para buscarle por la ciudad, pero en vano; y que en cuanto salió de la ciudad, encontró al que amaba su alma…

      Jesús no quiere que encontremos en el reposo su presencia adorable; él se esconde, se rodea de tinieblas. No se comportaba así con la muchedumbre de los judíos, pues vemos en el Evangelio que «el pueblo estaba PENDIENTE de sus labios». Jesús cautivaba a las almas débiles con sus divinas palabras y trataba de hacerlas fuertes para el día de la prueba… ¡Pero qué pequeño fue el número de los amigos de Nuestro Señor cuando SE CALLABA delante de sus jueces…! ¡Y qué melodía es para mi corazón ese silencio de Jesús…! El se hace pobre para que nosotras podamos darle limosna, nos tiende la mano como un mendigo, para que cuando aparezca en su gloria el día del juicio, pueda hacernos oír aquellas dulces palabras: «Venid vosotros, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve enfermo y en la cárcel y me socorristeis».

      El mismo Jesús que pronunció estas palabras es quien busca nuestro amor, quien lo mendiga… Se pone, por así decirlo, a nuestra merced. No quiere tomar nada sin que se lo demos, y hasta la cosa más insignificante es preciosa a sus ojos divinos…

      [] Celina querida, alegrémonos de la porción que nos ha tocado, ¡es tan hermosa! ¡Demos, demos a Jesús, seamos avaras con los otros, pero pródigas con él!

      Jesús es un tesoro escondido, un bien inestimable que pocas almas saben encontrar porque está escondido y el mundo ama lo que brilla. ¡Ah!, si Jesús hubiera querido mostrarse a todas las almas con sus dones inefables, ciertamente ni una sola lo hubiera desdeñado. Pero él no quiere que le amemos por sus dones: él mismo quiere ser nuestra recompensa¹. Para encontrar una cosa escondida, hay que esconderse también uno mismo². Nuestra vida ha de ser, pues, un misterio. Tenemos que parecernos a Jesús, al Jesús cuyo rostro estaba escondido… «¿Queréis aprender algo que os sea útil? -dice la Imitación-. Gustad de ser ignorados y tenidos en nada»³. Y en otra parte: «Después de haberlo dejado todo, es necesario dejarse, sobre todo, a sí mismo»⁴. «Que éste se gloríe de una cosa, aquél de otra. En cuanto a vosotros, no pongáis vuestro gozo sino en el desprecio de vosotros mismos»⁵.

      ¡Qué paz dan al alma estas palabras, Celina! Tú las conoces, ¿pero no sabes ya todo lo que quisiera decirte…? Jesús te ama con un amor tan grande, que, si lo vieras, caerías en un éxtasis de felicidad que te causaría la muerte. Pero no lo ves y sufres…

      ¡Pronto Jesús «se levantará para salvar a todos los mansos y humildes de la tierra»…!

 


NOTAS Cta 145

¹ Cf Cta 182, n. 15.
² San Juan de la Cruz, CE 1,9.
³ Im I,2,3,.
⁴ Im II,11,4.
⁵ Im III,49,7; cf Cta 176 y Ms A 71ro.

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