7 años

La vida pasa rápido, Pa; los años se escapan como arena entre mis dedos, los días, las horas…

¿Qué son 7 años frente a la eternidad? ¿Qué es esta vida? Un suspiro, «un instante entre dos eternidades» como decía Santa Teresita.

En este día en que te recuerdo siempre más, quiero dar gracias a Dios no sólo por el gran hombre y gran padre que fuiste, sino porque aceptaste con paciencia, con obediencia, con escucha, con ternura, el llamado del Señor, el llamado a ser su discípulo, a hacerte a semejanza de Él. Y eso sí es mérito tuyo, Pa. Tu fiat, tu fiat incansable, incondicional, firme siempre, pasara lo que pasara. Las pruebas han sido muchas, pero así es el camino de la santidad, y la prueba final fue la corona que el Señor te regaló para darte una corona mejor en la eternidad. Fue tu camino del anonadamiento.

He sido testigo fiel de tu camino, he tenido la gracia de estar a tu lado en todo momento y aún más en los momentos dolorosos, para sostenerte cuando vos ya no podías. Conocí tus luchas incansables que a veces sentías que te derrotaban, que no veías la luz, que te han quitado tanta fuerza y al mismo tiempo te han vuelto pequeño otra vez hasta el último día en que ya perdías la consciencia. No olvidaré ese día, en que hablabas de ir al colegio, del guardapolvo… Ya no estabas, y al mismo tiempo estabas más plenamente que nunca.

Siempre quedarán en mi, hasta el día en que volvamos a encontrarnos en la plenitud del Amor, esas últimas palabras de despedida que me dijiste: «Carito, te quiero mucho, dame un beso». Hoy recordaba eso y pensaba qué honor he tenido de ser quién escuchara algunas de tus últimas palabras. Horas después ya no me reconocías, eso que tanto temía estaba pasando ante mis ojos.

Me deshice con vos en este camino, Pa, y hoy también quiero darte las gracias por enseñarme ese camino, el único camino: Jesucristo. El camino del amor sin medida, del amor sin límites que me has enseñado con tu propia vida y tu muerte. Eso es lo que queda, esa es la herencia, las pequeñas cosas donde radica la grandeza.

Hoy también sé que estamos más unidos que cuando estabas aquí, que formamos parte de la comunión de los santos, y es eso lo que siempre me decías: «Estoy con vos», «Vamos a estar siempre juntos». Siempre estuviste conmigo, y siempre lo estarás.

Hoy te abrazo con mi alma entera, ruego a Tata Dios por tu descanso eterno y le doy gracias, como todos los días, por amarme tanto.

Yo también estoy con vos, Pa, y vos estás conmigo. Estamos siempre juntos. Y el día en que el Señor se digne librarme de este cuerpo, me uniré a ti para cantar eternamente las misericordias del Señor.

Te amaré por siempre, Pa.

Que brille por siempre para ti la luz que no tiene fin.

El duelo 11- 1200x800_MG_5245

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s