Santo y divino amor

«En mis oraciones y en la santa misa pido continuamente muchas gracias para su alma, y pido de modo especial el santo y divino amor. Este amor es todo para nosotros; es nuestra miel, mi querido padre, en la cual y con la cual deben ser endulzados todos nuestros afectos, acciones y sufrimientos.

¡Dios mío!, ¡mi buen padre! ¡Cuánta felicidad en nuestro reino interior, cuando ahí reina este santo amor! ¡Qué felices son las facultades de nuestra alma, cuando obedecen a un rey tan sabio! Bajo su obediencia y en su Reino, Él no permite que haya pecados graves y tampoco que haya afecto alguno a los veniales.

Es cierto que Él, con frecuencia, les permite que se acerquen hasta la frontera para ejercitar en la lucha a las virtudes internas y para hacerlas más valientes. Y permite también que los espías, que son los pecados veniales y las imperfecciones, corran de un lado a otro en su Reino; pero esto no es sino para darnos a conocer que, sin su ayuda, seríamos presa de nuestros enemigos.

Humillémonos profundamente, mi buen padre, y confesemos que, si Dios no fuera la coraza y nuestro escudo, nosotros enseguida seríamos heridos por toda clase de pecados. Y es por esto por lo que debemos permanecer siempre en Dios, siendo perseverantes en nuestros ejercicios de piedad; que esta sea nuestra preocupación constante.

Tengamos siempre encendida en nuestro corazón la llama de la caridad; y no nos desanimemos nunca. Y si nos sobreviene alguna flaqueza o debilidad de espíritu, corramos a los pies de la cruz; ofrezcámonos entre los perfumes celestes; y, sin duda alguna, seremos fortalecidos.

En la santa misa yo presento siempre al Padre del cielo, con el de su Hijo celestial, el corazón de usted. Él, a causa de esta unión en la que yo le presento la ofrenda, no puede rechazar ese corazón. No dudo, mi querido padre, de que usted, por su parte, hace lo mismo. (…)

Las pruebas en mi espíritu siguen intensificándose. Pero, ¡viva Dios!, que, incluso en medio de las pruebas, no permite que el alma se pierda. Se sufre, pero tengo la certeza de que, en medio del sufrimiento y de la oscuridad absoluta en que está sumergido de continuo mi espíritu, no decrece mi esperanza.»

(24 de julio de 1917, al P. Agostino
da San Marco in Lamis, Ep. I, 917)

Gianluigi Pasquale. 365 días con el Padre Pío.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. lavsdeo dice:

    Reblogueó esto en Laus Deo.

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