Asunción de la Virgen María

«… De ángeles sois llevada de quien servida sois desde la cuna, de estrellas coronada: ¡Tal Reina habrá ninguna, pues os calza los pies la blanca luna!…» (Fray Luis de León).

«Cuando Cristo, Señor Nuestro, quiso sacar del mundo a su Madre santa e inmaculada para conducirla al reino de los cielos y otorgarle la corona eterna debida a sus virtudes y a sus espirituales fatigas, le envió de nuevo el Arcángel San Gabriel para anunciarle su gloriosa traslación, igual que tiempo atrás le había anunciado su concepción inefable.

»Llegó, pues, el Arcángel y le ofreció un ramo de palma, señal de victoria. Así como un día habían salido con ramos de palma al encuentro de su Hijo, vencedor de la muerte y destructor del infierno, así el Arcángel ofreció a la Virgen santa este ramo, signo de su victoria sobre los sufrimientos y sobre la desnudez de la muerte, y le dijo: “Tu Hijo y Señor te invita y te dice: ha llegado la hora de que mi Madre venga junto a mí. Por esto me ha enviado a portarte una vez más el anuncio, ¡oh bendita entre las mujeres! Hasta ahora, oh bendita, has colmado de alegría a los habitantes de la tierra; a partir de ahora, con tu ascensión llenarás de gozo a los ejércitos celestiales y harás brillar más aún a las almas de los santos. ¡Salve! Ya te lo dije una vez, pero ahora tomarás el nombre de «llena de gracia» como honor perpetuo. Ave, llena de gracia, el Señor es contigo ( Lc 1, 28). Tus oraciones y súplicas han subido al Cielo, junto a tu Hijo; de acuerdo con tu petición, Él te manda salir de este mundo para ascender a las moradas celestiales, para estar con Él en la vida que no tendrá fin”.

»Cuando la santa Madre de Dios María oyó este anuncio, llena de gozo dio al ángel la respuesta que había dado tiempo atrás: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra. Y el ángel se alejó de Ella ( Lc 1, 38)».

San Máximo el Confesor (siglos VI-VII). Vida de María, n. 103.


«Y pues consta ciertamente que el Hijo murió de amor y que María tuvo que asemejarse a su Hijo en el morir, no puede ponerse en duda que la Madre murió de amor… Este amor le dio tantas acometidas y tantos asaltos, esta llaga recibió tantas inflamaciones, que no fue posible resistirlas, y, como consecuencia, tuvo que morir… Después de tantos vuelos espirituales, tantas suspensiones y tantos éxtasis, este santo castillo de pureza, este fuerte de la humildad, habiendo resistido milagrosamente mil y mil veces los asaltos del amor, fue tomado por un último y general asalto; y el amor, que fue el triunfador, se llevó esta hermosa paloma como su prisionera, dejando en su cuerpo sacrosanto la fría y pálida muerte».

San Francisco de Sales

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