Luchar hasta morir

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En la vida de comunidad, mientras no aprenda a dominar todo mi «sistema nervioso”, no sabré jamás lo que es aprender a mortificarme.

Pobre hermano Rafael… luchar hasta morir; he ahí su destino. Ansias de cielo por un lado, y corazón humano por otro. Total… sufrimiento y cruz.

Pobre hermano Rafael, de corazón demasiado sensible a las cosas de las criaturas… Sufres al no ver amor y caridad entre los hombres… Sufres al no ver más que egoísmo. ¿Qué esperas de lo que es miseria y barro? Pon tu ilusión en Dios y deja a la criatura…, en ella no hallarás lo que buscas.

Pero, ¿y si Dios se oculta?… Qué frío hace entonces en la Trapa. La Trapa sin Dios…, no es más que una reunión de hombres.

Son los días de Navidad y en ellos no tengo más que una enorme soledad… Una pena muy honda… Nadie en quien reposar, enfermo y débil… Ah, Señor, y muy poca fe! Dios mío, Dios mío, eres muy bueno… Tu misericordia perdonará mis olvidos…, pero es tanto, Señor, lo que sufro, que mi flaqueza sola no lo podrá resistir.

Nada veo más que mi miseria y mi alma mundana con poca fe y sin amor.

Llegaré, Señor, hasta donde Tú quieras, pero dame fuerzas, y el socorro a su debido tiempo…, mira, Señor, lo que soy.

El día de Nochebuena le entregué al Señor Jesús Niño, lo último que quedaba de mi voluntad. Le entregué hasta mis más pequeños deseos… ¿Qué me queda?… Nada. Ni aun deseos de morir. Ya no soy más que una cosa en posesión de Dios. Mas Señor, ¡qué pobre cosa posees!

Pobre hermano Rafael…, viniste a la Trapa a sufrir…, ¿de qué te quejas?… No me quejo, Señor, pero sufro sin virtud.

Unas lagrimillas en mi soledad el día de Nochebuena… Tú, Señor, que todo lo sabes y todo lo ves…, también todo lo perdonas.

Llena, Señor, mi corazón… Llénalo de eso que no me pueden dar los hombres.

Mi alma sueña con amores, con cariños puros y sinceros. Soy un hombre hecho para amar, pero no a las criaturas, sino a Ti, mi Dios, y a ellas en Ti… Sólo a Ti quiero amar, sólo Tú no defraudas. Sólo en Ti se verá la ilusión cumplida.

Dejé mi hogar… Destrocé pedazo a pedazo mi corazón… Vacié mi alma de deseos del mundo… Me abracé a tu Cruz: ¿Qué esperas, Señor? Si lo que deseas es mi soledad, mis sufrimientos y mi desolación…, tómalo todo, Señor, nada te pido.

San Rafael Arnáiz, Dios y mi alma, 26 de Diciembre de 1937

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