La herejía de “no juzgues – sé amable, sé agradable”

Por Shane Schaetzel. CatholicInTheOzarks

Esta es una narración popular del octavo capítulo del Evangelio de Juan (Juan 8, 1-11). Una mujer es atrapada en el mismo acto de adulterio. Ella es arrastrada ante Jesús por los escribas y fariseos, para poner a Jesús a prueba. Querían ver qué haría con ella. La Torá (Ley de los Judíos) del Antiguo Testamento dictaba que fuera apedreada. (Mi pregunta es: ¿dónde estaba el hombre con el que cometió adulterio? Ambos son culpables.) Contrita y quebrantada, la mujer estaba postrada ante Jesús, evidentemente arrepentida y penitente por su pecado. Dijo a los escribas y a los fariseos que tenían razón. La Torá ordena que sea apedreada hasta la muerte, porque esa es la pena legal para adulterio, y que el que estuviera sin pecado  arrojará la primera piedra. Jesús entonces comenzó a escribir en la arena.

Las Escrituras no nos dicen lo que estaba escribiendo, pero muchos creen que fueron los Diez Mandamientos, que por supuesto todos hemos roto en algún momento de nuestras vidas. Uno por uno, todos dejaron caer sus piedras y se alejaron. Entonces Jesús le preguntó a la mujer: “¿Adónde se fueron, nadie te ha condenado?” Ella respondió: “Nadie, Señor”. Jesús le respondió: “Yo tampoco te condeno, ve y no peques más”.

Es la última frase  la clave de todo. “Ve y no peques más”. Con esa sola declaración, que él usó muchas veces, Jesús dejó muy claro que el pecado es algo real, que no lo aprueba de ninguna manera, y que si la gente está verdaderamente arrepentida, debe dejar de hacerlo. Lamentablemente, parece que este punto se pierde en un creciente número de católicos de hoy.

portada herejía de no juzgues

Un término que ChurchMilitant.com usa desde hace muchos años – “La Iglesia de lo Agradable” – pero creo que no lo entendía hasta hace poco. La Iglesia Católica se encuentra en medio de la mayor crisis que se haya visto desde la herejía arriana. Creo que lo que está sucediendo ahora es catastrófico, y podría muy bien resultar en un cisma masivo en un futuro muy cercano, fuera de algún tipo de intervención divina. Cuando digo masivo, me refiero a MASIVO, como lo que no hemos visto desde la Reforma Protestante. Incluso ese cisma puede empequeñecerse en comparación.

Aquí estoy hablando de “La Iglesia de lo Agradable”. ¿Qué es la “Iglesia de lo Agradable”? Bueno, déjame decirte. No es católica. Desafortunadamente, no obstante, actualmente está unida a la Iglesia Católica en los Estados Unidos y en muchos otros países. ¿Qué es? Bien, en resumidas cuentas aquí está…

“La Iglesia de lo Agradable” consiste en aquellos católicos que creen, de la manera más sincera, que el mensaje del Evangelio es simplemente “no juzgar a los demás y ser agradable”.

Eso es. Esa es “La Iglesia de lo Agradable” en pocas palabras. Todo el concepto de pecado, expiación, redención, arrepentimiento y santificación no significan absolutamente nada para estas personas. Ellos realmente creen, en el fondo de su corazón, que lo único que Jesús nos enseñó realmente es nunca juzgar a nadie o cualquier cosa, y sólo ser agradable, amable con la gente.

Así que esto significa que nunca juzguemos el pecado como pecado. Nunca le digamos a la gente que están haciendo algo malo. Nunca hablar de nada como algo equivocado. Y ser siempre dulces y acaramelados el uno con el otro, todo el tiempo, y fingir que todo está bien. Esa es “La Iglesia de lo Agradable”.

¿Te sorprendería si dijera que MILLONES de católicos en América creen esto realmente? ¿Y si te dijera que en realidad ese número está indicado en DECENAS DE MILLONES? ¿Y si te hablará que no menos de la mitad de todos los católicos de los Estados Unidos son miembros activos y participantes de la “Iglesia de lo Agradable”?

Ahora, ¿si te dijera que “La Iglesia de lo Agradable” está construida sobre una completa herejía llamada Relativismo Moral?

¿Qué es el Relativismo Moral? Es una herejía que dice que no hay verdaderos estándares dados por Dios del bien absoluto y del mal. La moral es más bien definida por las normas sociales. Así que cualquier sociedad que ve algo como socialmente aceptable, eso se considera “correcto”. Mientras que lo que cualquier sociedad ve como socialmente inaceptable, eso se considera “incorrecto.” Y ya que la sociedad siempre está cambiando, así también la moralidad. Por consiguiente, no puede haber absolutos morales.

Un buen ejemplo de esto es cuando la gente se burla de una virtud cristiana tradicional, y se jactan en decir algo como: “¡Vamos, ubícate, es el siglo XXI!”.

 ¡Desde cuándo se determina la moralidad observando un calendario!

Sin embargo, eso es exactamente lo que los relativistas morales quieren que pensemos. El calendario dice 2017, por lo tanto, ¿se supone que ahora debemos cambiar nuestros estándares morales?

Por supuesto, el tiempo no es lo único que los relativistas usan como una brújula moral. También utilizan la geografía. Las normas del bien y del mal pueden ser determinadas por el lugar donde vives. Por ejemplo; en los países occidentales está bien que una mujer no se cubra su cabeza, pero en el Medio Oriente, eso es moralmente inaceptable. Por lo tanto, las mujeres occidentales deben cubrirse la cabeza cuando visitan esa región. Estos son los dos grandes elementos que los relativistas morales usan para determinar la moralidad. La cultura podría ser otra. Pero después de todo, el relativista moral se adhiere a la noción de que lo que es correcto para ti puede estar mal para mí, y viceversa, lo que está mal para ti puede ser adecuado para mí.

El relativismo moral es una herejía extremadamente común y perniciosa con creencia muy extensa fuera de la Iglesia, pero que dentro de la Iglesia tiene una influencia igualmente poderosa. Se manifiesta en el siempre popular eslogan “no juzgues”, así como la consigna igualmente popular “sé agradable”. ¿Por qué está tan arraigado dentro de la Iglesia? Te diré por qué. Porque demasiados sacerdotes usan esas mismas palabras, y las repiten constantemente, como su propio lema. Lo he oído con mis propios oídos, de los labios de muchos sacerdotes, más veces de lo que puedo enumerar. Lástima que sea una herejía.

¿Acaso Jesús nos dijo: “No juzgues y sé agradable”? Bueno, no exactamente. Verás, en realidad es un poco más sutil que eso. Por un lado, Jesús dijo lo siguiente…

No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con que juzgareis seréis juzgados y con la medida con que midiereis se os medirá. ¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? ¿O cómo osas decir a tu hermano: Deja que te quite la paja del ojo, teniendo tú una viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo y entonces verás de quitar la paja del ojo de tu hermano. – Mateo 7, 1-5

Este es el versículo que se cita más frecuentemente para respaldar el eslogan de “no juzgar”. Pero ¿de qué habla Jesús exactamente? ¿Estaba diciendo que no podríamos nunca juzgar nada? Bueno, ¡eso sería absurdo! ¿Cómo podríamos saber lo que está bien y lo que está mal si no podemos juzgar nada? Mientras que en el “no juzgar” los católicos somos bastante rápidos citando Mateo 7, 1-5; no podemos ver lo que Jesús dijo en cuanto a juzgar en el Evangelio de Juan…

“No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo.”  — Juan 7, 24

Así que en el Evangelio de Mateo, Jesús nos dice que no juzguemos. Pero en el Evangelio de Juan, nos dice específicamente: ¡Juzgar, y juzgar con justicia! ¿Qué más da? ¿Juzgar o no juzgar? Esa es la pregunta. ¿O es que Jesús se contradice a sí mismo?

El pasaje de Juan deja claro que no debemos juzgar según la apariencia. En otras palabras, no debemos hacer juicios basados en información insuficiente. San Pablo explica esto en su primera epístola a Timoteo…

“Los pecados de algunos hombres, unos son manifiestos aun antes de ser juzgados, otros sólo después de juzgados. Así las obras buenas, unas son manifiestas; las que no lo son no podrán permanecer ocultas.” — 1 Timoteo 5, 24-25

En otras palabras, San Pablo nos advierte que a veces las cosas no siempre son como parecen. La gente puede esconder sus pecados, pero no puede esconderlos para siempre. Así como las buenas acciones se revelarán a la larga, también lo serán los pecados de la gente. Tarde o temprano la verdad nos alcanza a todos. Así que no debemos juzgar prematuramente, o con información insuficiente. Sin embargo, todavía, aún se nos exhorta a juzgar, tanto por Jesucristo como por San Pablo.

De este modo solo sabemos que podemos juzgar, pero debemos juzgar con justicia, no prematuramente o con información insuficiente. Entonces, ¿de qué estaba hablando Jesús en el evangelio de Mateo cuando nos dijo que no juzgaran en absoluto? Una vez más, San Pablo elabora…

“Por lo cual eres inexcusable, ¡oh hombre!, quienquiera que seas, tú que juzgas: pues en lo mismo que juzgas a otro, a ti mismo te condenas, ya que haces eso mismo que condenas. Pues sabemos que el juicio de Dios es conforme a verdad, contra todos los que cometen tales cosas. ¡Oh hombre! ¿Y piensas tú, que condenas a los que eso hacen y con todo lo haces tú, que escaparás al juicio de Dios?”— Romanos 2, 1-3

La hipocresía es la clave aquí. Si miramos las palabras de Jesús en Mateo 7, y las comparamos con las palabras de San Pablo en Romanos 2, todo el pasaje contra juzgar empieza a tener mucho más sentido. ¡Jesús condena la hipocresía! Lo hizo tantas veces en su ministerio. No está condenando el juzgar en sí mismo. Más bien, está condenando la siempre popular práctica de condenar a los demás por algo que tú mismo haces. Usted hipócrita, primero tome la viga de su propio ojo, y luego podrá ver con claridad para sacar la paja del ojo de su hermano. En otras palabras, usted puede hacer un juicio sobre otra persona, siempre que compruebe primero, y se asegure de que no esté haciendo exactamente lo mismo. Pero espera, hay más.

Tampoco debemos juzgar a la gente en asuntos de opinión privada…

“Acoged al flaco en la fe, sin entrar en disputas sobre opiniones. Hay quien cree poder comer de todo; otro, flaco, tiene que contentarse con verduras. El que come no desprecie al que no come y el que no come no juzgue al que come, porque Dios le acogió. ¿Quién eres tú para juzgar al criado ajeno? Que esté en pie o caiga, es asunto que no concierne sino a su amo; pero se mantendrá en pie, que poderoso es el Señor para sostenerle.” –Romanos 14, 1-4

En realidad, este es un problema bastante grande. Aunque los hombres no están exentos de esto, personalmente encuentro que este es un problema particular entre las mujeres. Las mujeres a menudo tienden a juzgar a los demás sobre las cosas más insignificantes: ropa, maquillaje, manierismos, peinados, joyas, hábitos personales, hablar demasiado, no hablar lo suficiente, timidez, audacia, etc, etc. Puede que seamos culpables también de esto, pero seamos francos señoras, generalmente es el sexo más justo el que hace esto con más frecuencia.

Aun así, “La Iglesia de lo Agradable”, que significa “no juzgar” a los católicos, usará las palabras de Jesús en Mateo 7 para condenar a cualquiera que intente señalar a otro por un comportamiento descaradamente pecaminoso. Hoy en día, esto es más frecuente en el Movimiento Homosexualista, como vimos recientemente en The Paprocki Affair. Ellos sostienen la fuerte prohibición de Jesús de juzgar como un escudo para cubrir sus malas acciones. “No me juzguen” gritan, “¡detestables fanáticos, Jesús dijo no juzgar!”. Como ya he señalado anteriormente, mientras que Él dijo esto respecto al juicio hipócrita en Mateo 7, Él también ordenó a sus seguidores a “juzgar con justicia” en Juan 7. Así que claramente Jesús NO prohibió  juzgar todo. Una vez más, San Pablo ayuda a aclarar esto…

No comulguéis con las obras infructuosas de las tinieblas; antes bien, ponedlas en evidencia–Efesios 5, 11

Aquí San Pablo explícitamente dice a los cristianos que “exhiban” las obras de la oscuridad. ¿Qué más podría querer decir con esto señalar cuando otros están haciendo algo mal? ¿Qué otra cosa podía significar sino juzgar? De hecho, eso es exactamente lo que está exponiendo. Ciertamente podemos juzgar, y debemos juzgar, pero cuando lo hacemos debemos juzgar las acciones no las personas. Así que volvamos a mirar las palabras de Jesús en Juan, y las comparamos con lo que la Torá tiene que decir sobre el mismo tema…

No juzguéis según la apariencia. Juzgad con juicio justo.  Juan 7, 24

Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo. –Levítico 19, 15

Aquí tanto Jesús como la Torá nos dicen que juzguemos. Pero ambos son muy específicos sobre el tipo de juicio que se nos permite hacer. Normalmente, no cito la Torá, porque Cristo es la Torá para el cristiano. Sin embargo, cuando Cristo habla específicamente de un tema como este, y coincide con lo que dice la Torá, podemos ver la consistencia total en el enfoque, y nos da un gran contexto. Cuando juzgamos, debemos juzgar las acciones de la gente (sus pecados o buenas obras), pero no debemos juzgar el alma de la persona, ni su estado en la vida, los antecedentes, la herencia, etc. No podemos saber lo que realmente está sucediendo en el corazón de una persona. La gente suele hacer cosas malas por razones que no son evidentes. Muchas veces hay más dentro de una persona de lo que podemos ver. La gente buena hace cosas malas todo el tiempo. Debemos juzgar la acción como errónea (pecado), pero al mismo tiempo, no debemos juzgar el alma de la persona que lo hace. No podemos saber lo que realmente está sucediendo dentro de su corazón y mente. No siempre podemos saber qué clase de circunstancias horribles podrían haber llevado a este mal acto (pecado). Nosotros juzgamos el acto, pero no al hombre o a la mujer haciéndolo.

Así que ahí está el meollo del asunto. Cuando en el “no juzgar” el católico dice “no juzgues”, debe ser corregido en el contexto bíblico. Lo que Jesús realmente dijo fue “no juzgues hipócritamente”, más bien “juzga con justicia”.

“La Iglesia de lo Agradable” es peligrosa, porque al final no hay límite en la cantidad de mal que puede justificarse bajo el lema de “no juzgar”. Del mismo modo, la consigna fraterna de “sé agradable” es igualmente perniciosa, porque invoca la idea de que no debemos enfrentar nunca a nadie por nada. Invita a la idea de que tenemos que poner una carita sonriente falsa, fingir que todo está bien cuando no lo está, y dejar que nuestro compañero cometa suicidio espiritual, persistiendo sin arrepentimiento en su pecado hasta su muerte.

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“La Iglesia de lo agradable” enseña un evangelio falso. Ese evangelio es algo así…

  1. Dios te ama tal como eres, y nunca te condenaría.
  2. Jesús murió por nuestros pecados, así que ahora Dios los perdona.
  3. El pecado es relativo de todos modos, así que realmente no importa.
  4. No juzgar en absoluto, sólo ser amable.

Christ and the Sinner

La verdadera Iglesia Católica, la que actualmente está siendo invadida por “La Iglesia de lo Agradable”, enseña el verdadero Evangelio, que va algo así…

  1. Dios nos ama, pero el pecado es real, y nos separa de Dios.
  2. Jesucristo murió para perdonar nuestros pecados, no para consentirlos, tolerarlos.
  3. Ahora bien, cualquiera puede ser perdonado de los pecados, si es que sinceramente tratamos de arrepentirnos de ellos, y pedimos perdón continuamente según sea necesario.
  4. Mostrar amor verdadero por los demás juzgando el pecado pero no el pecador.

Convenido ya, esto es toda una simplificación extrema, pero seguramente captas la idea. Hay una diferencia radical entre la Iglesia Católica y “La Iglesia de lo agradable”. Lamentablemente, en nuestra sociedad, las dos se unen por la cadera. Va a tomar algunos sacerdotes y obispos realmente buenos, junto con la guía del Espíritu Santo, para separar quirúrgicamente a las dos. De una manera u otra, eventualmente habrá un cisma. Tal vez, con suficiente oración y suficiente clero dispuesto a despertar a la realidad, ese cisma podría limitarse a un daño mínimo.

En cuanto a la mujer atrapada en el adulterio, el problema con esta historia fue que los escribas y fariseos no estaban interesados en salvar el alma de la pobre pecadora o tratar de rehabilitarla. Sólo la querían muerta. Pero más que eso, querían ver si Jesús iba a condenar su ejecución. Jesús cambió el juego. En su lugar, confirmó que tenían razón, y que debería ser apedreada, pero que sólo el que no tuviera culpa debía hacerlo. Nadie arrojó una sola piedra, y en ese análisis, Jesús cambió el paradigma. Él señaló que si bien el pecado es real, nuestro objetivo no debe ser juzgar a los pecadores con el fin de condenarlos, sino que nuestro juicio debe ser llamarlos al arrepentimiento, para que Dios pueda perdonar y sanar sus vidas de dolor. Una vez rescatados, no son diferentes de los demás, y no podemos juzgarlos por el estilo de vida anterior de la que se arrepintieron. En otras palabras, juzguemos el pecado pero no al pecador. Juzga el acto pero no al actor. Juzga lo que está mal, pero no al malhechor. Así que no es “no juzgar y ser agradable”, sino “juzgar con justicia y ser misericordioso”.

[Traducción de R. Linares. Dominus Est. Artículo original]

Fuente: DominusEstBlog

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