Ayer vi una margarita

el

Ayer vi una margarita
como espejo brillante del alba.

Saunders Lewis

El día anterior había pasado ante ella sin fijarse. Pero cuando posteriormente se percata de su presencia y contempla su gran núcleo dorado, trasciende la flor misma e intuye su relación con los cielos, pues al abrirse, revela el sol oculto en su corazón. (…)

El pequeño sol que crece entre la hierba alza su mirada al gran sol que corona el cielo: el grande se refleja en el pequeño, y el pequeño guarda dentro de sí el reflejo del grande. Un millón de soles yacen diseminados a nuestros pies y los pisamos inadvertidamente hasta que empezamos a ver. (…)

«La sorpresa es el punto de partida; sin duda uno de los dones más extraordinarios de Dios», nos dice el benedictino David Stenhal-Rast. El don de la lupa es una sorpresa incesante. Resulta demasiado fácil decir «perdidos en la maravilla» sin pararse a pensar que esto significa, de hecho, que si estoy perdido aun cuando sea por un breve instante, he tenido que salir de mí mismo y experimentar algo que me trasciende. G. K. Chesteron dijo en cierta ocasión que aunque lo asombroso nunca faltará en este mundo, sí lo hará el asombro. Y Eric James, en una de sus emisiones matinales, lo resumió perfectamente cuando invitó a redescubrir en nosotros el corazón que se asombra.

Esther de Wall, Invitación al asombro. Ed. Sígueme.

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