En los salmos

el

En los salmos bebemos la alabanza divina
en su fuente pura e inmaculada,
en toda su sinceridad y perfección primigenia…
Si no tenemos auténtico interés en alabar a Dios,
ello demuestra que nunca hemos advertido quién es.
Cuando se cobra conciencia de quién es Dios realmente,
cuando se descubre que el que es Todopoderoso
e infinitamente santo
ha hecho cosas grandes por nosotros…
la única reacción posible
es un grito de exultación a medio articular
que estalla en las profundidades de nuestro ser,
en asombro,
ante la bondad tremenda e inexplicable
de Dios para con los hombres y las mujeres.

Tomas Merton, Orar con los salmos, Bilbao 2005.

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