Cristiano

Cristiano no es el adepto a un partido confesional; cristiano es el que siendo cristiano se hace realmente hombre. No es cristiano el que acepta vilmente un conjunto de normas que interpreta servil y únicamente en función de sí mismo, sino el que se ha liberado para ir en pos de la bondad sencilla y humana. El principio del amor, si es verdadero, incluye realmente la fe. Sólo así sigue siendo lo que era, ya que sin la fe, que es para nosotros expresión definitiva del tener que recibir del hombre y de la insuficiencia de su obra, el amor se convertiría en una obra hecha con las propias fuerzas. Entonces el amor se eleva y se transforma en justicia de sí mismo; la fe y el amor se condicionan y exigen mutuamente. En el principio del amor está también incluido el principio de la esperanza que, superado el instante y su aislamiento, corre en busca del todo. Nuestras reflexiones nos llevan de la mano a lo que dice Pablo sobre los pilares del cristiano: «Ahora subsisten estas tres cosas: la fe, la esperanza, el amor, pero la más excelente de todas es el amor» (1 Cor 13, 13).

Joseph Ratzinger (2016). Introducción al cristianismo . España: Ediciones Sígueme.

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