«Si tan solo hubiésemos escuchado»

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Así reza el título del documental realizado en Kibeho, donde se narra toda la historia de las apariciones de la Santísima Virgen en Rwanda, desde la primera aparición que tuvo lugar en 1981 hasta el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia veinte años más tarde.

Esta es la primera aparición de la Virgen María en África aprobada por la Iglesia. La Virgen María se aparece en la zona más pobre de Ruanda; Kibeho, el 28 de Noviembre de 1981, a 3 videntes y advierte sobre la matanza que ocurriría pocos años después en Ruanda. No fue sólo un llamado para África sino para el mundo entero.

La Virgen comunicó un mensaje urgente para el mundo:
La Virgen enseñó: la importancia del rosario, la oración sincera, penitencia, amar, tener una fe viva, conversión, sobre todo un llamado a la reconciliación.
También llamó a la renuncia del pecado.
Se lamentó de la idolatría, irreverencia, materialismo, hipocresía, inmoralidad sexual. Y dijo que hay que dejar de ir por dos caminos, es necesario seguir uno solo, que lleva a Cristo.

El 19 de agosto de 1982, tres jóvenes estudiantes lloraban en su trance espiritual lo que iba a suceder años más tarde y que la Virgen le revelaba entre lágrimas: un país bañado por ríos de sangre; una premonición de lo que su gente iba a sufrir «si no se sujetaban fuertemente a la oración».

Aquellas visiones cobrarían más fuerza con lo ocurrido años más tarde, con aquellas imborrables imágenes que simbolizaron uno de los más sangrientos episodios de las últimas décadas, un auténtico genocidio que, en pocos meses, acabaría con la vida de 800.000 tutsis y hutus moderados, todo a base de machetazo limpio.

Según Alphonsine, una de las videntes, «la Virgen vino a Kibeho para preparar a la humanidad para la venida de su Hijo».

Jesús también le dijo a Emmanuel, otro de los videntes:
«Mucha gente trata a su prójimo deshonestamente.
El mundo está lleno de odio.
Ustedes sabrán que mi segunda venida está cerca cuando vean el estallido de guerras religiosas.
Entonces, sepan que yo estoy en camino».

La Virgen María también le dijo a los videntes:
«Yo he venido a prepararle el camino a Mi Hijo, para vuestro bien, y ustedes no quieren comprender.
El tiempo que resta es poco, y ustedes están como distraídos y ausentes.
Están concentrados en las cosas de este mundo, que son pasajeras.
He visto a muchos de mis hijos perderse, y he venido a mostrarles el camino verdadero».

El 5 de agosto de 1982, María le dice a Natalia, otra de las videntes:
«Yo les hablo pero ustedes no comprenden.
Los quiero poner de pie pero permanecen en tierra.
Los llamo pero están sordos.
¿Cuándo harán lo que les pido?
Permanecen indiferentes a todos mis reclamos.
Pero ¿cuándo entenderán? ¿cuándo se interesarán de lo que quiero decirles?
Les doy muchas señales pero siguen incrédulos.
¿Hasta cuándo seguirán sordos a mis llamadas?»

En la última aparición a Alphonsine, María le dice:
Para los jóvenes: “Diles que no destruyan su futuro con una forma de vida equivocada, que puede ser un peso muy grande en su futuro. No pierdan el Cielo por el mundo.
Tienen la fuerza para pelear un buen combate.
Dejen que los jóvenes que rezan con fervor lo sigan haciendo e ignoren a los que dicen que están perdiendo su tiempo.
Aquellos que rezan tendrán su recompensa.
Oren, oren, oren… sigan el Evangelio de mi Hijo”.

A las familias: “En momentos de dificultades y grandes pruebas, recuerden a la Sagrada Familia de Nazareth, que tuvo una vida de dificultades en medio de gran pobreza.
No olviden que Dios es más poderoso que toda la maldad del mundo”.

Para aquellos que están consagrados a Dios: “Sus vidas son muy importantes para Dios. Deberán permanecer fieles a sus votos.
Los sacerdotes en particular, se deben ofrecer ellos mismos mientras ofrecen el santo sacrificio de la misa”.

Para los que tienen autoridad: “Están llamados a servir.
Si roban al pueblo, arruinan al servicio al cual han sido llamados.
Compartan, no asesinen, no persigan, respeten los derechos del hombre, porque si actúan en contra de los derechos del hombre, no tendrán éxito y esto se volverá contra ellos mismos”.

A los intelectuales: “Han recibido el conocimiento para ayudar a otros a llegar a la verdad, que es Dios.
Profesar el ateísmo insulta y ofende a Dios”.

Me uno a la voz del salmista: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestros corazones».

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