Encontrarse a sí mismo

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El que se vierte hacia afuera para encontrarse a sí mismo en los efectos de sus obras, es como un fuego que no quisiera quemar, sino tan solo producir humo…

‘Ser’ no significa nada para aquellos que temen y aborrecen lo que son. Por eso no pueden tener paz en su propia realidad (que refleja la realidad de Dios). Tienen que luchar por evadir su propio ser y comprobar una existencia falsa mediante la constante inspección de lo que hacen. Tienen que estar mirándose al espejo para asegurarse. ¿Qué esperan ver ahí? No a sí mismos, sino alguna señal de que se han convertido en el dios que han soñado llegar a ser por medio de su actividad frenética: un dios invulnerable, todopoderoso, infinitamente sabio, inmensamente bello, inmortal…

Cuanto menos puede ser, tanto más tiene que hacer. Se convierte en su propio lacayo esclavizado: una sombra fustigando moralmente a otra sombra… Después viene el temor. La sombra tiene miedo a la sombra. Al que ‘no es’ le aterran las cosas que no puede hacer…. Después la sombra juzga y detesta a la sombra que no es dios y que no puede hacer absolutamente nada…

Tenemos que aprender a entrar en comunión con nosotros mismos antes de poder comunicarnos con las demás personas y con Dios.

El hombre que no tiene paz consigo mismo, necesariamente proyecta su lucha interior en la sociedad de aquellos con quienes vive y esparce el contagio del conflicto en todos cuantos lo rodean. Aún cuando trate de hacer el bien a otros, sus esfuerzos son desesperados puesto que no sabe cómo hacerse bien a sí mismo. En los momentos del más desenfrenado idealismo, puede metérsele en la cabeza hacer felices a los demás. Por eso se lanza a la obra y lo que resulta es que saca de esa obra todo lo que puso en ella: su propia confusión, su propia desintegración, su propia infelicidad….

Nuestro destino cristiano es en verdad grandioso, pero no podremos conseguir la grandeza si no perdemos todo interés en ser grandes… Es, pues, algo muy grande ser pequeño, es decir, ser nosotros mismos.

Thomas Merton. Ser y obrar (fragmentos). Los hombres no son islas.

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