No todo el mundo

«No todo el mundo era capaz de admitir haber sido víctima de un fatal error histórico, se decía a sí misma con orgullo. No todo el mundo vivía, como ella lo hacía, con la permanente sensación de haber nacido en un momento y un ambiente equivocados. Ni siquiera todo el mundo podía ser consciente, como ella lo era, de que todo lo que valía la pena admirar, todo lo hermoso, todo lo excelso, parecía estar desapareciendo sin apenas dejar rastro. El mundo, se quejaba Prudencia Prim, había perdido el gusto por la armonía, el equilibrio y la belleza. Y no todos podían ver esa verdad; como tampoco podían sentir todos en su interior la firme resolución de resistir».

Natalia Sanmartín Fenollera, El despertar de la señorita Prim.

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