No dudes de la ayuda divina, no te abandones a ti misma

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No dudes de la ayuda divina, no te abandones a ti misma por las múltiples aflicciones, de las que te ves rodeada de continuo, pues todo redundará en gloria de Dios, y en salvación del alma. Dime, ¿cómo puedes dudar de estas aseveraciones? Sin la gracia divina, ¿habrías podido superar tantas crisis y tantas luchas, a las que en el pasado ha estado sometido tu espíritu? Confía, pues, siempre, porque esa misma gracia hará en ti el resto: tú alcanzarás la salvación y el enemigo se consumirá en su rabia.

Mientras tanto, sigue rezando, agradeciendo y sufriendo por las intenciones que Dios quiere y de acuerdo a su divina voluntad. Que te anime a ello el pensamiento de que el premio no está lejos. Comprendo que la prueba es dura, que la lucha es para el alma más penosa de lo que se pueda decir, pero es grande también el mérito del triunfo, inefable el consuelo, inmortal la gloria, eterna la recompensa.

Padre Pío, 20 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 403

Gianluigi Pasquale. 365 días con el Padre Pío.

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