No existe la victoria definitiva de uno solo sobre los propios defectos

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—En primer lugar, no existe la victoria definitiva de uno solo sobre los propios defectos, Prudencia, no es un campo en el que funcione la mera fuerza de voluntad. Tenemos una naturaleza defectuosa, una especie de vieja locomotora herida, y como consecuencia de ello, por mucho que nos empeñemos tendemos siempre a fallar. Angustiarse por ello es absurdo y aunque se enfade un poco al oír esto, también soberbio. Lo que hay que hacer, aunque sé que esta respuesta no le gusta, es pedir ayuda a quien hizo la máquina cada vez que uno falla. Y en todo caso dejar que la mejore poco a poco inyectándole de vez en cuando una buena dosis de aceite.

Natalia Sanmartín Fenollera, El despertar de la Señorita Prim

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