Vive tranquila, queridísima hija

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Vive tranquila, queridísima hija, borra de tu imaginación lo que pueda turbarte, y repite con frecuencia a nuestro Señor: Oh Dios, tú eres mi Dios, yo confío en ti; me asistirás y serás mi refugio y yo nada temeré; porque tú, no sólo estás con Él, sino que estás en Él y Él en ti. ¿Qué puede temer el hijo en los brazos de un tal padre? Sé, mi queridísima Erminia, como los niños; no piensan casi nunca en su futuro, tienen quienes piensan por ellos; son bastante fuertes, solamente están con su padre. Haz tú también lo mismo, queridísima hija, y vivirás en paz.

Padre Pío, 23 de abril de 1918, a Erminia Gargani, Ep. III, 724

Gianluigi Pasquale. 365 días con el Padre Pío.

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