Lo debemos todo a Dios, que dona y per-dona

El hombre que se abre a la gracia entra en una lógica de sobreabundancia: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», reza la oración que enseñó Jesús. En realidad el texto dice: «Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Lo debemos todo a Dios, que dona y per-dona, es decir, vuelve a dar. Los demás no nos deben nada: si nos tienen en consideración, ¡es también una gracia! Al igual que Dios, el hombre, imagen de Dios, es secreto y amor.

Olivier Clément, La alegría de la resurrección

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