La belleza de la castidad

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Por Don Fernando Colomer Ferrándiz

«La castidad consiste en ajustar nuestra expresividad, las palabras y sobre todos los gestos de nuestro cuerpo a la verdad y al amor». Por lo tanto ser castos significa dos cosas: primera, no mentir con los gestos del cuerpo, y segundo, hacer que estos gestos sean gestos de amor.

El pecado contra la castidad no consiste, como se creen los críticos del cristianismo, en la conculcación de un tabú, sino en vivir la relación con los otros ignorando su verdad, es decir, ignorando la verdad de los otros, de los demás. ¿Y cuál es esa verdad? Que los otros son otros, o sea, la alteridad, y que son un rostro, es decir personas. Y por tanto cuando se conculca esa verdad, entonces, ese acto, la relación sexual que la Biblia llama conocimiento, se produce de manera fiera. Fiera quiere decir ignorando la condición personal del otro, ignorando que el otro es una persona. Cuando esto se hace así, que es cuando se peca contra el sexto mandamiento, el rostro se convierte en rostro, en vez de que todo el cuerpo se convierta en rostro.

La castidad comporta la unificación de todos los elementos y las fuerzas de la persona en el amor.

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