«Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa”» (Lc 14,23)

† Evangelio según San Lucas 14,15-24

Uno de los invitados, al oírlo, dijo:
—¡Dichoso el que se siente al banquete del reino de Dios!
Jesús le contestó:
—Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos.
Hacia la hora del banquete envió a su sirviente a decir a los invitados: Vengan, ya todo está preparado. Pero todos, uno tras otro se fueron disculpando. El primero dijo: He comprado un terreno y tengo que ir a examinarlo; te ruego me disculpes. El segundo dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me disculpes. El tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir. El sirviente volvió a informar al dueño de casa.
Éste, irritado, dijo al sirviente: Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a pobres, mancos, ciegos y cojos. Regresó el sirviente y le dijo: Señor, se ha hecho lo que ordenabas y todavía sobra lugar.
El señor dijo al sirviente: Ve a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. Porque les digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.

 

San Ambrosio, obispo

Comentarios: El Reino no se cierra a nadie

Comentario al Evangelio de Lucas n. 7, 200-203 : SC 52

«Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa”» (Lc 14,23).

Los invitados se excusan, siendo así que el Reino no se cierra a nadie, a no ser que se excluya él mismo por su palabra. En su clemencia, el Señor invita a todo el mundo, pero es nuestra desidia o nuestra desviación quien nos aleja de él. Aquel que prefiere comprar un terreno es ajeno al Reino; en tiempo de Noé, compradores y vendedores fueron tragados, por igual, por el diluvio (Lc 17,28)… Igualmente el que se excluye porque se ha casado, porque está escrito: “si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26)…

Así que, después del desprecio orgulloso de los ricos, Cristo se vuelve hacia los paganos; hace entrar a buenos y malos, para hacer crecer a los buenos y para mejorar las disposiciones de los malos… Invita a los pobres, a los enfermos, a los ciegos, lo cual os muestra que la enfermedad física no deja a nadie fuera del Reino, o bien que la enfermedad de los pecados, se cura por la misericordia del Señor…

Manda, pues, a las encrucijadas de los caminos a buscarlos, porque “la Sabiduría grita allí donde los caminos se entrecruzan” (Pr 1,20). Los envía a las plazas, porque ha dicho a los pecadores que abandonen los caminos anchos y encuentren el camino estrecho que conduce a la vida (Mt 7,13). Los envía a las carreteras y a lo largo de los setos, porque son capaces de alcanzar el Reino de los Cielos aquellos que, no estando retenidos por los bienes de este mundo, se afanan hacia los venideros, comprometidos en el camino de la buena voluntad…, oponiendo la muralla de la fe, a las tentaciones del pecado.

 

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