Entrevista con el Santo Padre Tadej

—¿Ha visitado Ud. recientemente Belgrado?

—No. No recuerdo la ciudad.

—¿Y no le hace falta la ciudad? ¿No la extraña?

—Me da lo mismo. Donde me trasladan, ahí me quedo.

Mis ambiciones son modestas. Mi tiempo ya pasó. Ahora le toca a los jóvenes, los jóvenes deben pensar, en lo que pueden alcanzar en este tiempo, porque cuando llega la vejez, ya no se puede hacer lo que se podía en la juventud.

Debe aprovecharse la juventud para la superación. Esos son los años cuando uno debe esforzarse más. Porque después, con el paso de los años, ven que no pasó en vano ese tiempo. Algo aprovechó, en algo pensó y alcanzó….

Conservar la paz interna a todo precio. Y como dice un verso: «Por nada en este mundo dejes que alguien disturbe tu paz interior». Al precio que sea guarda tu paz interior.

El monje Tadej nació en el año 1914. Ingresó en el monasterio cuando cumplió 18 años de edad. Su deseo fue someterse inmediatamente a las rígidas reglas del monasterio. Por eso ingresa en el único monasterio ruso en Serbia, el monasterio Miljkovo en el lugar Svilajnac. A partir de 1928 la hermandad del monasterio Miljkovo la constituyen mayormente monjes rusos, que huyeron de la persecución comunista en Rusia. A inicios de los ’50 Miljkovo es monasterio de monjas. El monje Tadej reside en los monasterios Gornjak y Tuman y luego parte a Kosovo y Metohija. Fue prior del patriarcado de Pec. Después prior del monasterio Vitovnica en Petrovac na Mlavi. En el monasterio Vitovnica el padre Tadej se convierte en uno de los más conocidos padres espirituales en Serbia. Muchas personas desean conocerlo, confesarse, conversar un poco con él, o, al menos, recibir su bendición.

Del padre Tadej hablan los creyentes, los que sintieron su poder espiritual en los medios. Crece el número de artículos y reportajes sobre sus milagros. En una ocasión cuando el padre Tadej permaneció en Belgrado, la Sala de Congresos era pequeña para acoger a todos los que querían verlo y escucharlo. El estancamiento del tráfico en las calles nos habla de un invitado extraordinario en una capital acostumbrada a visitantes diversos. Dicho en lenguaje moderno, el padre Tadej se convierte en personaje mediático de primera. Pero del padre Tadej hablan con mucho respeto los monjes y sacerdotes; sobre el padre Tadej se escriben libros, algunos muy serios como el libro del psiquiatra y profesor de la Facultad de Teología, Jerotic, «Pláticas espirituales». 

Del Padre Tadej hoy se ocupa la hermandad del monasterio Kovilj, y el prior de éste, obispo Porfirije, donde hicimos esta entrevista.

—¿Quiere decirnos algo? ¿cómo está?

—Pues bien. Como todo anciano. Cuando uno es joven, la vida es completamente distinta que en la vejez. En la vejez uno tiene mucha experiencia de la vida. Qué es lo que dice un anciano, cuando le preguntan cómo vives, él dice: «Ahora estoy resucitando». Lo que viví hasta ahora, estoy volviendo a vivir. La vida vuelve.

—Una vez dijo que la enfermedad puede ser un aviso al hombre de que no está por buen camino.

—Así es. Nuestro Señor sabe lo que cada cual necesita.

A veces el hombre parece estar sano, pero en realidad es un enfermo grave, aunque aparenta estar completamente sano. Y así… Así transcurre la vida del hombre en la Tierra.

—¿Cómo se puede ver que el hombre está enfermo, cuando aparentemente está sano? ¿Cómo nota usted que está…?

—Sentí que algo le molestaba. Y si algo le molesta, significa que padece de alguna enfermedad, que tiene falta de algo que le impide vivir normalmente.

—¿Cómo ese hombre puede ayudarse a sí mismo?

—Debe tranquilizarse. Si se tranquiliza, esa es su salvación. Tanto física, como psíquica. Cuando se tranquiliza, el sistema nervioso se relaja, y entonces todo le parece mas fácil. Todas las desgracias que ocurren no influyen sobre él. Sabe que así tiene que ser y se tranquiliza por completo.

El hombre muy exigente se atormenta a sí mismo. Cualquier cosa que el hombre necesite, no puede conseguir sin el permiso del Señor. El hombre está unido, no sólo al medio en el que vive, sino a todo el mundo.

La vida es una sola. Existe solo una fuente de vida que mantiene todo.

—Si decide, ¿cómo el hombre puede tranquilizarse y ayudarse a sí mismo?

—Debe subordinarse a la voluntad de Dios. Y puesto que recibió la vida, debe estar satisfecho y bendecir a Dios por todo. Pero si el hombre es muy exigente y ambiciona algo, se mortifica a sí mismo. Debe esforzarse. No debe ser perezoso. Si es perezoso, se mortifica a sí mismo.

Debe saber valorar las cosas pero consciente, pura, noble, sublimemente, para no ofender a nadie y para no herirse a sí mismo.

¿Cómo el hombre puede saber cuando exagera en su modestia y obra por debajo de sus posibilidades y por debajo de lo que tiene que hacer?

—Debe olvidarse de sus caprichos. Y aceptarlo todo como si fuera obsequio de Dios. Todo lo que sucede es la providencia de Dios y tiene que ser sumiso. Cuando alcance la tranquilidad, llegará la salvación.

—Usted decía que el hombre puede curar incluso un cáncer, si tiene voluntad y si está en buen estado espiritual.

—Con la ayuda de Dios todo es posible. Cuando nos dirigimos a Dios de corazón, se siente una energía increíble con la que el hombre puede mover todo lo que existe. Puede parar el sol. Puede hacer milagros. Es increíble… porque Dios está en todas partes. Cuando está unido a la fuente de la vida, cualquier cosa que desee, se convertirá en realidad.

Mire a los niños inocentes, sencillos, ellos no saben. Le dices que diga algo de tal y tal manera y él lo dice. Es increíble cuán inocente es el niño. Ni sabe, ni piensa, en lo que le puede pasar, pero su alma es pura, y cree en todo lo que se le dice.

Eso significa, tener mucha fe. Cuando le dices algo, él se lo cree. Uno se pregunta cómo el niño puede ser algo tan especial, pero eso es obra de Dios.

¿Significa eso que los niños están más cerca de Dios, y que más tarde pueden alejarse de él?

—Eso depende mucho del medio en el que crecen. Lo que es importante para los niños. Absorben todo lo que ven. Todo les parece bueno y se pegan a uno de inmediato. Especialmente si se trata de un alma noble y tranquila, el niño corre detrás de él. Aunque se trate de un extraño, el niño es atraído por él. El niño corre a su encuentro con los brazos abiertos. Esa alma es sumisa, tranquila. Eso significa que la propiedad divina actúa a través de esa alma, que ya no es inquieta. Y es lógico que, cuando el niño ve esa alma, aunque no la haya visto nunca en su vida, corre hacia él, corre hacia esa alma, corre hacia Dios.

Si el género humano pensara de manera razonable, se tranquilizaría, y entonces la gran energía divina estaría en posesión del género humano. Entonces tendríamos una situación muy distinta, en el mundo reinaría la razón.

Pero la gente tiene obsesión por el lado material. Ese lado anula todo lo bueno en ellos.

Dios es la vida y la energía que da a cada cosa. La vida está presente en todas partes. El género humano está tan unido mutuamente con esa energía inseparable. Pero la gente no nota eso, ni puede comprender.

No podemos comprender que nuestra vida está en nuestro régimen. Dondequiera que vemos, la vida es nuestra vida y no podemos el uno sin el otro. Aunque nos parezca que sí podemos, no podemos.

—Mucha gente quiere verlo, escuchar sus consejos.

Yo envejecí. Envejecí. Un anciano vive la vida de su juventud. Muchas cosas suceden.  A veces recuerda lo que sucede, lo que pasó. Vive de los recuerdos. Y si son buenos, perfecto. Pero si son malos, el hombre debe eliminarlos, y aceptar sólo lo bueno. Nadie tiene la culpa. Los pensamientos definen nuestra vida. La vida se manifiesta a través de los pensamientos. Los que siempre tienen buenos pensamientos y deseos, generan el bien. Si nuestros pensamientos son pacíficos, tendremos tranquilidad.

El Padre Tadej dice que la cólera nos invade cuando nuestros deseos no se cumplen, o cuando nos creemos superiores a los causantes de nuestra ira. Si dejamos de imponernos a los demás como jueces y como alguien que vale más, la cólera desaparecerá.

Lo mismo pasa con nuestras inquietudes. Los pensamientos inquietos causan un estado caótico en la gente con la que contactamos. Tenemos que aprender a dominar los pensamientos, a ponerlos en orden. Así no podrán afectar los pensamientos ajenos. Debemos aprender a ser simples y sencillos como Cristo.

Si queremos ir a alguna parte y visitar a alguien, y por la mente nos pasa la idea de que vamos a molestar, entonces nuestra visita será un fracaso porque ya llegamos con pensamientos confusos, que producirán efecto negativo sobre el anfitrión.

—Si somos sumisos, tranquilos, esos pensamientos son calmantes suaves para el sistema nervioso humano, pero también para el reino animal y vegetal. Todos esperan de nosotros la atención.

¿Y qué es la tristeza? En el mundo hay mucha gente depresiva, gente que pierde la fe.

—El hombre se atormenta con ideas innecesarias, porque no puede hacer nada al respecto. Él puede pensar en el bien, pero tampoco puede hacer el bien sin Dios. Sólo con la energía divina podemos hacer el bien, porque sólo Dios es bueno. Él reúne todo el bien y la caridad. Gracias a Dios que el Señor está siempre presente, que ayuda a todos, a los débiles y a los fuertes. Todos necesitan ayuda. Dios está presente en todas partes.

—¿Cuando usted siente tristeza, qué hace?

—No sé, no me preocupo por mi destino. Si me ocupara de eso no tendría paz. De eso que se ocupe Dios. Será como Dios mande. Que se haga la voluntad de Dios. Cuando te apoyas en la voluntad de Dios, entonces no vale la pena pensar. Cuando no puedes crear solo nada con el pensamiento.

Puedes dedicarte a los buenos pensamientos, tendrás paz. Si tienes buenos pensamientos, tranquilos. Si piensas en todo lo que podría pasar, entonces perderás el ánimo porque no tienes paz. ¿ Y por qué? Ya tenemos suficiente con nuestras desventuras diarias. Todo ser humano, incluso el físicamente más sano, tiene defectos. No existe un solo ser humano sin defectos. Ningún ser es perfecto. Únicamente Dios es perfecto. Con Dios podemos ser perfectos. Sin Él no podemos.

Puesto que Él es el amor, cuando nos dirigimos a Él con el corazón, inmediatamente acude a nuestra ayuda.

¿Cómo podemos salvarnos en este mundo material? ¿Cómo abrir nuestro corazón, para dirigirnos a Dios?

—Debe practicarse. La oración es también un ejercicio. Si el hombre repite constantemente la oración, se acostumbrará porque la repite constantemente. Cuando se repite con palabras, después tenemos la sensación, igual que muchos padres santos que se dedicaron a la oración, cuando repetían siempre una misma cosa, que la oración se convierte en algo natural. Recibimos la bendición gratis.

Todo el que se dirige de corazón al Señor con la oración, quieras o no, en ti siempre suena la oración. Eso te colma de alegría, de paz, que no es de este mundo. Aquí la paz y el silencio que consigues, lo pierdes nuevamente. La oración representa una alegría no expresada.

—¿Puede usted darnos algún consejo para la oración? ¿Qué oraciones pronunciar? ¿Cómo pronunciarlas? ¿Dónde pronunciarlas?

—Los Santos Padres decían que cada cual debe practicar su oración. «Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de mí». Cuando se practica repetir diariamente, empezamos a sentir la bendición de Dios. Cuando ésta comienza a fluir sola, sin tu voluntad ni deseo, convirtiéndose en costumbre, cuando la pronuncias, sientes la increíble fuerza divina. Sientes la paz y la alegría. Alegría no expresada. Sólo te sorprendes. Te sientes bien, a gusto. Todo lo que miras es sagrado. Todo lo que quieres tocar, te parece sagrado. Esa es la bendición divina que recibe el hombre. No dependemos de nuestra voluntad, ni de nuestros deseos. Eso va por sí sólo, como un motor que trabaja permanentemente. El hombre vive, pero su alegría queda inexpresada. Le alegra todo lo que ve. Él está alegre.

El Santo Serafín de Sarov, al llegar, siempre decía: «mi alegría». Es la constante bendición divina. Cuando ve a una persona, ve la fuerza divina en cada alma indistintamente de si es joven o es anciano, para él eso es energía divina y alegría.

El Padre Tadej dice que todo proviene del pensamiento, sus cambios e inestabilidades. Los pensamientos negativos que todos tenemos deben eliminarse cuanto antes porque si llegan al corazón, se apoderan de los sentimientos y con éstos se mezclan, y entonces son más peligrosos y más difíciles de eliminar. Si al final se les adhiere también la voluntad, la libre decisión del hombre de retener dentro de sí tal mezcla negativa de pensamientos y sentimientos, cultivándola e incluso convirtiéndola en acción, el pecado ya reina en él y es más difícil eliminarlo.

—¿Cuál es la diferencia entre la juventud y la vejez?

—Pues, no existe mucha diferencia. Un viejo también puede ser joven y un joven puede ser viejo. Es un consuelo grande cuando un hombre ve a otro de buen humor. En la calle, le mira a la cara y ve si está de buen humor. Nosotros también tenemos la propiedad de evaluar, cual es su estado de ánimo y su espíritu.

—¿Se debe evitar a la gente malhumorada?

—No se debe tomar parte en el mal, pero debe ayudarse a la persona en desgracia. Deben usarse muchas palabras para que el hombre se libre de pensamientos negativos. Alguien le hace cambiar de humor y no puede nada. Viene otro, le cuenta algo y no puede nada. Viene el tercero… Llega un niño inocente, lo abraza, y él recibe el consuelo del niño. De un niño inofensivo. Los niños no pueden distinguir, para ellos son todos buenos. Él recibe la bendición porque el niño está lleno de bendición. El niño lo abraza a pesar de que es un extraño para él. Él recibe la bendición de Dios, y se libra de la depresión. Eso ayuda mucho. Lo curó un niño.

—¿Qué es la depresión?

—Una combinación de pensamientos. Combinamos el primero, el segundo, el tercero… El hombre piensa, pasará esto, pasará lo otro… En realidad no nada pasará. Sólo complica las cosas. Piensa que alguien es culpable de su mal humor. Se topó con alguien y dice: «Él me puso de mal humor». No fue él, sino tú mismo. Tú mismo llevas tu lastre.

Cuando visitas a tu familia, o al prójimo, y estás de mal humor, todo te va mal. El trabajo, todo… Tu mal humor llega a la casa de tu familia, los pones de mal humor. Tu estado de ánimo lo transmites a tu familia. ¿Quién tiene la culpa? Tú mismo. Tú mismo te hiciste eso a ti y a tu familia. Te vas a ver a tu amigo y allí haces lo mismo. Esos pensamientos salen de ti. El hombre acepta eso que tú llevas dentro de ti. Le trajiste el mal humor. Por eso muchos dicen: «Hubiera preferido no tenerlo en mi casa. Me trajo una brasa e incendió la casa». Todos están indispuestos y desconsolados, cuando uno lleva consigo sus desventuras. Él sabe que siempre debe conservar el buen humor.

—Podría darnos a nosotros que vivimos en el mundo un consejo sobre cómo librarnos de esas desgracias que cargamos, y ¿cómo comprimir los malos pensamientos ?

—Es mejor cantar en silencio que lamentarse. Canta. El que canta, en el mal no piensa.

“Dos veces hace bastantes años, cuando era padre espiritual en el Patriarcado de Pec, sufrió dos fuertes ataques nerviosos. Su cuerpo entero temblabla de miedo y debilidad”, escribe el profesor Vladeta Jerotic en su libro “Pláticas espirituales” del padre Tadej. Fue entonces que comprendió que debía cambiar su modo de vida y vivir con el mínimo de preocupaciones. Comprendió que nos preocupamos demasiado por nosotros mismos. Que sólo el hombre entregado por completo a la voluntad de Dios, puede sentirse aliviado, alegre y tranquilo. Después se esforzó en entregar todo en las manos de Dios. La soberbia es un vicio humano grande, ¿y cómo puede de detectarse en el hombre? Por nuestra reacción a las ofensas de otros. Siempre que nos sentimos afectados, ofendidos, por lo que alguien nos dijo o hizo que no nos agrada, independientemente de si ese hombre tiene razón o no, estamos en el poder de la soberbia.

—¿Cómo deben ser las relaciones entre un hombre y una mujer en la vida profana?

—Tienen que pensar que están invitados a ser sagrados. No existe una sola alma nacida que no sea sagrada. No debemos hacer nada contrario a las reglas del bien. Todo, lo pequeño y lo grande, todo es parte de la vida y tiene energía divina. La vida es energía divina, de Dios obtenida. Los ángeles y todo ser humano reciben de la fuente de vida. La vida es una. Dios es el donador de la vida.

—La energía divina probablemente nos es más próxima, la sentimos en la Iglesia, y mucho más en el Monte Santo.

—Hombre, siempre nos acompaña. Siempre está con nosotros. Siempre está con nosotros. Nosotros vivimos gracias a la energía divina. No tenemos vida propia. Nuestra vida es un don. La vida se regala.

—¿Cómo es el tiempo en que vivimos?

—Depende de nuestros pensamientos y nuestros deseos. Dentro de nosotros creamos la armonía y la desarmonía, tanto en el círculo familiar, como en la comunidad. En el Estado pasa lo mismo. Mucho depende de nuestra disposición mental. Creamos la armonía y la desarmonía. Qué tranquilas y sumisas son las almas inocentes, sencillas. De ellas irradia la bondad. Es increíble cómo irradia la bondad.

—¿Tienen razón los que dicen que se aproxima el fin de los tiempos?

—El fin del mundo se acerca constantemente. Cada año está mas cerca. Cómo arreglará eso Dios al final, lo veremos.

—Padre Tadej, ¿cómo podemos establecer contacto con las personas queridas difuntas?

—Siempre que pensamos en ellos, establecemos contacto. Cuando rezamos por el alma que descansa en paz contactamos. Las personas de espíritu noble, tranquilo, también en sueños pueden conversar con las almas con las que desean. Todo lo que deseas, lo consigues. Preguntas algo, recibes respuesta, porque estamos relacionados con el mundo racional y abstracto. No estamos relacionados solo con el mundo material, sino también con el mundo espiritual. Más relacionados estamos con éste que con el material.

—¿Tiene usted contacto con el padre Antonije?

—No pienso en eso. Debe pensarse y conseguir el permiso, pero sucede, claro, que cuando uno desea algo, sus deseos se cumplen. Porque cuando ansiamos mucho algo, esa es la energía mental conectada. Esa energía mental conectada es mucho más precisa que la conexión telefónica. La conexión se establece enseguida. El hombre solo desea algo y ese deseo se cumple, si era un hombre sosegado, tranquilo, sumiso.

Cuando por alguien en la vida sientes mucha lástima, entonces rezas por él. Él recibe tanto de la vida espiritual. Recibe la energía. Porque tú rindes tu vida por alguien en quien piensas y le deseas el bien. Tú le transmites la energía, la energía divina que los une.

Nosotros estamos unidos también de ese modo a la energía divina. Pero pensamos muy poco sobre eso, poco prestamos atención a ello. Pero, aunque no prestamos atención, se ve que estamos muy próximos el uno al otro, no estamos lejos.

—¿Qué preguntar a los difuntos? ¿Qué nos pueden decir?

—Ellos nos piden ayuda, porque cuando pasan a la eternidad, no pueden hacer nada por sí… Pueden por el prójimo. Pueden rezar, pero hacer algo, no pueden. Podía trabajar cuando era cuerpo. En el momento en que la vida se acaba, pierde el derecho de rezar por sí mismo. Perdió el derecho porque su arrepentimiento expiró. Por él pueden rezar otros y Dios acepta eso.

«Todo lo que en la vida consideré que fue una enorme desgracia y desventura para mí, recién ahora veo que fue una gran bendición y que salió bien» dice el padre Tadej. El recuerdo del pecado cometido no significa que no se perdonó. Ese recuerdo es tan solo un aviso periódico para que no vuelva a ocurrir. En realidad es el hombre el que no se perdona a sí mismo, no Dios, y eso es por orgullo. La señal segura de que se perdonó el pecado es cuando éste no se repite y se siente la paz en el alma.

Es importante como vivimos los últimos años de nuestra vida. Una vida devota en la vejez anula los pecados juveniles. Incluso los no cristianos que vivieron honrada y divinamente serán aceptados por Dios después de la muerte.

Hay gente que es de nacimiento sumisa, tranquila, buena. Esta es toda su recompensa de Dios. En el mundo hay mucha más gente violenta y obstinada que tiene que pasar por muchas desdichas, pero las que con cada batalla ganada contra el mal, reciben la alegría como una maravillosa recompensa de Dios.

—¿Cómo deben los serbios unirse al mundo? Ud. dice que todo está unido, pero hoy los serbios y Serbia no están muy unidos con el mundo.

—No sé cómo. Y por más que odiemos el uno al otro, no podemos. Estamos unidos. En vano. Si odias, te vas a poner de mal humor. Entonces eres peor aún. Aquél al que tú odias está de buen humor, levanta el ánimo a éste, al otro… Cuando viene a ti con amor, tú te extrañas, no lo crees, «¿cómo es posible que él sea mi mayor enemigo, y se comporta como si no lo fuera?». Él se convierte en tu maestro. Te enseña lo que es la bondad. Entonces, él ve que no tiene motivos para pensar mal. Lo que hizo, hecho está. Entonces los buenos pensamientos rechazan a los malos. Los positivos se aceptan.

Luego, perdonamos a quienes nos insultaron y con quienes dejamos de hablar. Él se extraña: «¿Cómo es posible que me dirija la palabra mi mayor enemigo?». De él piensa que es su enemigo, pero es amigo, agobiado también por los pensamientos. Cuando vuelven en sí, ven que no vale la pena desear a alguien el mal. Deseándole a alguien mal, el hombre se pone de mal humor. No puede estar tranquilo. ¿Por qué? Porque piensan en el mal. Si rechazan el mal, silencio. Simplemente, se rechaza el mal. No quiero pensar en el mal. Sólo quiero la paz. La paz y el silencio.

Ves, tu vienes de afuera para sembrar aquí el bien.

—Para nosotros parecer que lo más difícil es comprender cómo rezar por los enemigos. ¿Cuándo empezó usted a sentir que puede rezar por sus enemigos?

—Quieras o no lo quieras, hay que rezar por tus enemigos y por los que no nos quieren, y por los agobiados, por los malos pensamientos. Tenemos que rezar y desearles lo mejor. Quieran o no, ellos tienen que librar el cuerpo del mal.

Con el tiempo, él solo piensa, siempre insiste en lo suyo, quiere realizar sus planes. Cuando ve que no puede, comprende que el Señor lo protege; quisieras desaparecer a toda costa, huír, pero no puedes. Por cuanto más mal te desee, de Dios recibes mucho más el bien. Yo veo que no soy bueno. A pesar de que yo le deseo mucho mal, él se siente ahora mejor. Eso significa que no soy justo. No soy ni bueno, porque Dios da su mano a la persona que yo no deseo el bien y a mí me devuelve lo que yo le deseo al prójimo. Me pregunto: «¿cómo es posible esto? Si soy yo el devoto, yo voy a la Iglesia…». De nada te vale, si guardas el mal dentro de ti. Los pensamientos te definen la vida. No puedes ser bueno si el mal invade tus pensamientos. De ti constantemente emana lo negativo, el mal.

Por eso debemos ser pacíficos y tranquilos, llenos de amor y bondad. Deja que la gente piense lo que quiera de nosotros. Que nos regañen, nosotros seguiremos bendiciéndolos y les desearemos siempre el bien

—Hay quien piensa que la droga lo llevará a un estado místico, que le posibilitará el contacto con las fuerzas mayores.

—Eso es un engaño. El hombre no puede alcanzar nada con narcóticos. Sólo puede perturbar el sistema nervioso y nada mas. Si puede, si quiere lograr algo bueno, pensar en el bien, pero no puede el hombre beber un aguardiente fuerte, embriagarse diariamente y ser bueno. Eso es imposible.

—¿Qué opina de la televisión? La gente gasta mucho tiempo en la televisión. Eso es quizás también un tipo de narcótico.

—Eso es lo mismo. Tienen que dedicarse a algo. Puesto que no rezan, tienen que practicar alguna oración, mirar imágenes o alguna función. Algo tienen que mirar. La mente tiene que estar ocupada. Tiene que hacer cualquier cosa.

—¿Se ha cansado usted?

—Los ancianos siempre están cansados.

—Muchas gracias. ¿Quiere decir algo más al final de la entrevista?

—Sean buenos. Se verán también a sí mismos. Se verán a sí mismos porque prestan atención a los pensamientos y a los deseos buenos, y no prestan atención a las injurias. Dejen que los injurien. El que no ofende se libra de todo lo negativo.

—Cuando habla de tiempos pasados, sobre lo que alcanzó, ¿existe algo que usted hoy quisiera hacer mejor, si se le presentara la oportunidad?

—Por supuesto que haría muchas cosas más si pudiera, pero el tiempo pasó. Ahora no puedo.

—Su experiencia puede sernos muy valiosa, si nos dice qué es lo que debe hacerse mejor…

—Todo lo que un hombre joven pueda hacer, debe hacerlo, debe esmerarse. Aunque le parezca que es en vano, no será en vano, le será útil. No sólo a él, sino también al prójimo. El prójimo te imitará. Dirá: «Si puede él, puedo yo también». Puesto que vive para sí, para su familia y para su prójimo, Dios quiera, todo saldrá bien. Ven como El Señor nos hace milagros. Nuestra gente obra de una y de repente de otra manera… y después nos extrañamos cuando las cosas salen de una manera completamente distinta.

—Bueno. Gracias nuevamente…

—Gracias a Dios.

—Bendiga

—Dios bendice, Dios reconforta. Que os reconforte y aliente, dé fuerzas. El mundo le pertenece a los jóvenes. Debemos transmitir al prójimo, a los jóvenes, nuestra experiencia. La experiencia del bien. Todo el bien proviene del pensamiento. Todo trabajo se realiza basándose en el pensamiento. No podemos alcanzar nada sin el pensamiento. Cuando las ideas son tan fuertes, debemos esforzarnos en retener en nuestras vidas aquellas ideas que nos son útiles, a nosotros mismos, al prójimo, y a las generaciones más jóvenes. Todo lo bueno debemos multiplicar.


Esta conversación mantenida con el Padre Tadej ha sido grabada en el monasterio Kovilj, el día 2 de abril del año 2002 entre la s 9 y las 11 horas de la mañana. A este encuentro, citado por mediación del obispo Porfirije, el padre Tadej llegó a la hora exacta desde la cercana ciudad de Backa Palanca, acompañado por su anfitrión en cuya casa permaneció entonces.

Caminaba lentamente, respiraba con dificultad, hablaba despacio y en voz muy baja. Me enteré que estaba enfermo y muy débil, pero que podía y que quería hablar.

Cuando nos conocimos y nos sentamos uno enfrente del otro, no me preguntó nada y permanecía callado. Un silencio solemne, me parecía durar eternamente, pero eran apenas uno o dos minutos mientras mis colegas chequeaban el funcionamiento de la cámara y del micrófono. Sin embargo, su mirada lo decía todo. Tuve la sensación de que con la mirada me planteaba algunas preguntas y que yo respondía tácticamente a las mismas. Creo que nunca voy a olvidarme del brillo en los ojos curiosos del Padre Tadej, brillo lleno de fervor y vida, totalmente contrario a su vejez y salud delicada que lo acompañaba desde el nacimiento.

Al final de la entrevista se retiró lentamente, sin pronunciar una sola palabra, dejando un vacío que parecía decir que ya basta de conversaciones y que ya no tenía necesidad de hablar más. Según mis conocimientos, nunca más fue visto en público.

Encontró la paz eterna el 16, y fue enterrado el 19 de abril del año 2003 en el monasterio Vitovnica. Las imágenes de su tumba que verán a continuación, fueron hechas a fines de agosto del año 2003.

Velja Pavlovic

Traducción Biljana Skrobonja

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