«Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10)

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† Evangelio según San Lucas 17,7-10

Supongamos que uno de ustedes tiene un sirviente arando o cuidando los animales, cuando éste vuelva del campo, ¿le dirá que pase en seguida y se ponga a la mesa? No le dirá, más bien: prepárame de comer, ponte el delantal y sírveme mientras como y bebo, después comerás y beberás tú. ¿Tendrá aquel señor que agradecer al sirviente que haya hecho lo mandado? Así también ustedes: cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: Somos simples sirvientes, solamente hemos cumplido nuestro deber.

 

San Silouan

Escritos: Unos servidores sin importancia.

«Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10).

Hay muchos grados de humildad. El que es obediente y se reprocha a sí mismo en todas las cosas, eso es humildad. Otro se arrepiente de sus pecados y se considera un miserable delante de Dios. Esto, también es humildad. Pero la humildad del que ha conocido al Señor por el Espíritu, es otra: su conocimiento y sus gustos son diferentes.

Cuando en el Espíritu Santo el alma ve cuán dulce y suave es el Señor, se humilla a sí misma hasta el máximo. Esta humildad es del todo particular y nadie puede describirla. Si los hombres pudieran saber, por el Santo Espíritu, qué Señor tenemos, cambiarían enteramente: los ricos despreciarían sus riquezas; los sabios, su ciencia; los gobernantes su poder y prestigio. Todos vivirían en una profunda paz y amor, y sobre la tierra reinaría un gozo grande.

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