El alma que ha conocido a Dios no puede encontrar reposo en la tierra

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El alma que ha conocido a Dios, su Creador y Padre celeste, no puede encontrar reposo en la tierra. Y piensa: «Cuando comparezca ante Dios, imploraré su misericordia para todos los cristianos». Pero al mismo tiempo piensa: «Cuando vea su Rostro adorado, la alegría me impedirá hablar, pues no es posible pronunciar una sola palabra cuando se está lleno de tan gran amor». Y de nuevo piensa: «Oraré por el mundo entero para que todos los hombres retornen a Dios y encuentren reposo en él, pues el amor divino desea a todos la salvación». (…)

El Señor ha dicho: «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» y «vosotros en mí y yo en vosotros» (Jn 14, 10.20). Nuestra alma siente que el Señor está en nosotros y por eso no puede olvidarlo ni siquiera un instante.

¡Qué ternura! El Señor desea que estemos en él y en el Padre.

Pero, Señor, ¿qué hemos hecho por ti, o en qué te hemos sido gratos, para que Tú desees estar con nosotros y que nosotros estemos en Ti? Nosotros te hemos crucificado por nuestros pecados, ¿y tú quieres que estemos contigo? ¡Qué bondad tan grande! La veo derramada sobre mí. Soy digno del infierno y de todos sus tormentos, pero Tú, Tú me das la gracia del Espíritu Santo.

Y si me has concedido a mí, pecador, conocerte por el Espíritu Santo, te lo suplico, Señor: date a conocer a todos los pueblos.

Archimandrita Sophrony, Escritos de san Silouan el Athónita, Cap. 5

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