¿Qué repercusión han tenido los avances tecnológicos de los últimos años en los individuos?

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¿Qué repercusión han tenido los avances tecnológicos de los últimos años en los individuos? He aquí como responde a esta pregunta un filósofo psiquiatra, el doctor Erich Fromm: «Nuestra sociedad occidental contemporánea, a pesar de su progreso material, intelectual y político, ayuda cada vez menos a la salud mental y tiende a socavar la seguridad interior, la felicidad, la razón y la capacidad para el amor del individuo; tiende a convertirlo en un autómata que paga su frustración como ser humano con trastornos mentales crecientes y una desesperación que se oculta bajo un frenético afán de trabajo y supuestos placeres».

Nuestros “crecientes trastornos mentales” pueden manifestarse en síntomas neuróticos. Estos síntomas son claros y causan una zozobra extrema. Pero «huyamos —dice el doctor Fromm— de definir la higiene mental como la prevención de los síntomas. Los síntomas no son como tales nuestro enemigo, sino nuestro amigo; donde hay síntomas hay conflicto y el conflicto siempre indica que las fuerzas vitales que luchan por la integración y la felicidad siguen combatiendo todavía».

Donde cabe hallar a las víctimas realmente incurables de la enfermedad mental es entre quienes parecen los más normales. «Muchos de ellos son normales porque se han ajustado muy bien a nuestro modo de existencia, porque su voz humana ha sido acallada a la edad tan temprana de sus vidas que ya ni siquiera luchan, padecen o tienen síntomas, en contraste con lo que al neurótico le sucede». Son normales, no en lo que podría llamarse el sentido absoluto de la palabra, sino únicamente en relación con una sociedad profundamente anormal. Su perfecta adaptación a esa sociedad anormal es una medida de la enfermedad mental que padecen. Estos millones de personas anormalmente normales, que viven sin quejarse en una sociedad a la que, si fueran seres humanos cabales, no deberían estar adaptados, todavía acarician “la ilusión de la individualidad”, pero de hecho han quedado en gran medida desindividualizados. Su conformidad está derivando hacia algo que se parece a la uniformidad. Pero «uniformidad y libertad son incompatibles. Uniformidad y salud mental son incompatibles también… El hombre no está hecho para ser un autómata y, si se convierte en tal, la base de la salud mental queda destruida».

Aldous Huxley, Nueva visita a un mundo feliz, Cap III.

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