Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso

Santa Teresita del Niño Jesús J. M. J. T. Ofrenda de mí misma, como víctima de holocausto, al amor misericordioso de Dios. ¡Oh, Dios mío, Trinidad Bienaventurada!, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las almas que están en la tierra y librar a las que sufren en…

Oración de Santa Teresita a la Virgen María

Para que una hija pueda a su madre querer, es necesario que ésta sepa llorar con ella, que con ella comparta sus penas y dolores. ¡Oh dulce Reina mía!, cuántas y amargas lágrimas lloraste en el destierro para ganar mi corazón, ¡oh Reina! Meditando tu vida tal como describe el Evangelio, yo me atrevo a…

«Historia de un alma»

Portada de la edición de 1940 del libro Historia de una Alma (l’Histoire d’une Âme). «Presiento que mi misión va a comenzar: mi misión de hacer amar a Dios como yo lo amo y de enseñar mi caminito a las almas» (Útimas Conversaciones, 17 de julio de 1897) El 20 de septiembre de 1898, M. Inés…

Caridad

Entonces, para no ceder a la antipatía natural que experimentaba, me dije a mí misma que la caridad no debía consistir en simples sentimientos, sino en obras, y me dediqué a portarme con esa hermana como lo hubiera hecho con la persona a quien más quiero. Cada vez que la encontraba, pedía a Dios por…

Simpatía

Al ver que Celina se había encariñado de una de nuestras profesoras, yo quise imitarla; pero como no sabía ganarme la simpatía de las criaturas, no pude conseguirlo. ¡Feliz ignorancia, de cuántos males me ha librado…! ¡Cómo le agradezco a Jesús que no me haya hecho encontrar más que «amargura en las amistades de la…

¡La ciencia del amor!

No creas que estoy nadando entre consuelos. No, mi consuelo es no tenerlo en la tierra. Jesús me instruye en secreto, sin mostrarse, sin hacerme oír su voz; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo. Pero a veces viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final…

Verdadera alegría

De un año y medio a esta parte, Jesús ha querido cambiar la forma de hacer crecer a su florecita; sin duda pensó que estaba ya suficientemente regada, pues ahora es el sol quien la hace crecer. Jesús no quiere ya para ella más que su sonrisa divina, y esa sonrisa se la da también…

¡Mi vocación es el amor!

Jesús mío, ¿y tú qué responderás a todas mis locuras…? ¿Existe acaso un alma más pequeña y más impotente que la mía…? Sin embargo, Señor, precisamente a causa de mi debilidad, tú has querido colmar mis pequeños deseos infantiles, y hoy quieres colmar otros deseos míos más grandes que el universo… Como estos mis deseos…

El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo

Usted, Madre, sabe bien que yo siempre he deseado ser santa. Pero ¡ay!, cuando me comparo con los santos siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que los caminantes pisan al andar. Pero en vez de…