Aborto

Del libro: “¡Sáquennos de aquí! Entrevista a María Simma” de Nicky Eltz

—¿Qué opina del aborto?
— El aborto es la mayor guerra y el horror más grande de todos los tiempos. Satanás, aprovechándose de esta sociedad lisiada, ha logrado matar a muchos inocentes como si fueran un enjambre de mosquitos. ¡La reparación por este crimen será enorme! No deseo hablar más sobre este asunto.

—Si una mujer admite que su aborto fue un gran pecado, ¿qué debe hacer para estar segura de que Jesús lo ha borrado? ¿Puede contestar a esta pregunta o prefiere que cambiemos de tema?
—No, está bien.
La mujer debe inmediatamente confesarse con un sacerdote y pedirle perdón a Jesús con total sinceridad. Luego deberá hacer una penitencia profunda y de corazón para sentirse nuevamente en verdadera paz. Deberá también dar un nombre al niño para que este se sepa aceptado y amado en la familia a la que pertenece y para que ingrese en el Libro de la Vida. Debe pedirle perdón a su hijo y, por último, debe bautizarlo y mandar celebrar una misa en su nombre como ya expliqué. Si todo esto se hace con un corazón humilde y arrepentido, entonces será suficiente.

—Tras hacer todo esto, ¿queda algún efecto pendiente?
—Sin tener en cuenta que la madre nunca olvidará lo que ha hecho, las almas del purgatorio me han dicho que la madre verá en el Cielo el lugar vacío donde habría estado su hijo tras haber vivido una vida completa. Pero porque el Cielo es el Cielo no existirá ningún dolor de ningún tipo al respecto.

—¿Se castigarán todos los abortos de la misma manera?
—No, porque en la actualidad sucede con frecuencia que las adolescentes son forzadas por sus padres o por la sociedad a realizar un aborto. En esos casos, la mayor parte de la responsabilidad es de los adultos que las llevan a esta situación. Los médicos que se lucran del aborto, y los medios de comunicación y los gobiernos que reducen la conciencia de la sociedad serán penados severamente. También las industrias médicas y cosméticas que utilizan derivados del feto para desarrollar otros productos descubrirán la enormidad de sus pecados. Debemos rezar mucho por todos ellos.

—Muchas mujeres de EE.UU., y del resto de Occidente y también, supongo, de Oriente, dicen que pueden hacer lo que quieran con su cuerpo y con lo que llevan dentro. ¿Qué les diría?

—¡¿Cómo se atreven a hacer a un niño indefenso lo que nunca permitirían que se les hiciera a ellas mismas cuando llegue el momento de estar tan indefensas como para defenderse?! ¡Qué rápido actúan para denunciar a un vecino cuando una rama de su árbol se cae y daña parte de su propiedad! Pero cuando quitan una vida es su derecho, y nadie se atreve a intentar interceder por esa vida. Son personas muy pobres que necesitan de nuestra oración diaria para liberarse de su egoísmo, arrogancia y confusión.”

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