El cielo en la tierra

Homilía Corpus Christi – Mons. Munilla Aguirre (Obispo de San Sebastián)

Es una alegría muy grande compartir esta Eucaristía con todos, con toda la diócesis y, de una manera muy especial, teniendo tan cerca a los que habéis hecho la Primera Comunión este año. Porque vosotros nos ayudáis a todos los demás a caer en cuenta del don tan grande que hemos recibido y que quizás no apreciamos suficientemente. Sois un regalo para nosotros porque sois una buena oportunidad para decir: ¿qué es la Eucaristía y qué es este Jesús que vamos a recibir ahora mismo?

Yo quisiera decir cuatro cosas, cuatro cositas que me parecen muy importantes para entender qué es la Eucaristía:

Si os fijáis esto es como un semicírculo y en medio está ese altar, ese altar de piedra, y además veis que está como subido unos escalones, ¿no? El altar está como en un pequeño montículo en unos escalones ahí y eso nos recuerda que ese altar representa un lugar, un sitio en el que aconteció algo muy importante: era el Gólgota un pequeño montículo, un pequeño monte que se llamaba Gólgota que estaba en Jerusalén. Pues sí, cada vez que asistimos a la Eucaristía es como si subiésemos a ese monte, a ese montículo, que se llama el Gólgota donde Jesús fue crucificado y donde fue enterrado y resucitó. Ese lugar llamado el Gólgota está aquí presente en este momento en la Catedral de San Sebastián. Cada vez que celebramos la Eucaristía, fijaos bien, es como si entrásemos en una máquina de tiempo que llegamos hasta hace 2000 años a lo que pasó allí en Jerusalén, y entonces nosotros estamos como María al pie de la Cruz, siendo testigos de que Jesús entrega su vida por la salvación de todos nosotros. Y estamos corriendo a ese sepulcro que estaba vacío y vemos que la piedra estaba movida y que Jesús ha resucitado. Celebrar la Eucaristía, escuchad esto bien, es hacer un gran viaje, en el tiempo, en realidad no es que seamos nosotros los que por la máquina del tiempo vayamos hace 2000 años, más bien es Jesús el que viene hasta nosotros y vuelve a entregarse como hizo hace 2000 años, entregar su vida en la Cruz por la salvación de toda la humanidad. Asistir a la Eucaristía, participar en ella es ser testigo de la entrega de Jesús en la Cruz y de su Resurrección. Decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección”. ¿Y como acontece este Milagro? No hay una máquina del tiempo, eh, eso sale en los dibujos animados, no existe máquina del tiempo. ¿Sabéis como hacemos eso? Por un Sacramento: El Sacramento de la Eucaristía hace este gran Milagro de traer a Jesús 2000 años después como si hubiésemos estado allí presentes. ¡Qué importante es la Eucaristía! Para no olvidarla nunca. Nunca.

En segundo lugar, Jesús, en la Eucaristía, está, no sólo está ofreciendo su vida por la salvación del mundo y luego se va, no, no se va, permanece con nosotros. Él nos dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Y nos acordamos que más allá de la celebración del Sacramento, Jesús permanece con nosotros. Y le reservamos en el Sagrario, ese lugar en el que veneramos, adoramos Su Presencia. Hoy vamos a hacer una cosa especial, con vosotros, que es acompañarle a Jesús desde aquí, cuando termine la Misa, hasta Adora. Adora es la capilla de la Adoración Perpetua donde, pues muy cerquita de aquí, tenemos ese Signo de la Presencia de Jesús. Él está allí, continuamente, 24 horas al día, todos los días del año. Jesús está continuamente entre nosotros. Permitidme deciros a todos: Ojalá en este día del Corpus recibamos muchas llamadas personales a ser adoradores, a dedicar tiempo a estar delante de Jesús. Porque cuando, con fe, nos ponemos delante de la Eucaristía, y dejamos que Jesús nos hable, como quien va a tomar un baño de sol, va a tomar un “baño de Eucaristía”, sale transformado, sin duda. Ponerse en presencia de Cristo, delante del Sagrario es dejarse transformar por Él. Él está entre nosotros, lo vamos a visualizar en la procesión del Corpus, y en esa Capilla de la Adoración Perpetua a la que vamos, que debería ser un lugar querido por todos nosotros y que visitásemos con mucha frecuencia.

En tercer lugar, comulgar bien es prepararse para el Cielo. Sí, prepararnos para el Cielo. Es la preparación para el alimento que necesitamos para la Vida Eterna. “Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. Prepararnos para el Cielo. El Cielo comienza aquí cuando recibimos a Jesús y nuestra vida comienza a resucitar, cada vez que comulgamos bien. Es como un pequeño adelanto de la Resurrección: Comulgar bien. El mayor drama que puede existir entre nosotros, escuchadme bien todas las familias porque esto es importantísimo: El mayor drama es que no tengamos hambre y sed de Dios. Ese es el mayor drama. Fijaos que en el Tercer Mundo hay un gran drama eh, que la gente muere de hambre. Aquí entre nosotros, en esta Europa secularizada, el gran drama es que no tenemos hambre y sed de Dios. Ojalá… la Virgen María es la persona más adecuada para que le pidamos esto: crecer en hambre y sed de Dios, de comulgar bien, de que la Eucaristía nos acompañe en todos los momentos de nuestra vida, que no sea un acto puntual, que sea un crecimiento continuo en nuestra amistad con Dios.

Cuarto aspecto de la Eucaristía importantísimo para señalar es que estamos todos en este semicírculo, en medio de ese altar donde se va a hacer presente Jesús. Unirnos a Jesucristo es unirnos entre nosotros, es comunión: común unión de los que participamos de Jesucristo y a mí me importa, me afecta todo lo que les pase a los demás. Lo que dijo san Pablo: “¿quién llora sin que yo llore con él? ¿quién ríe sin que yo no ría con él? Yo participo de las alegrías y de los sufrimientos de mis hermanos porque todos estamos unidos a Jesucristo y nos duele el mundo, claro que nos duele el mundo. No podemos menos que sufrir, ¿cómo no vamos a sufrir, viendo que tantas personas a las que Jesús quiere también están sufriendo en este mundo? Hoy es el día de Cáritas, uno de los días especiales de Cáritas, porque comulgar es tener la común unión en Jesucristo.

Cuatro aspectos, pues, hemos hablado. Que se queden grabados en nuestro corazón. Estamos en la Catedral del Buen Pastor pero en realidad no, estamos en el monte Gólgota, asistiendo a ese acontecimiento en el que Jesús entrega su vida y resucita por nosotros. No nos olvidemos nunca de ello y vamos a hacer un gesto que es recordar que Jesús permanece más allá de esta Misa continuamente entre nosotros en la reserva Eucarística. Y a la Virgen María le pedimos que aumente nuestra hambre y sed de Dios y que como Madre que es nos una a todos nosotros como hermanos en torno a este Jesús que nos dice: “Amaos unos a otros yo os he amado”.

About

https://www.facebook.com/carolina.dejesus.138

0 comments on “Homilía Corpus Christi – Mons. Munilla Aguirre (Obispo de San Sebastián)

Deja un comentario

error:
%d bloggers like this: