Abraham salió de su casa sin saber adónde se dirigía

Abraham salió de su casa sin saber adónde se dirigía.Una existencia itinerante, desde la salida del sol hasta el ocaso, con los ojos siempre en el horizonte. No iba demasiado bien equipado; salió sin saber a dónde ir. Pero, a pesar de la dureza del camino –a causa de la lluvia, las tormentas de arena, el viento y el sol abrasador del desierto–, seguía adelante, pensando en esa ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Ése era su horizonte: el lugar que Dios le había preparado. Pero cuando Abraham alcanzaba el horizonte de su largo viaje, allí, en la lejanía, encontraba otro, llamándole, y hacia él se encaminaba. Los horizontes deben siempre alcanzarse y perderse… Es preciso montar las tiendas para pasar la noche y levantarlas cuando aparece la luz del alba… Debemos viajar ligeros si queremos seguir el paso de Cristo.

Neville Ward

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