Thomas Merton

Orar por nuestro descubrimiento

Existe un punto donde puedo encontrar a Dios en un contacto real y experiencial con Su realidad infinita. Éste es el «lugar» de Dios, Su santuario, el punto donde mi ser contingente depende de Su amor: dentro de mí mismo es una cima metafórica de existencia en la que mi Creador mantiene a mi ser con vida.

Dios me pronuncia como una palabra que contiene parte de Su pensamiento.

Una palabra nunca será capaz de abarcar la voz que la pronuncia.

Pero si soy conforme al concepto que Dios expresa en mí, si soy conforme al pensamiento que Él quiso que yo encarnara, me llenaré de Su realidad, Lo encontraré por todas partes en mí, y yo no me encontraré en ninguna. Estaré perdido en Él: es decir, me encontraré a mí mismo. Seré «salvado». (…)

Nuestro descubrimiento de Dios es, en cierto modo, ser descubiertos por Él. No podemos ir a buscar a Dios en el cielo, porque nos resulta imposible saber dónde está o qué es el cielo. Él baja del cielo y nos encuentra. Nos ve desde el fondo de Su infinita realidad, que está en todas partes, y Su mirada nos da un nuevo ser y una nueva mente en la que nosotros lo descubrimos. Conocemos a Dios tan sólo en la medida en que somos conocidos por Él, y nuestra contemplación de Él es una participación en Su contemplación de Sí mismo.

Thomas Merton, Nuevas semillas de contemplación.

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