La aridez y la noche oscura

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Les ofrezco una parábola que está basada en una historia escrita por Gerald Heard que se titula Dryness and the Dark Night (“La aridez y la noche oscura”).

Cuenta que cierto científico le dedicó su vida a desarrollar una especie de mariposas que tendría la más hermosa combinación de colores jamás vista en el universo. Después de experimentar varios años, llegó en una ocasión a la certeza de que había logrado la crisálida de la cual saldría su obra maestra genética. El día que se suponía que la mariposa saliera a la luz del día, el científico reunió a todos sus empleados. Todos contenían la respiración mientras miraban cómo la nueva criatura trataba de escaparse de su prisión. Logró zafar el ala derecha, el torso, y la mayor parte del ala izquierda. Cuando ya todos se disponían a destapar el champán y disfrutar de un buen puro de los que científico había preparado para la ocasión, presenciaron horrorizados que la extremidad del ala izquierda de la mariposa estaba atascada en la boca del cascarón de la crisálida. Batía desesperadamente su otra ala tratando de zafarse, y mientras más luchaba, más parecía debilitarse. Cada nuevo esfuerzo parecía más difícil que el anterior, y los intervalos que separaban los esfuerzos parecían hacerse cada vez más largos. Finalmente el científico no pudo aguantar más la tensión, agarró el bisturí y rebanó una difunta sección del orificio del cascarón por donde estaba saliendo la mariposa. Con un esfuerzo máximo, la criatura se liberó y cayó sobre la mesa del laboratorio. Todo el mundo aclamó el suceso y agarraron el champán y los puros. De repente un profundo silencio se apoderó de todos. Aun cuando la mariposa se había liberado, no podía volar.

La lucha de la mariposa para escapar del cascarón que la contiene como crisálida es la forma en que la naturaleza hace que la sangre fluya a las extremidades de la misma para que cuando salga pueda disfrutar su nueva existencia y volar libremente. Al intentar salvarle la vida, el científico había truncado la capacidad para volar de la criatura. Una mariposa que no vuela es en sí misma una contradicción.

Este es un error que Dios no va a cometer. Hay que saber interpretar e imaginar a Dios (…); en su infinita bondad se abstiene de venir de prisa a socorrernos cuando estamos luchando con una tentación o tenemos dificultades. No intervendrá abiertamente porque sabe que esa lucha está abriendo y preparando canda rincón de nuestro ser para recibir la divina energía de la Gracia santificante.

Thomas Keating, Invitación a amar, Cap. XII

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