De la explicación mítica a la explicación científica

Vale para un cuento mágico y vale para un nenúfar en flor, y vale para un versículo bíblico: de la explicación mítica hay que poder pasar a la explicación científica… pero en un ida-y-vuelta (sin retrocesos, sino en tirabuzón), para que la pálida lógica recobre color. La explicación lógica o científica no alcanza. Suma pero no alcanza. Pero hay que hacer la experiencia de insatisfacción, del non-satis, de lo incompleto, para reclamar el vuelto, para reclamar la espiralada vuelta… el lúdico semper-magis. El logos no debe avanzar solo su camino, emancipado del mito. Ha de retornar a la casa del mito y fecundarlo. Para que de esa expiración conjunta surja una verdad superadora de ambos… uno con ambos, distinto a ambos.

Por poner un caso cualquiera: el monasterio estaba hasta hace pocas semanas envuelto en un espectáculo mágico de cobres y bronces: el otoño es realmente fabuloso, increíble. Y ante un cerezo o el viñedo con sus hojas otoñales (donde no hay dos iguales, y viran de los rojos furiosos a los naranjas y amarillos) uno ha de poder partir del mito precario: los celtas, por ejemplo, que decían que había fuego en el adentro de ciertas cosas, un fuego triste, que era cántico de añoranza. Hay un fuego triste en el cerezo. Hacer la pascua del logos y decir: no, no es cierto. Se pone roja la hoja porque la savia, blablabla… Y ahí hay que poder mostrar «magnanimidad intelectual». No mera poética sensibloide. Percatarse de que esa explicación es INSUFICIENTE. Y entonces superar la negación: ni hay fuego en las cosas ni hay no-fuego en las cosas: hay otro fuego, un misterio ígneo con que todo fue hecho en la luz primordial (Génesis, primer día). Y hay otra tristeza, que es el gemido de la creación entera, llorando con Adán a las puertas del paraíso clausurado, aguardando la liberación final….

Padre Diego de Jesús, Presentación del libro “Mito, Plegaria y Misterio”, Buenos Aires, 17 de junio 2015.

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