Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los humildes. Sí, Padre, así te ha parecido mejor» (Mt 11,25-26): que a los pequeños se les diera el pequeño que «ha nacido por nosotros» (Is 9,5). La altura de los soberbios, en efecto, siente una absoluta repugnancia hacia la humildad de este pequeño, y «lo que es exaltado ante los hombres es detestable« (Lc 16,15) ante quien, aunque estando realmente alto, se ha hecho pequeño por nosotros. Sin duda, solo con los pequeños está en armonía este pequeño, y solo descansa en los humildes y en los pacíficos. Por tanto, como los pequeños, gloriándose en él, cantan: «Un niño nos ha nacido» (Is 9,5); también él se gloría en ellos, diciendo: «Aquí estamos yo y mis hijos que Dios me ha dado» (Is 8,18; Heb 2, 13).

Guerrico de Igny, Quinto sermón sobre la Navidad, 3.

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