Disponerse a la oración como es debido

Todos padecemos un mal no pequeño, a saber: mientras que respecto de cualquier otro asunto no nos ponemos a ello sin una cierta preparación, por pequeña que sea, a la oración nos acercamos de cualquier manera y tendemos a hacerla lo más deprisa posible, como si fuera un asunto banal, algo añadido a nuestras ocupaciones, y no la más importante de todas.

De este modo, ¿cómo vamos a estar en oración con la mente y los sentimientos recogidos? Así resulta ella, con bastante desorden.

No actúe usted de esta forma; trate de rechazar este pecadillo y no se permita de ningún modo comportarse a la ligera con respecto a la oración. Convénzase de que relacionarse así con la oración es un delito, un delito gravísimo, merecedor de un proceso penal.

Vea la oración como lo primero en su vida, y téngala en esta consideración en su corazón. En consecuencia, dedíquese a la oración como la tarea principal que es, y no como algo secundario.

Esfuércese. Dios vendrá en su ayuda, pero usted ha de procurar cumplir lo que se le prescribe. Si lo hace así, pronto, muy pronto, empezará a ver frutos. Sentirá la dulzura de la verdadera oración. Y entonces esa misma dulzura la atraerá a la oración y la animará a esforzarse para orar con atención.

¡Que el Señor la bendiga!

Teófanes el Recluso, Qué es la vida espiritual y cómo perseverar en ella, Carta 48.

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