15442216_1166358446787709_4137174483747995675_n

En aquella época se reconocía que cada momento trae consigo un deber que hay que cumplir con fidelidad, y eso bastaba para los espirituales de entonces.

Toda su atención se concentraba en ello momento a momento, a semejanza de la aguja que marca las horas y que, cada minuto responde al espacio que debe recorrer.

El espíritu de aquellos hombres, movido sin cesar por el impulso divino, se encontraba insensiblemente orientado hacia el nuevo objeto que se ofrecía a ellos, según Dios lo quería, a cada hora del día.

Los deberes de cada momento son las sombras bajo las cuales se oculta la acción divina… Así… los deberes de cada instante, bajo sus oscuras apariencias, ocultan la verdad del querer divino, único que merece nuestra atención.

… ¿Qué descubren en ellos bajo la apariencia común de los acontecimientos que los van llenando? Lo que se ve de fuera es semejante a lo que ocurre a los demás; pero lo invisible que la fe descubre y discierne en ellos es nada menos que Dios obrando grandes maravillas.

¡Oh pan de los ángeles, maná celestial, perla evangélica, ‘sacramento del momento presente’!

Con este texto clásico podemos comprobar que eso de lo que tanto se habla hoy en día -vivir el ahora, vivir el presente es algo que forma parte de nuestra tradición espiritual.

Una de las condiciones indispensables para conquistar la libertad, la mirada interior, en definitiva, para conocernos a nosotros mismos y que se nos revele el Amor Incondicional de Dios, es la capacidad de vivir el momento presente. Es este tema absolutamente fundamental para vivir la vida con penetración y sabiduría.

Jean-Pierre de Caussade, S.J.

Deja un comentario