Amedeo Cencini

El escándalo de pocos es el resultado de la mediocridad de muchos

«Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios» (Mt 5, 8)

Es importante ver estas cosas no sólo desde una perspectiva individual, sino el evento desde una perspectiva comunitaria, colectiva, relacional.

La invitación a ser vigilantes del Evangelio, que leemos en el tiempo del Adviento, es una invitación muy apropiada, muy adecuada, muy inteligente, muy oportuna, típica del hombre que atiende, típica del hombre que tiene una pasión, que tiene una espera, entonces se hace vigilante.

Vamos a partir del hecho que por algunos puede ser interpretados de dos maneras. Para algunos es un signo de que el problema no es tan grave, tan serio, tan preocupante. Para otros puede ser un signo de algo distinto, de diferente. La pequeñez de los números, de los autores de los escándalos. La pequeñez relativa a la masa global de los sacerdotes que nunca cometerían estos crímenes.

Pero es precisamente esta gran mayoría pura y casta, que debería tener el valor de pensar con cuidado no solamente la cantidad sino el otro aspecto: la calidad de la vida y del testimonio de conservación en la virginidad y el celibato. A esta calidad a la que también el sistema iglesia debería seriamente prestar atención. A menos que no se decida que para ser célibes basta no abusar de los menores, y en cualquier caso no cometer escándalos.

Reflexión cuidadosa significa mirada profunda que tal vez necesita los modernos medios de investigación para llegar a una verdadera percepción del problema.

La propuesta de análisis es la curva de Gauss. Si la estadística nos dice reconfortando y tranquilizando a alguien que sólo un pequeño grupo es el que cometió estas acciones vergonzosas es siempre la estadística que nos sugiere esta imagen, detrás de la cual se pudiera ocultar una verdad inquietante y quizás sin precedentes. Es lo que la estadística llama la Curva de Gauss. Imaginemos una onda (curva), observémosla mientras empujada por el viento se mueve desde una situación de calma o desde un nivel cero, y poco a poco sube hasta llegar a su punto vertical máximo para después lentamente descender al nivel cero. Si detenemos la imagen y observamos el cuadro de lado, desde la playa, vamos a ver como dos extremidades dispuestas en ambos lados, izquierdo y derecho, de muy baja elevación, como dos polaridades opuestas y juntas en los mismos niveles, donde nace la onda y donde la orden termina. Mientras que en el centro tendríamos la parábola ascendente y descendente de la onda en sí.

¿Qué dice este principio estadístico? Es, después de todo, el principio de la correspondencia de los extremos. Cuando, en una población, tal como la del clero, se producen por un lado conductas de clara gravedad, es de suponer que en otro extremo se llevarán a cabo conductas diametralmente opuestas, por lo tanto, en el otro extremo tendremos conductas absolutamente positivas, de un celibato o virginidad absolutamente positivos. Los dos grupos son iguales, son pocos en el negativo, pero si son pocos, en el otro extremo serán pocos también. Es un principio de estadística, no es Evangelio, pero la investigación científica dice que muchas veces ocurre así.

El problema es la gran mayoría que habita en el centro, la masa, que no es ni escandalosa ni virtuosa, no es fría ni caliente, no es pecadora ni santa, es la gran masa, ni demasiado ejemplar o virtuosa ni extravagante o transgresiva, ni fría ni caliente, es TIBIA. Podría ser como la fotografía de la situación de hoy.

Volvemos al análisis. Si distribuimos al extremo izquierdo del grupo bastante pequeño de sacerdotes autores de escándalos, deberíamos poner a la extremidad derecha al grupo que se opone a ellos, pero no sólo porque no han cometido esas cosas horribles sino porque viven una virginidad genuina, convencida, llenan de amor, son los que viven un verdadero celibato o virginidad basados en el amor a Dios y al hombre, estos ejemplares, no son puros y perfectos, tal vez también han podido tener la experiencia de su debilidad, han caído, pero para recuperar y tener una nueva experiencia del Dios fiel.

¿Cuándo una persona vive bien su opción celibatal y virginal? No solamente cuando es un observante sino cuando identifica su opción virginal como una manera de testimoniar la verdad del corazón humano. Este es el auténtico objetivo de la virginidad. Es una opción que tiene un sentido que tiene que ser testimonial, ¿cuál es este sentido? La verdad del corazón humano. Porque la virginidad paradójicamente dice que cada ser humano es virgen. Virginidad significa que en el corazón humano hay una sed de afecto, de amor, que solamente Dios puede llenar. No existe criatura, nadie y nada puede responder a esta sed de afecto humano. El corazón humano no tiene límites. Es la Palabra de hoy. Dios crea al hombre y lo hace según su semejanza, y esta semejanza significa esto: un corazón que no tiene límites en el amor. Y esto es el sentido de la virginidad, nosotros creemos en esto, hemos elegido la virginidad exactamente para testimoniar esto y para decirlo a todos también. Este es el particular testimonio de la virginidad: en el corazón humano hay esta sed de infinito, de amor que no tiene límites, y que solamente Dios puede llenar. En este sentido cada corazón humano tiene este espacio virginal. La virginidad paradójicamente es una vocación universal. Dice la verdad del corazón humano, es un evento antropológico. Con buena paz de los que creen y repiten que el celibato va en contra de la naturaleza humana. Este es el profundo sentido.

Claro que es una verdad sociológicamente débil. Si vamos a la televisión pública esta noche y en un Talk Show televisivo vamos a decir que “todo hombre y toda mujer es virgen y es llamado a ser virgen”, yo no sé qué tipo de reacción podríamos provocar, sería como un idioma extraño que nadie puede entender y todos dirán que este hombre no sabe lo que está diciendo. Es una verdad débil. Decir que cada hombre y cada mujer tiene un espacio de virginidad, que en cada corazón humano hay un espacio de virginidad, que significa relación derecha, inmediata, sin mediaciones con Dios: criatura – Creador. Inmediata porque significa este vínculo ligado a la Creación, Dios, el Creador, que ha creado a la criatura y la hecho semejante a sí, con esta sed de afecto que sólo Él puede llenar.

Si esta es una verdad sociológicamente débil, ¿cómo se pueden transmitir las verdades sociológicamente débiles, o culturalmente (en la cultura del tiempo débil, en el sentido que la cultura va en toda otra dirección)? ¿Cómo pueden ser testimoniadas estas verdades? Solamente a través del testimonio evidente, no es un libro, tiene que ser una persona de hoy que lo dice con su testimonio, alegre, feliz. Pero claro que si es una verdad débil, el testimonio tendrá que ser fuerte, desde el punto de vista de la persona que dice que cree en esta verdad y la comunica como una certeza para todos. Esta es la novedad: para todos. Tenemos que testimoniar para todos, con un testimonio fuerte. ¿Qué significa fuerte? Significa claro, inequívoco, sin macha, sin duda, sin “incerteza”, sin conducta no auténtica, no pura, no confundida, una persona con un montón de ídolos en su corazón. El testimonio debe ser fuerte, claro, inequívoco, solar, límpido, lleno de luz, sobre todo, no solamente desde el punto de vista de la conducta exterior, sino desde el punto de vista de la condición de la persona que es alegre, que es feliz y que dice que vivir así es bello, no es solamente un mandato divino o un mandato eclesial o una conducta de categoría del grupo de los presbíteros, una ley impuesta por la Iglesia, es algo en que yo encuentro la posibilidad de vivir plenamente mi capacidad afectiva y eso es verdad, y lo siento no solamente como parte de mi identidad, es algo que me da alegría, que me da la posibilidad de vivir plenamente mi capacidad humana de amar, de ser amado. Y esto pasa cuando hay este encruzamiento. El célibe es una persona que ama a Dios, el objeto divino, con un corazón totalmente humano. Este es el instrumento que tenemos: el corazón. Y no tenemos necesidad de hacer un cambio de corazón. Amamos a Dios, el objeto divino, trascendente, con un corazón humano. Pero no es suficiente. Quizás alguna vez la espiritualidad se contentara de decir esto para definir la virginidad. Es también amar el objeto humano con un corazón divino, amar el objeto divino con un corazón humano y amar el objeto humano (cada hombre, cada mujer) con un corazón divino, con un corazón que aprende lentamente a amar a la manera de Dios, que ama a todos y preferentemente a los oprimidos, a los pobres, a los que sufren, a los que están solos, a los que están en particular situación de necesidad, es el estilo, la libertad del amor divino. Este es el amor virginial, que es un amor que está propuesto a todos, este es el amor cristiano. Por eso hemos dicho que hay una virginidad universal, también en la pareja. El auténtico esposo, marido, es la persona que respeta este espacio de virginidad en en la otra, en su esposa, en su esposo, sin pretender de llenar plenamente su sede de afección. Cuando hay esta pretensión, allí se ponen las premisas de una crisis matrimonial. Cuando hay la presunción, la pretensión de responder plenamente. “Yo soy el que te dará la plena satisfacción de tu exigencia de amor”. Ninguna criatura puede pensar, soñar y hacer esto. Por esto la virginidad es como todos los carismas cristianos, algo que la persona vive y está llamada a vivir para la edificación de la comunidad. No existe carisma cristiano autorreferencial, no puede existir carisma cristiano, don que viene de lo Alto, simplemente por mí, para mis economías espirituales, presentes y escatológicas, sería egoísmo. Este es el secreto para vivir bien el celibato. No es un deber sacerdotal, presbiteral, de la Iglesia Romana, como impuesto por la Curia madastra. NO, es para todos, este es el secreto para vivirlo bien, vivirlo bien significa respetar la virginidad. Tú lo vives bien solamente si lo vives como un bien para todos, si lo vives como un bien solamente para ti será un peso, y solamente un peso, improbable. Si lo vives para el bien de los otros, es más posible vivirlo, con su carga, claro, con su renuncia, pero tú estás lo respetando en su objetivo y poniendo juntos este encruzamiento: amar el objeto divino con un corazón totalmente humano y amar el objeto humano con el corazón divino, con la manera de amar de Dios que ama a todos y prefiere a particularmente a algunas personas. Este es un don que va testimoniado y la persona vive bien su virginidad cuando la vive así, con esta integración. La vive y logra testimoniarlo a todos. El secreto para vivir bien el carisma como don que viene de lo Alto es exactamente respetar el carisma en su destinación universal. La virginidad es un bien para todos y el virgen tiene el deber de traducir este don extraño, esta verdad débil como bienaventuranza para todos.

Por esto en algunas partes del griego hay escrito: “Nada es tan impuro como el silencio de la Iglesia sobre la virginidad, el silencio impuro.” Que significaría la incapacidad de testimoniar la virginidad como un bien para todos.

La virginidad no es un valor vocacional, que significa, un ideal que tiene la capacidad de suscitar atracción. En casi todos los planos vocacionales italianos no era posible encontrar una mención de la virginidad. No es considerado un valor vocacional, no atrae, es consecuencia de una estúpida y deductiva de la virginidad como en muchos casos seguimos dando. Vivir en la virginidad significa proponerla como un valor, como una verdad, no es algo facultativo, eventual, solamente los místicos pueden entender. No, esta es la verdad del corazón humano, así ha sido pensado el hombre, esto es parte de la verdad de la Creación, exactamente la primera lectura de hoy, esta es la semejanza, el origen divino, la destinación divina del hombre. Entonces siendo esta una verdad débil es por esto que tenemos la necesidad de alguna personas que liguen este tipo de carisma para testimoniarlo y el problema es decirlo, encontrar las palabras, la actitud, la sensibilidad adecuada para transmitir esto como un un bien, como un valor, mientras en el mundo de hoy cuando los otros consideran nuestra virginidad (los que creen en nuestra virginidad, que no son muchísimos), la ven como algo que… “pobrecitos”, como algo deprimente y no ciertamente causa de alegría, de felicidad.

Si esta es una verdad débil sociológicamente, antropológicamente, en la cultura de hoy, claro que tu conducta debería ser auténtica, transparente. Y claro que eventos como estos, los escándalos sexuales… la consecuencia más negativa de los escándalos sexuales no es la estima del cura ni la estima del sistema iglesia, es que este valor no viene proclamado, esta verdad no viene proclamada. El escándalo es la negación de la felicidad virginal, el escándalo es la negación de esta verdad, es la negación dramática, total. Es exactamente lo contrario de lo que estamos diciendo.

Yo veo que en la formación inicial hablar de esto y dar al joven este tipo de provocación: “tú tienes la responsabilidad de comunicar este tipo de verdad”. Entonces tu moral, tu conducta, tu manera de interpretar, el modo de vivir la virginidad tiene este criterio fundamental. No una norma moral simplemente, se puede hacer esto, se puede llegar hasta “este” punto, hasta este centímetro, no, el criterio es otro, tú tienes la responsabilidad de hacer ver que ser consagrado a Dios en la virginidad es una cosa inmensamente bella. Y no existe un joven tan moderno como un joven que ha elegido la virginidad y la vive bien, y la vive con alegría, y la vive dando un testimonio auténtico, y la vive sin confusiones, sin compensaciones, sin concesiones. Esto es el pueblo que habita aquí (en el extremo), este grupo que es una minoría, porque probablemente no es esta la manera de presentar la virginidad en las instituciones formativas, en nuestra formación permanente, me parece.

Esto dice que la gran mayoría se ha colocado aquí: en el centro. Sería la masa de los llamados “observantes“. Claro, es una cosa positiva, el celibato no es algo que simplemente debería ser observado. Observar significa uniformar la conducta a un cierto criterio pero no necesariamente compasión. También un soldado, un militar conforma su conducta a un criterio disciplinario, muy severo. Dios no quiere soldados obedientes, sino hijos felices. La observancia no es suficiente. También los fariseos eran observantes. Esta masa intenta de hacer el celibato algo fundamentalmente para observar, en lugar de algo que vivir y terminan viviéndolo como algo con poco entusiasmo. Y un discreto número de compensaciones, lícitas eh, no inmorales, por lo general sin transgresiones escandalosas abiertas, entonces, personas que viven con mucha tranquilidad, el suyo es un celibato sin pasión: Hacia afuera correcto y públicamente presentable, pero en realidad bastante frío, técnico, incoloro, poco amante, a sumo continente. Pero también estas personas son bastante tranquilas y serenas, no conocen las grandes crisis probablemente, con la conciencia poco sensible a ciertos valores, típica de quien se contenta y se conforma a no pecar, o se mueve con criterios muy subjetivos, lo que resulta en la pérdida de todo rastro de locura del amor a Dios y su reino, son tranquilos y relajados, pero no podemos decir que son felices, a pesar de sus compensaciones, no han aprendido a gozar de su elección.

Con una palabra mucho más clara, podríamos decir que esta es la masa de la mediocridad. El auténtico virus de la Iglesia hoy, de los presbíteros hoy, de tanta vida cristiana. Claramente será un celibato fuera de la lógica de la formación permamente, un celibato que por lo tanto no crece, que no permite llegar al enamoramiento, como pasión, de amor, por Dios y los hermanos. Y esto es un fenómeno más extendido de lo que se piensa, o que parece a primera vista, en silencio y pacíficamente aceptado, en la Iglesia, sin mayores trastornos de conciencia, quizás también aceptado por el sistema, si no llega a cometer escándalos. Creo no ser pesimista. Es sólo cuando hay una explosión del escándalo que se provoca la emergencia y se corre a esconderse. La mediocridad no es noticia, no es noticia, no pone el video como la noticia del cura pedófilo. Podríamos decir que vivir célibe es el riesgo a ser mediocre, no en el sentido de la baja calidad de vida y del testimonio, sino también en el sentido de que parece representar la media, el punto donde se concentra la mayoría, o al menos una buena parte de las vivencias célibes. Y es interesante pensar que es en esta área donde nacen las lecturas defensivas de ayer. (Ver Parte 2) y estas lecturas tienen el objetivo de cancelar cada idea de responsabilidad. Por un lado, tienen a reducir, a cubrir, a justificar, a tolerar los episodios escandalosos, de alguna manera tratando de justificarse a sí mismos y a su mediocridad. Por otro lado, condenan los escándalos también con una cierta pesadez rigurosa y falta de flexibilidad (tolerancia cero) para tranquilizarse a sí mismos acerca de su observancia, aparentemente correcta pero en realidad solo oficial y llena de compensaciones. ¡Como es actual el Evangelio de hoy, los fariseos! En cualquier caso, sin embargo, el objetivo fundamental está garantizado, el de tomar distancia, liberándose de cualquier responsabilidad personal.

Si así están las cosas y esta es una manera de ver el problema fecunda, productiva, propositiva porque nos anima, nos provoca a preguntarnos, ¿dónde estoy yo? El problema de este grupo (señalando a los observantes, mediocres) es que no se da cuenta, está contento, está feliz porque no está cometiendo ningún escándalo, no crea problemas con la autoridad, ha perdido la capacidad de ser vigilante, no ha entendido lo que significa ser virgen, están perdiendo la capacidad de apreciar los valores espirituales, que es sensibilidad, mística espiritual.

Por eso podríamos decir una cosa que probablemente resulta exagerada, pero yo creo que es así: El escándalo de pocos es el resultado, el efecto, de la mediocridad de muchos. Esto se puede confirmar desde una perspectiva sociológica, normalmente es así en la sociedad. El escándalo de pocos es consecuencia, es efecto de la mediocridad de muchos. Por ejemplo, el escándalo algunos corruptos, normalmente es consecuencia de la mediocridad en la observancia de la ley de muchos. Algunos han hecho auténticos escándalos de corrupción en la vida política, económica, financiera, en varios ámbitos. Pero normalmente cuando hay en una sociedad, hay estos eventos escandalosos, esto significa que toda la mediocridad en una medida menor, sin hacer este tipo de transgresión, está viviendo una lógica de corrupción, una lógica en la cual la corrupción no es esta gran transgresión. Entonces si puedes subir en el autobús sin pagar el billete, se puede hacer, ¿no? Es ser astuto. El escándalo de pocos es resultado de la mediocridad de muchos. Y aquí volvemos al punto central.

Ante dijimos que si un sistema no se pone en condición de leer sus propios males, admitiendo la responsabilidad personal, es un sistema que funciona bien, un sistema que reconoce la raíz. Hoy estamos corriendo el riesgo de central la atención institucional y de todos sobre este grupo (los escandalosos), ¿qué hacemos con estos? Y toda la tensión está concentrada sobre estos: con mucha paz y felicidad de los mediocres, que de esta manera toma distancia del grupo de los escandalosos y eso no es un bien, concentrar totalmente la raíz que está aquí, la atención debería ser concentrada, si quiero enfrentar la situación de una manera inteligente, global, de percepción de las raíces (si quiero resolver el problema, debo cortar las raíces no sobre los frutos), la atención debería ser concentrada sobre la mediocridad, y lo que significa, para garantizar un camino formativo, desde la formación inicial, que provoque en la persona ser vigilante, porque el amor debe ser protegido, custodiado, debe ser objeto de atención la persona que se da cuenta que la virginidad tiene valor, tiene este tipo de objetivo: comunicar la verdad del corazón humano. Y esto significa que yo tengo que tener una conducta muy coherente, lineal, en sintonía, en todo; no en el sentido de la observancia perfeccionista, el perfeccionismo no nace del amor, es una ilusión obsesivo compulsiva, la vigilancia nace del amor, del hecho de sentir el amor sobre sí, la pasión de comunicar este amor a todos y todas. Estos escándalos, ¿por qué son obra de Dios? Porque nos atraen probablemente a concentra nuestra atención aquí (señalando a la mediocridad), y solamente si hacemos esto, estos escándalos son la obra de Dios, una gracia, una gran oportunidad, algo que en este momento somos llamados a considerar con muchísima atención para ver cada uno de nosotros dónde está mi mediocridad, ¿qué puedo hacer? ¿qué me está diciendo? Por esto hemos empezado ayer con la pregunta del “vir ob-audiens”: ¿qué me estás diciendo, mi Dios, a través de estos eventos? ¿cuál es tu Palabra, en este momento, que tú me estás diciendo, a mi vida, a mi persona, a mi manera de vivir mi virginidad? ¿Dónde Tú estás esperando que yo ponga atención para mi conversión, para cambiar mi vida? El sistema funciona bien si tiene la capacidad de ver, de identificar, dónde está el mal, dónde está su mal, aceptando la vergüenza, aceptando la humillación. No hay manera mejor de conseguir la virtud de la humildad que de la humillación. Entonces aceptemos esta vergüenza sin poner toda la atención, toda la energía para cubrir, como se hacía en el pasado, una atención totalmente pagana, totalmente pagana. El objetivo es la protección de la estima de la categoría. Esto no es evangélico. Sobre todo si significa la desatención de los que están sufriendo por las faltas de la categoría, por las transgresiones de algunos. Entonces aceptemos la vergüenza, aceptemos llorar, ¿hemos llorado suficientemente por estos escándalos? ¿hemos elaborado el duelo?

Si un sistema no se pone en una posición de leer sus propios males, admitiendo la responsabilidad personal por parte de todos sus miembros, aquel sistema no funciona bien y eso es lo que sucede en este caso en dos sentidos o por obra de dos sujetos. En primer lugar, es esta masa de célibes mediocres que se niega a leer correctamente el tema de los escándalos sexuales, en otras palabras que no se siente mínimamente responsable, ignorando lo que debería ser una conclusión ineludible de toda esta fea historia: su dato mayormente explicativo e inquietante: el escándalo de pocos es resultado de la mediocridad de muchos. Es así en general cuando se presentan los escándalos de variotipo en una sociedad, pero sin duda los que pertenecen a esta gloriosa hermandad de los observantes continentes nunca podrán estar de acuerdo con esta lectura o la encontrarán excesiva. De hecho, entender y aceptar este principio sería como dar un radical y nuevo sentido a toda esta terrible historia, un sentido positivo, por supuesto, porque obligaría a todos a asumir la responsabilidad de este mal para percibir en ella una especie de llamada a la conversión personal y universal,  una conversión que afecta a todos porque todos, directa o indirectamente, son responsables.

Además hay que decir otra cosa, que normalmente esto funciona solamente en esta vertiente, desde esta posición de la mediocridad es el plano inclinado (desde la media de la “curva de gauss” hacia la izquierda, extremo del escándalo) y la misma cosa no funciona del otro extremo, por eso la persona debe ser vigilante. La mediocridad es la premisa para entrar en esta situación de escándalo.

Mientras continuamos con esas insensatas lecturas defensivas e infantiles de los escándalos sexuales nada cambia y nada cambiará en el sistema iglesia, con respecto a la vida afectiva sexual y relacional del  presbítero. O nos eludimos de cambiar solo porque ha cambiado la política de la iglesia (como justamente ha cambiado, pero no es suficiente), o el modo de manejar estos casos por parte de la autoridad, o porque algún líder significativo sea disculpado en nombre de todos (otra cosa necesaria y correcta). Pero el sistema iglesia no está hecho sólo de instituciones oficiales o de roles de gobierno, aunque es justo reconocer el gran impulso innovador dado especialmente por el Papa Benedicto a la cuestión. Y no será suficiente incluso que disminuyan los casos, esto va a ser bueno y todos lo esperamos principalmente porque habrá menos personas inocentes que sufran y esto es un bien inequívoco, pero va a ser suficiente para decir que hubo una purificación y crecimiento de todos, en la vida real de los individuos y en las comunidades sacerdotales. Los casos pueden disminuir porque hay más controles, porque el discernimiento inicial es más cauteloso, porque las víctimas potenciales se hicieron más prudentes y menos sumisas, por temor de ser descubiertas y recibir penas graves y no necesariamente porque haya una verdadera toma de conciencia y crecimiento de los individuos y de la comunidad. Pero entonces, en el sistema iglesia, o cambian todos o no cambia nadie y nada. 

P. Amadeo Cencini ¿Ha cambiado algo en la Iglesia después de los escándalos?

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