Sagradas Escrituras

Oseas 11, 1-7

Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuánto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí. A los baales sacrificaban, y a los ídolos quemaban incienso. Con todo, yo enseñaba a andar a Efraín, tomándolo por los brazos; más ellos no comprendieron que yo los cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; fui para ellos como los que alzan el yugo sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida. No volverá a tierra de Egipto, sino que el sirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir. La espada caerá sobre sus ciudades y consumirá sus aldeas; las consumirá a causa de sus propios consejos. Mi pueblo está aferrado a la rebelión contra mi; aunque me llama el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer.

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