Que el nombre del Señor sea bendecido

Un año termina, otro comienza. Que el nombre del Señor sea bendecido.
En esta noche, en esta mortalidad de la vida humana, tienen los hombres luz y tinieblas: luz por la prosperidad, tinieblas por la adversidad. Pero tan pronto como hubiere venido el Señor Jesucristo, y hubiere habitado por la fe en el alma, y hubiere prometido otra luz, y hubiere inspirado y dado la paciencia, y hubiere aconsejado al hombre a no deleitarse en las cosas prósperas para que no sucumba en las adversas, comienza el hombre fiel a usar con indiferencia de este mundo, y no se engríe cuando le sobrevienen cosas prósperas ni se abate cuando se le presentan las adversas, sino que bendice a Dios en todo tiempo; no sólo cuando está sano, sino también cuando enferma, de suerte que se da en él este cántico: «Bendeciré a Dios en todo tiempo; su alabanza siempre está en mi boca». Luego si «siempre», entonces está cuando brilla esta noche y cuando es oscura; cuando sonríe la prosperidad y cuando se presenta la tristeza de la adversidad. Esté siempre su alabanza en tu boca, y se cumplirá en ti lo que ahora se dijo: «Como son sus tinieblas, así también es su luz». No me oprimen sus tinieblas porque no me engríe su luz.
San Agustín, Sobre el salmo 138, 16
Foto: Abadía de Solesmes

Deja un comentario