Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba

Después de su resurrección, el Señor Jesús se encontró en el camino con dos de sus discípulos que hablaban entre ellos de lo que había sucedido, y les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras camináis, que tanto os entristece?».
 
Este pasaje del Evangelio nos da una gran lección, si sabemos comprenderlo. Jesús aparece, se muestra a los ojos de los discípulos, y no es reconocido. El Maestro los acompaña por el camino, pero Él mismo es el camino (Jn 14,6). Mas ellos aún no están sobre el camino verdadero; cuando Jesús les encuentra, ellos han perdido el camino. Estando Él todavía con ellos, antes de su Pasión, Él había predicho: sus sufrimientos, su muerte, su resurrección al tercer día. Él les había anunciado todo; pero su muerte les hizo perder la memoria… «Nosotros esperábamos, dijeron ellos, que Él liberara a Israel». Discípulos, ¿cómo es que «esperabais» y ahora ya no esperáis más? Sin embargo, Cristo vive, ¿vuestra esperanza está muerta? Sí, Cristo vive. Pero el Cristo que vive encontró muertos los corazones de sus discípulos. Él se apareció ante sus ojos y ellos no le percibieron; Él se mostró ante ellos, y siguió estando escondido… Él anduvo por el camino con ellos aparentando seguirles, pero era Él quién les conducía. Ellos le vieron pero no le reconocieron, «porque sus ojos», dice el texto, «tenían impedido reconocerlo»… La ausencia del Señor no es una ausencia. Solo necesitas creer y Aquel al que no ves, estará contigo.
 
San Agustín, Sermón 235: Él caminaba con ellos, n. 1-3 : PL 38, 118-119.
 
Fotografía: Viernes Santo, Via Crucis del Monasterio del Cristo Orante.

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