No hay que dejar que la bondad degenere en debilidad

No hay que dejar que la bondad degenere en debilidad. Cuando se ha reprendido a alguien justamente, hay que mantenerse firmes, sin dejarse ablandar hasta el punto de acongojarse por haber causado dolor, por ver sufrir y llorar. Correr tras la afligida para consolarla es hacerle más daño que provecho. Dejarla a solas consigo misma es obligarla a recurrir a Dios para reconocer sus faltas y humillarse. De otra manera, se acostumbraría a recibir consuelo después de una reprimenda merecida y, en las mismas circunstancias, actuaría siempre como una niña mimada que grita y patalea hasta que su madre viene a secarle las lágrimas.

Santa Teresa del Niño Jesús, CA 18.4.4.

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