San Luis María Grignion de Montfort

San Luis María Grignion de Montfort – 28 de Abril

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A LOS AMIGOS DE LA CRUZ

LOS DOS BANDOS: EL DE JESUCRISTO Y EL DEL PECADO

7. Ahí tienen, queridos Amigos, los dos bandos¹ , con que a diario nos encontramos: el de Jesucristo y el del pecado. A la derecha (Mt 6,24), el de nuestro amable Salvador. Avanza por un camino más estrecho y reducido que nunca, a causa de la corrupción del mundo. El divino Maestro encabeza el desfile. Avanza con los pies descalzos, la cabeza coronada de espinas, el cuerpo ensangrentado. Lleva a cuestas una pesada cruz. Sólo le sigue un puñado de personas; eso sí, las más valientes. Porque la voz de Jesús es tan suave que no se la puede escuchar en medio del tumulto del mundo o porque hace falta el valor necesario para seguirlo en la pobreza, los dolores, las humillaciones y demás cruces que es preciso llevar para servir al Señor todos los días.

8. A la izquierda, el bando del pecado o del demonio (Mt 25,33). Bando mucho más numeroso, espléndido y vistoso, al menos en apariencia. Lo más selecto del mundo corre hacia él. Las gentes se apretujan, aunque los caminos son anchos y más espaciosos que nunca, porque las multitudes transitan por ellos como torrentes. Sus senderos están tapizados de flores, bordeados de diversiones y placeres, cubiertos de oro y plata (Mt 7,13-14).

9. A la derecha, el pequeño rebaño (Lc 12,32) que sigue a Jesucristo: habla sólo de lágrimas, penitencia, oración y desprecio a lo mundano. Se oyen allí continuamente palabras como éstas entrecortadas por sollozos: “Suframos, gimamos, ayunemos, oremos, ocultémonos, vivamos como pobres, mortifiquémonos” (Jn 16,20). Pues, quien no posee el espíritu de Jesucristo –que es espíritu de Cruz– no puede pertenecerle a Él (Rom 8,9). Los que pertenecen a Jesucristo tienen crucificada su carne con sus pasiones y deseos (Gál 5,24). O somos imagen viviente de Jesucristo o nos perdemos.

“¡Ánimo! –gritan– ¡Ánimo!” Si Dios está por nosotros, en nosotros y avanza delante de nosotros, ¿quién puede estar en contra nuestra? (Ver Rom 8,31). Quien pertenece a los nuestros es más poderoso que quien sigue lo mundano. Un criado no es más que su señor (Jn 13,16; 15,20). Una momentánea y ligera tribulación produce un peso eterno de gloria² (ver 2Cor 4,17). El número de los elegidos es menor de lo que pensamos (Mt 20,26; Lc 13,23.24). Solamente los valientes y esforzados arrebatan el cielo (Mt 11,12). Un atleta no recibe el premio, si no compite conforme al reglamento (2Tim 2,5). ¡Luchemos, pues, con valentía! ¡Corramos a toda prisa para alcanzar la meta y ganar la corona! (1Cor 5,24-25).

Estas son algunas de las ardorosas palabras con que se animan unos a otros los Amigos de la Cruz.

10. En cambio, los amigos de lo mundano, gritan sin descanso para animarse a perseverar en su malicia sin escrúpulos: “¡Buena paz, paz, paz! (Jr 6,14; 8,11). ¡Alegría, alegría! (Is 22,12; Mt 24,27-39). ¡Cantemos, bailemos, divirtámonos! Dios es bondadoso y no nos creó para la condenación ni prohibe divertirnos. No nos vamos a condenar por esto. ¡Fuera escrúpulos! ¡No morirán!, etc.” (Gén 3,4).

11. Recuerden, queridos asociados, que el buen Jesús les está mirando, y le dice a cada uno en particular: «Miren: casi todos me abandonan en el camino real de la Cruz. Los idólatras, enceguecidos, se burlan de mi Cruz como de una locura; los judíos, en su obstinación, se escandalizan de ella (ver 1Cor 1,23), como de objeto que causa horror; los herejes la destrozan y derriban como cosa despreciable. Más aún –y esto lo digo con lágrimas en los ojos y el corazón traspasado de dolor– mis propios hijos, criados a mis pechos y formados en mi escuela, mis propios miembros vivificados por mi Espíritu, me han abandonado y despreciado, convirtiéndose en enemigos de mi Cruz (ver Is 1,2; Flp 3,18). ¿Acaso ustedes también quieren dejarme (Jn 6,67), huyendo de mi Cruz, como los mundanos que en esto son otros tantos anticristos? (1Jn 2,18). ¿Quieren también ustedes conformarse a la corriente del mundo en que vivimos (Ver Rom 12,2) y menospreciar la pobreza de mi Cruz, para correr en pos de las riquezas? ¿Quieren esquivar los dolores de mi Cruz para correr detrás de los placeres? ¿Odian las humillaciones de la Cruz para irse detrás de los honores? Aparentemente tengo muchos amigos que declaran amarme, pero que en el fondo me aborrecen, porque no aman mi Cruz. Tengo muchos amigos de mi mesa, pero muy pocos de mi Cruz»³.

12. Ante llamada tan cariñosa de Jesucristo, superémonos a nosotros mismos. No nos dejemos arrastrar por nuestros sentidos, como Eva (Ver Gén 3,6). Miremos sólo a Jesús crucificado, autor y consumador de nuestra fe (Ver Heb 12,2). Huyamos de la corrupción de las concupiscencias del mundo depravado (2Pe 1,4). Amemos a Jesucristo como Él se lo merece, es decir, llevando en su seguimiento toda clase de cruces. Meditemos detenidamente estas admirables palabras de nuestro amable Maestro, pues encierran toda la perfección de la vida cristiana: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga (Mt 16,24; Lc 9,23).

¹ Ver Mt 6,24; Lc 16,13. EL P. DE MONTFORT escribió su carta el último día de su retiro (AC 1). La mención de los dos bandos podría venir de los Ejercicios de SAN IGNACIO.

²  Ver AC 39.58.
³ Imitación de Cristo, I, c 11, n 1

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1 comment on “San Luis María Grignion de Montfort – 28 de Abril

  1. Reblogueó esto en Laus Deo.

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