El que no ama a sus enemigos, no puede conocer al Señor

El que no ama a sus enemigos, no puede conocer al Señor ni la dulzura del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo enseña a amar tanto a los enemigos que se tendrá compasión de ellos como de los propios hijos.

Hay hombres que desean la condenación y los tormentos del fuego del infierno para sus enemigos o para los enemigos de la Iglesia. Piensan así porque no han aprendido del Espíritu Santo a amar a Dios. El que lo ha aprendido, derrama lágrimas por el mundo entero.

Tú dices: «Es un criminal, ¡que vaya a arder en el fuego del infierno!».

Pero yo te pregunto: «Si Dios te diera un buen lugar en el Paraíso y desde allí vieras en el fuego a quien deseaste esos tormentos, ¿no tendrías piedad de él, fuese quien fuese, aunque fuera un enemigo de la Iglesia?».

¿O tendrías un corazón de hierro? Pero en el Paraíso no hay necesidad de hierro. Allí hay necesidad de humildad y de amor de Cristo, que tiene compasión de todos.

El que no ama a sus enemigos no posee la gracia de Dios. Señor, enséñanos por tu Espíritu Santo a amar a nuestros enemigos y a orar por ellos con lágrimas.

Señor, difunde el Espíritu Santo sobre la tierra, a fin de que todos los pueblos te conozcan y aprendan tu amor.

Señor, del mismo modo que Tú has orado por los enemigos, enséñanos a nosotros, por el Espíritu Santo, a amar también a nuestros enemigos.

Archimandrita Sophrony, Escritos de San Silouan el Athónita, Cap. 1.

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