Diario de Santa María Faustina Kowalska, Nº 149

Cuando el Señor Mismo quiere estar al lado de un alma y guiarla, aleja todo lo que es exterior. Cuando me enfermé y fui trasladada a la enfermería, tuve muchos disgustos por este motivo. Éramos dos las internadas en la enfermería. A Sor N. venían a visitarla otras hermanas, a mí nadie me visitó. Es verdad que la enfermería es una sola, pero cada una tiene su propia celda. Las noches de invierno eran largas, la Hermana N. tenía la luz, los auriculares de la radio y yo ni siquiera pude preparar las meditaciones por falta de luz.

Así pasaron casi dos semanas, una noche me quejaba al Señor de tener muchos tormentos, de no poder ni siquiera preparar las meditaciones por no tener luz y me dijo el Señor que vendría todas las noches y me dictaría los temas para la meditación del día siguiente. Los temas se referían siempre a su dolorosa Pasión. Me decía: Contempla Mi tormento delante de Pilato. Y así, punto por punto, durante toda la semana contemplé su dolorosa Pasión. Desde aquel momento una gran alegría entró en mi alma y ya no deseaba ni visitas, ni luz. Me bastaba Jesús por cada cosa. Las Superioras, cuidaban muchísimo a las enfermas, sin embargo, el Señor dispuso las cosas de tal manera que me sentí abandonada. Pero este mejor Maestro, para poder obrar directamente en el alma, apartará todo lo que es creado. Más de una vez sufrí tantas y tan distintas persecuciones y tormentos, que la misma Madre M. me dijo: En su camino, hermana, los sufrimientos brotan directamente de debajo de la tierra. Me dijo: Yo la miro, hermana, como si estuviera crucificada, pero he observado que Jesús de algún modo entra en esto. Sea fiel al Señor, hermana.

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