Diario de Santa María Faustina Kowalska, Nº 173

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+Renovación de los votos. Desde la primera hora, cuando me desperté, en seguida mi alma se sumergió entera en Dios, en este océano de amor. Sentía que estaba toda sumergida entera en Él. Durante la Santa Misa mi amor hacia Él alcanzó una gran intensidad. Después de renovar los votos y de la Santa Comunión, de repente vi al Señor Jesús que me dijo con benevolencia: Hija Mía, mira Mi Corazón misericordioso. Cuando me fijé en este Corazón Santísimo, salieron los mismos rayos que están en la imagen, como Sangre y Agua, y entendí lo grande que es la misericordia del Señor. Y Jesús volvió a decir muy amablemente: Hija Mía, habla a los sacerdotes de esta inconcebible misericordia Mía. Me queman las llamas de la misericordia, las quiero derramar sobre las almas, [y] las almas no quieren creer en Mi bondad. De repente Jesús desapareció. Sin embargo, todo el día mi espíritu estuvo sumergido en la sensible presencia de Dios, a pesar del ruido y de la conversación que suele haber después de los ejercicios espirituales. A mí eso no me molestó nada. Mi espíritu estaba en Dios, a pesar de que exteriormente yo tomaba parte en las conversaciones y hasta fui con una visita a Derdy.

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