Diario de Santa María Faustina Kowalska, Nº226

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Las reglas que desobedezco con más frecuencia: a veces interrumpo el silencio, no obedezco el llamado de la campanilla, a veces me meto en los deberes de los demás; haré los máximos esfuerzos para corregirme.

Evitar a las hermanas que murmuran y si no es posible evitarlas, por lo menos callar en presencia de ellas, dando a entender lo penoso que es para nosotras escuchar cosas similares.

No hacer caso a las consideraciones humanas, sino que tener en cuenta mi propia conciencia, el testimonio que me da. Tener a Dios como testigo de todas las obras. Comportarme ahora y resolver cada asunto mío de tal modo como quisiera solucionarlo y comportarme en el momento de la muerte. Por eso en cada asunto siempre tener presente a Dios.

Evitar los supuestos permisos. Relatar a las Superioras aun las cosas pequeñas, si es posible detalladamente. Fidelidad en las practicas de piedad; no pedir con facilidad excepciones de las prácticas de piedad; callar, excepto durante el recreo; evitar bromas y palabras chistosas que hacen reír a los demás y rompen el silencio; valorar enormemente las más pequeñas prescripciones; no dejarse llevar por el frenesí del trabajo; interrumpir un momento para mirar hacia el cielo; hablar poco con la gente, pero mucho con Dios; evitar la familiaridad; fijarse poco en quien está conmigo y quien está en contra; no compartir con otros lo que he tenido que soportar; evitar de comunicarse en voz alta durante el trabajo; en los sufrimientos conservar la serenidad y el equilibrio; en los momentos difíciles recurrir a las llagas de Jesús, en las llegas de Jesús buscar consuelo, alivio, luz y fuerza.

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