Santa María Faustina Kowalska

Plegaria reparadora

Jesús me enseñó cuánto le agrada la plegaria reparadora; me dijo: La plegaria de un alma humilde y amante aplaca la ira de Mi Padre y atrae un mar de bendiciones. Después de la adoración, a medio camino hacia mi celda, fui cercada por una gran jauría de perros negros, enormes, que saltaban y aullaban con una intención de desgarrarme en pedazos. Me di cuenta de que no eran perros sino demonios. Uno de ellos dijo con rabia: «Como esta noche nos has llevado muchas almas, nosotros te desgarraremos en pedazos». Contesté: «Si tal es la voluntad de Dios misericordiosísimo, desgárrenme en pedazos, porque me lo he merecido justamente, siendo la más miserable entre los pecadores y Dios es siempre Santo, Justo e infinitamente Misericordioso». A estas palabras, los demonios todos juntos contestaron: «Huyamos porque no está sola, sino que el Todopoderoso está con ella». Y desaparecieron del camino como polvo, como rumor, mientras yo tranquila, terminando el Te Deum, iba a la celda contemplando la infinita e insondable Misericordia Divina.

Diario de Santa María Faustina Kowalska, Nº320

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